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“El mundo sindical está diseñado para el pensamiento masculino”

“El mundo sindical está diseñado para el pensamiento masculino”
mayo 01
00:00 2014

En el marco del 1ro de mayo, Notas entrevistó a Dora Martínez, militante de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) y la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. En esta primera parte, las mujeres, el mundo laboral y el sindicalismo.

“¿Y vos a quién defendés? ¿Me vas a afiliar o no me vas a afiliar?”, increpó Dora Martínez a un dirigente sindical en el Hospital Tobal García en el año 1979: era plena dictadura militar. Desde entonces milita en la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y sigue trabajando en el Área de Educación Física del servicio de Rehabilitación de ese hospital. Como delegada participó del proceso de recuperación del sindicato junto a referentes como Germán Abdala en la agrupación ANUSATE. También formó parte de la fundación de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) a comienzos de la década de 1990. Fue en esos primero años de resistencia al neoliberalismo que Dora conoció al feminismo. Y ya nada pudo ser igual en su vida. Esas nuevas categorías y aprendizajes empezaron a, en sus palabras, “deconstruir a la mujer Dora educada para”. Para tener hijos (trabajo reproductivo), y para ser una asalariada pero que acepte la naturalización de que las mujeres tienen otras condiciones diferentes a las de los varones. “Diferentes para descalificarme laboralmente”, agrega.

Con 55 años, espíritu insurrecto y el pelo repleto de canas, sus identidades son múltiples y una sola. Dora es mujer, sindicalista, madre, feminista, estudiante de Antropología, abuela, hija y trabajadora de la salud mental.

El mundo sindical es catalogado como un ámbito machista habitualmente, ¿Cuál es tu experiencia personal y cómo se da el vínculo en este aspecto con tus compañeros y compañeras?

¿Por qué yo no puedo ir a las reuniones exactamente igual que mi compañero? ¿Por qué yo tengo que cuidar a los chicos cuando él tiene que ir a las reuniones? Así empezaron mis debates internos, intestinos. Y así me construí feminista. Entrando en los 90 digo: “Estas mujeres me enseñan que la mujer no nace sino que se construye”. Y, sí. “El trabajo que yo hago en mi casa nadie lo valora”. Y, sí. “¿Por qué hay tanta desigualdad entre mi compañero y yo?” Entonces vinieron los conflictos humanos y, para hacerla corta, me divorcié dos veces.

Respecto a la militancia gremial, la participación femenina en los sindicatos siempre está en tensión. El mundo sindical está diseñado para el pensamiento masculino. Muchas compañeras que viven esa tensión y que no están domesticadas (algunas lo están) acatan y naturalizan. Entonces la confrontación viene por ese otro espejo con cuerpo de mujer que no está de acuerdo con eso. Aprendí que en ese mundo masculino lo que hay que hacer es disputar más mujeres para este lado, no más mujeres en sí, que terminen naturalizando la desigualdad. Es un trabajo ideológico y de formación política, donde el feminismo ocupa un lugar importante pero no es todo. Entre las mujeres en la organización político-sindical hay solidaridad, lo que no hay todavía es sororidad, en términos de hermandad.

En los últimos años, producto de lo que significó el neoliberalismo y la ruptura que se plantea el 2001, la juventud –que en muchos casos ve como natural la relación de opresión del capital al trabajo porque están totalmente precarizados- ingresó a los sindicatos. Ver a esa juventud hace que me enamore más de seguir militando, porque la relación entre varones y mujeres es distinta. No digo que no haya más conductas machistas, pero se vinculan distinto, es una relación mucho más libre. Estamos en otro momento, la mujer tiene otra manera de discutir, de interpelarse, se posiciona de otra forma.

¿Y en el mundo del trabajo como se viven esas desigualdades?

Hay una importante mayoría de mujeres que han accedido por propio esfuerzo a niveles de educación y están en condiciones de ocupar lugares tan calificados como los varones. Pero especialmente en el sector privado son los varones los que acceden. Porque en la mirada y la lógica del capital, las mujeres tenemos asignada otra tarea, que no es remunerativa, que no se considera trabajo, que es el trabajo doméstico.

¿Qué papel juega el Estado?

Los roles asignados a las mujeres se ven reforzados por las políticas del Estado. El Estado, según la concepción de ATE, es una herramienta que los gobiernos tienen para ejecutar políticas. No son lo mismo gobierno y Estado. Este está compuesto por otras instituciones también, como la iglesia, la justicia, el poder militar, etc. Históricamente las políticas del Estado argentino refuerzan este rol que mal se dice que la cultura nos asigna.

Por ejemplo, algo que podría haber sido una política progresiva que es el salario universal por hijo, es una política focal y que refuerza la idea de que la madre, la mujer es la que se tiene que hacer cargo. Son políticas que refuerzan el trabajo doméstico, el trabajo no remunerado de las mujeres y la desigualdad entre los géneros.

Las condiciones de trabajo, el salario, otras paritarias, los convenios colectivos, los jardines materno-paternales, escuelas de doble escolaridad, son impedimentos de las políticas de Estado que hacen que la mujer se sienta con doble o triple carga. Las mujeres desde las 6 de la mañana hasta las 11 de la noche siguen trabajando, cuando una parte está mal paga y la otra no es reconocida como tal. Más allá de los trabajos precarios a los que las mujeres cuando accedemos al mercado laboral nos vemos expuestas (como trabajar en casa porque hay que cuidar a los chicos, entonces hay que buscarse alguna changa).

¿Desde dónde pensás tu militancia feminista? ¿Qué es lo que te conmueve de esa lucha?

Robándole una palabra a la Iglesia, para mí el cuerpo es sagrado y es mío. A partir de esa premisa me vinculo fuertemente en la lucha por los derechos sexuales y reproductivos. Para que haya educación sexual en las escuelas, que le den formación a los docentes, para que niños y niñas puedan ir apropiándose de sus cuerpos y puedan decidir qué método anticonceptivo van a elegir. Y si estos fallan y se ven enfrentados y enfrentadas a un embarazo no deseado puedan ir a un hospital y decidir interrumpir voluntariamente un embarazo. Hablo de la lucha por la legalización del aborto.

¿Y personalmente tu compromiso tanto en las luchas sindicales como con el feminismo, de qué forma lo vivís?

A las desobedientes como yo la institución las quiere disciplinar permanentemente. El tema es qué hacés vos con eso. ¿Te vas a llorar a tu casa? No. Yo soy una insurrecta y lo voy a ser toda la vida. Voy a seguir estando, no me importan los lugares. Me importa lo que yo pueda aportar como granito de arena. Eso te refunda, te potencia. Entonces yo estoy en todos lados. Y creo que hay un montón de compañeros y compañeras que aunque no tenemos encuentro cotidiano, estamos en la misma. En eso yo veo un encuentro muy fuerte entre mi práctica militante y mi tarea en el hospital (con el eje de la desmanicomialización, de no perpetuar a los usuarios del sistema de salud mental). En la idea de que no voy a ser un cacho más de pared.

Dora reivindica la pasión por la militancia y la capacidad de conmoverse como motores de su lucha cotidiana. Camino en el que anda desde la década del 70 y que parece recién comenzar cuando se la ve sonreir y se la escucha llenar de emoción cada recuerdo y cada concepto.

En la segunda parte, la mirada de la entrevistada sobre el movimiento obrero, el rol del capital y los desafíos de la clase trabajadora en la actualidad.

 

Julia de Titto – @julitadt

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