Cultura

3 abril, 2014

Huele a espíritu independiente

La primera edición argentina del Lollapalooza convocó cerca de 50 mil personas en el Hipódromo de San Isidro. Con una grilla de artistas nacionales e internacionales variada, una crónica del Día 1 incluyó a Jake Bugg, Lorde y el cierre de la banda Arcade Fire.

La primera edición argentina del Lollapalooza convocó cerca de 50 mil personas en el Hipódromo de San Isidro. Con una grilla de artistas nacionales e internacionales variada, una crónica del Día 1 incluyó a Jake Bugg, Lorde y el cierre de la banda Arcade Fire.

 

Mucho se venía diciendo sobre el inminente debut del Festival Lollapalooza, que con la edición de Buenos Aires sumaba su tercera sede latinoamericana, además de Santiago de Chile y San Pablo. Dudas sobre los accesos, miedos respecto de la calidad del sonido y la distribución de los escenarios, temores sobre posibles cruces de bandas en la grilla y un sinfin de críticas en su mayoría basadas en comparaciones con Chile, país que va por su cuarta edición y que fue el primero de los elegidos en Latinoamérica por Perry Farrel, ex vocalista de Jane’s Addiction y mentor del festival.

Cerca de las tres de la tarde, mientras Juana Molina terminaba su show en el Main Stage 2, el perímentro del Hipódromo de San Isidro ya estaba colmado de gente y la primera de las dudas comenzaba a disiparse. La entrada “principal” al Lollapalooza, sobre Avenida Márquez, fue rápida y sin problemas mientras que el ingreso por la otra puerta, sobre Avenida Centenario, fue engorrosa ya que el barro, consecuencia de las intensas lluvias del fin de semana, no ayudó en nada.

Con una programación tan extensa (fueron 50 bandas en dos días, distribuidas en 5 escenarios) resultó imposible escuchar a todos pero con un poco de paciencia e ingenio, y gracias a que se respetaban los horarios estipulados, era posible escuchar las principales atracciones sin tener que correr de un lado al otro o ver shows por la mitad.

De todas las bandas programadas, Capital Cities fue la primera en ponerse en clima “festivalero”. El dúo que integran Ryan Merchant y Sebu Simonian, puso a bailar a más de 5 mil personas con canciones pop, a las que la guitarra de Nick Merwin y la trompeta de Spencer Ludwing les terminan de dar el clima necesario. Con sus hits “Center Stage” y “Safe and Sound” como caballito de batalla, los oriundos de Los Angeles desplegaron su carisma sobre el escenario con un show hitero que incluyó versiones de Bee Gees, Weezer y Maddona.

Luego de una hora, y mientras Cage the Elephant tocaba en el Main Stage 2, en el escenario denominado Alternative, Jake Bugg confirmaba que, a sus 19 años, entendió todo. Acompañado apenas por un bajo y una batería, este adolescente británico recoge el guante de los clásicos del folk como Johnny Cash y Bob Dylan. Con un sonido que parece salido del sur de los Estados Unidos más que de Nottingham, en el Reino Unido. La precariedad instrumental de Bugg se ve solventada con el carisma y la técnica. De hecho, lo único que recordó la edad del cantautor fueron los gritos de las adolescentes abajo del escenario entre tema y tema, lo único que se escuchó además de las canciones ya que Bugg no emitió una sola palabra. Con un setlist basado en sus dos discos, “Jake Bugg” de 2012 y “Shangri La” de 2013, sus canciones ganan en sonido cuando pasa a la guitarra eléctrica y recuerda vocalmente a Oasis e incluso a Placebo.

A las 5 de la tarde, cuando empezaba a caer el sol, fue el turno de el ex vocalista de The Strokes, Julian Casablancas que sin dudas dio el show más flojo de la jornada. Con un sonido saturado, y con la banda casi probando sonido en el primer tema, Casablancas consiguió, al tercer tema, que la gente empiece a alejarse y nada hizo por revertir esta situación. Recién podía apreciarse la instrumentación atrás de la segunda columna de redistribución, dispuesta a unos 50 metros del escenario.

Antes del cierre, a cargo de Nine Inch Nails, New Order y Arcade Fire, fue el turno de Imagine Dragons, Phoenix y Lorde. En este punto se hacía difícil ver a todos porque si bien la distribución de los horarios de las primeras bandas estaba calculado, sobre el final de la noche se cruzaron Lorde e Imagine Dragons y NIN con New Order, entonces había que elegir.

Si bien todas las críticas hablan maravillas de Lorde, el show que dieron los Imagine Dragons fue muy superior. Por el lado de la neozelandeza, una suerte de Björk moderna, con bases oscuras que mezclan el hip hop y lo industrial, su manejo escénico es notable para tener solamente 17 años. Por otro lado, los Dragons desplegaron sobre el escenario toda la artillería de su disco debut y completaron con una puesta en escena que incluyó un final a todo tambor, con la banda completa tocando de a 2 baterías, para darle paso a Trent Reznor y a New Order.

En la tercera visita al país, y con tantos cambios de integrantes encima, queda en claro que lo bueno de ver a NIN es que Reznor siempre va a estar ahí. Con solamente una pared de luces blancas, el líder de la banda demostró que todavía sabe hacer muy bien su trabajo y el show que brindó oscila entre pasado y presente de manera armoniosa.

New Order, por su parte, no fue lo que se podía esperar más allá de los hits como Blue Monday que pusieron a todos a bailar y los aclimataron para el final, a cargo de Arcade Fire.

Paradójicamente, la mejor intervención de Julian Casablancas fue durante el principio del show de los canadienses, cuando disfrazado con la careta gigante de Win Butler, sorprendió a los propios músicos quienes inmediatamente lo echaron del escenario, entre risas.

Luego del “Casablancas incident”, Arcade Fire arremetió con un show donde cada movimiento estaba pensado, como si fuera más una obra de teatro que un recital de rock done se nota claramente que los de Montreal son una banda de Estadios. En su debut en Buenos Aires, tocaron temas de su primer disco, Funeral (“Rebellion (Lies)” y el tema del cierre “Wake Up”), del segundo, Neon Bible y del tercero The Suburbs, mientras que su último trabajo, Reflektor, editado el año pasado, fue protagonista con el tema homónimo y “Flashbulb Eyes”, entre otros. El cierre, con show de fuegos artificiales incluído, llegó apenas pasadas las 23.

En resumen, la primera jornada de la primera edición del Lollapalooza fue positiva, con una distribución de sonido y pantallas acorde y armoniosa, buena señalización y distribución de los espacios y un line-up para todos los gustos. Las fallas estrucuturales si se hicieron notar cuando se hizo de nohe y la iluminación no era suficiente para ver que la salida estaba en la zona más afectada por el agua. Ahora habrá que esperar para ver si con el correr de los años se mantiene el nivel, se mejora o, lamentablemente y como estamos acostumbrados, se bajan los estándares de producción. Mientras tanto, será hasta el 2015.

Manuel Soifer – @tampocoestanasi

 

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