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El número perfecto

El número perfecto
abril 21
00:06 2014

Sábado 19 de abril de 2014. Gabriel Ruíz Díaz cumplió treinta y nueve años. En su Facebook oficial, Catupecu Machu anunció sus veinte años como banda. Hay que estar atentos: desde la página hay un enigmático mes de julio dando vueltas y un Twitt de Macabre, el tecladista, que anuncia ¡una película!

 

Ya que estamos y como nos gustan los números redondos, podemos hacer un repaso del disco que la banda de los Ruiz Díaz sacaron hace diez años: El número imperfecto, su disco más conocido o, por lo menos, el que más discos vendió.

Oficialmente, es el último disco que grabó Gabriel. Claro que después apareció un recital en vivo en el que cantaba, pero eso es otra historia. ¿Y quién es Gabriel para darle tanta trascendencia? No sólo era el bajista y uno de los fundadores de Catupecu, también era el productor de los discos, el cerebro que planeaba el sonido de los shows, un inquieto que nunca dejó de crear.

El disco arrancaba con Magia Veneno. Con un riff pegadizo y nada complejo. La letra nos hacía viajar por una oscuridad atrapante. La luz, la sombra, la vida y la muerte, el amor. ¿Se acuerdan de “Vivo fuertes madrugadas que al otro día siento”? Bueno, esa misma canción. Es el tema que mejor resume el espíritu de la banda: el amor, los extremos, el alcohol. Las madrugadas, el exceso. Y sobre todo, para que sea un hit hecho y derecho, un estribillo fácil y pegadizo: “Veo en partes lo que tu ves, quieras o no estás adentro. Veo en partes, no sé si ves, entre lo dicho y lo hecho”.

Otra obsesión de la banda es el baile. Se cuenta que el cantante Fernando Ruíz Díaz es fanático de las raves y que tiene estilo. Preludio al filo en el umbral cuenta la historia de un personaje enigmático que baila “en medio de seres extraños”. El averno se hace presente, la noche, el misterio. Todos se preguntan “¿quién es ángel?” El pánico es recto, la simetría siempre presente en las letras y en los conceptos de la banda. Y entre seres extraños, ángeles y demonios, en medio del baile, el protagonista está “listo para exorcizarte”.
La canción tenía dos bateristas. Javier Herrlein, por un lado y por otro Leo De Cecco, de Attaque 77 como invitado. El nombre raro se debía a que la canción iba a abrir el disco, por eso preludio al filo.

“Ey, muéstrame los dientes. Tu mejor ataque fatal” canta Fernando en el tercer tema. Potente y enigmático. Pegadizo. Si algo no le falta a este disco para ser un éxito, es el groove, las ganas de bailarlo.

Podemos decir, entonces, como primer concepto importante del disco, que tiene una oscuridad que nos hace mover los pies. Como dijo en su momento Chris Martin de Parachutes, el primer disco de Coldplay. O como ese estilo que en los ochenta se denominaba post-punk. Pero claro, veinte años después, con un sonido más actual y sudaka.

La anécdota de color de Muéstrame los dientes es que terminaba un segundo o dos antes del compás. Lo que en su momento muchos de los fanáticos consideraron un error de fábrica. Entonces más de uno fue a la disquería en que habían adquirido el CD. ¿Y con qué se encontraban? Que todos los discos estaban igual; en esa canción, en ese segundo. Era, claro, un chiste interno de la banda en el estudio.

Acaba el fin, el cuarto, era el tema con el que abrían los conciertos de la época. Y no por nada. La adrenalina de que se abriera el telón y de que Herrlein (el baterista de entonces), Gabriel y Macabre estén tocando al palo durante varios minutos era arrollador. Entonces entraba Fernando y luego de su clásico grito gutural, cantaba a su público: “Miro a través de vos, en llamas me ves. Quiero sentir que tu alma trasnspire”.

La canción no era para otro momento más que para empezar un show en llamas, como nos tiene acostumbrados los Catupecu hace viente años.

Y llegó Plan B: anhelo de satisfacción. Un cover. Un cover de Massacre. Un cover elegido por Gabriel. Este tema es uno de los dos más emotivos del disco. Primero por la letra: “Y cuando faltas: me haces falta”. Pero además, en el medio del éxito que habían generado otras canciones, la grabación de los videos y la extensa gira, Gabriel se accidentó.

En marzo del 2006 la banda ya pensaba en el disco siguiente y para eso debían cerrar el ciclo del disco. Plan B era el siguiente video asignado por la banda. Gabriel luchaba por sobrevivir y la banda estaba rearmándose.

Dominga, la madre de los Ruiz Díaz, convenció a Fernando para seguir con la banda y para que toquen en Obras. La fecha ya estaba programada y el cantante pensaba en suspender el show. Pero Dominga le dijo algo así como: con todos los amigos bajistas que tienen ¿no van a tocar?

El show abrió con Arnedo y cerró con Zeta Bossio (quien durante un tiempo fue el bajista oficial de Catupecu hasta que volvió Soda Stereo. Y bueno, ya sabemos cómo sigue la historia).

El video de Plan B: anhelo de satisfacción explica, en detalle, ese momento tan particular de la banda.

En los sueños es una canción de amor. Catupecu sacaba a flote su lado sensible. Una bellísima melodía de bajo, una batería menos rockera y arreglos rozando el pop. Una nueva veta en los de Villa Luro: “Perdí la noción del tiempo, al caer de boca en tu boca”.

El video fue el último que grabó Gabriel. A mi gusto, uno de los tres mejores de la banda, que no se caracterizó nunca por tener buenos videos clips.

Siguiendo la onda #buenosvideosdecatupecu, llega A veces vuelvo. Otra canción de amor. Otra canción que toca los temas recurrentes de la banda: la ansiedad, la noche, el amor desesperado, los juegos de palabras, el hit sin querer serlo. La confusión.

Podemos aventurarnos a la segunda tesis del disco: la banda de Villa Luro llega a su mayor momento de madurez, tanto artística como humana.

El sol no puede verse desde el infierno.

El octavo tema, Sol infierno nos lleva otra vez al reino del mal. Y el amor escondido en las profundidades. El sexo, lo prohibido y mágico: “Así, te quería encontrar así: sin ropas, endiablada. Voy a roer tu cuello y a jugar a que soy la cura a todo tu mal”. Mucho más no podemos decir del tema. El más claro poéticamente, el más concreto: “Imaginarte es lujuria”.

No sé si da dedicárselo a una chica que no sea catupequera. Yo diría que le dediquen alguno de los dos anteriores. Pero pueden aventurarse lo mismo.

Luego seguimos con Oxido en el aire. A la distancia podemos catalogarlo como el más parecido al “estilo” actual de una banda sin estilo. La repetición de la frase. La tecnología al servicio de la canción. La impronta Depeche Mode. La esquizofrenia a lo Joy Division. Una letra post-moderna, similar a las de Mollo o Spinetta (y acá me van a tirar con tomates, pero me hago cargo) en el sentido de la metáfora por sobre la historia.

El décimo tema es el que la da el nombre al disco. Pero no es el que más lo representa. Quizás si al momento personal de Fernando. Se había separado hacía poco y su padre, figura central en el primer Catupecu y en la vida de los Ruiz Díaz, había muerto. “Suelo dormir y a veces despierto. Sueños que cansan por ser tan intensos. Repito mil veces los mismos hechos” decía el estribillo. Lo onírico y el tiempo atraviesan el poema. También se hace presente la soledad y su consiguiente reflexión metafísica: “alguien busca sin temor el número imperfecto” por un lado. Y por el otro: “entrar en la nada pintando un desierto, buscando las palabras que hoy relaten lo que estoy viendo”. Una letra profunda e interesante para una canción plagada de arreglos, una canción poco pop, nada hit.

Cuando Catupecu tocó en Obras presentando este disco, iban a hacer una parte acústica del último tema: Refugio.

Los hermanos Ruíz Díaz, en la trastienda del escenario, se estaban preparando para tocar juntos y solos, frente a un estadio repleto. Gabriel le dijo a su hermano mayor que suba solo. Vaya uno a saber qué se le cruzó en ese momento al pelado. El hecho es que el cantante subió y en medio de la canción le bajó la presión. No sólo por la adrenalina del show y porque nunca comiera antes de los recitales, sino por todo lo que representa el tema.

Refugio fue escrito en homenaje a Rubens Ruíz Díaz. Como dijimos antes, el padre había muerto hacía poco. Y este es el segundo punto más emotivo del disco: “quiero volver atrás, quiero encontrar las fotos del tiempo”. El miedo, la duda, “la furia y la calma”, la muerte.

Y la canción nos hace volver al comienzo del disco, al “morir y seguir viviendo”. En número imperfecto es, sin lugar a dudas, el disco de la madurez y de la muerte. Y ya que estamos en pascuas, el disco de la resurrección.

 

Federico Arriola

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