Géneros

18 mayo, 2014

Cuestión de tiempo: la distribución social de las tareas domésticas

La naturalización de los roles y desigualdades sociales son celebradas por best-sellers que sugieren apartarnos de las “personas tóxicas” e indican a las mujeres como organizar su día. Una reflexión sobre la distribución social de los tiempos según el INDEC y la invisibilización de la cultura patriarcal.

La naturalización de los roles y desigualdades sociales son celebradas por best-sellers que sugieren apartarnos de las “personas tóxicas” e indican a las mujeres como organizar su día. Una reflexión sobre la distribución social de los tiempos según el INDEC y la invisibilización de la cultura patriarcal.

Es ya un clásico de cada edición de la Feria del Libro que la presentación de las publicaciones llamadas de “autoayuda” convoque cientos de personas. Los autores y autoras de este tipo de libros se han convertido en este último tiempo en personajes famosos, portadores de un saber trascendental -casi gurúes- que nos develan las soluciones mágicas a nuestros problemas y malestares cotidianos. Este fenómeno, que va de la mano con la aparición constante de cursos de coaching ontológico, nos promete enseñarnos a salir del lugar de víctimas y tomar las riendas de nuestras vidas para reconducirlas hacia la superación personal.

Desde las recetas para separar de nuestro lado a las “personas tóxicas” hasta las “técnicas espirituales” del arte de vivir, todas estas fórmulas para ser felices comparten una misma idea: el problema está dentro de cada uno/a, y es responsabilidad de cada uno/a advertirlo y modificarlo. La salvación, por más meditaciones “colectivas” que se organicen en los bosques de Palermo, no deja de ser estrictamente individual: el malestar no está en la cultura, sino dentro de cada individuo.

Como parte de este universo, la súper mediatizada psicóloga Pilar Sordo, nos advierte que si las mujeres no pueden ordernar sus tiempos en función de sus intereses y deseos personales es porque aún no han aprendido esa cualidad que los varones portan como una suerte de instinto natural. En su best-seller “Viva la diferencia”, nos informa que muchas veces las mujeres no pueden disfrutar de sus tiempos personales sin estar acompañadas de un sentimiento de culpa que les recuerde que deberían estar pendientes de los tiempos de los demás y las tareas de su hogar. Por eso sugiere que ellas, en su camino hacia la felicidad, deben aprender de los hombres a “darse” y “regalarse” sus tiempos personales.

De que ese malestar acerca de la disposición de los tiempos personales existe, no tenemos ninguna duda. Pero creemos que tanto esta autora como otros referentes del “universo autoayuda” que tratan estos temas carecen de un análisis más profundo de la temática, de un abordaje que de cuenta de los factores sociales y estructurales que condicionan a los individuos.

La distribución social de los tiempos. Nada nuevo bajo el sol

El INDEC dio a conocer estos días los resultados preliminares de una encuesta elaborada a nivel nacional sobre trabajo no remunerado y usos del tiempo, la cual tiene como objetivo captar información respecto de la participación y el tiempo destinado por las personas de 18 años y más a las tareas domésticas, al cuidado de miembros del hogar y al trabajo voluntario. Esta encuesta si bien tiene como precedente la realizada en el 2005 en la Ciudad de Buenos Aires, tiene el poder de ser representativa del total nacional, lo cual nos brinda una cartografía adecuada para analizar qué es lo que pasa con la distribución de las tareas domésticas.

Al realizar este estudio nuestro país cumple con los acuerdos establecidos en numersos tratados internacionales, entre ellos la Plataforma de Acción adoptada en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing (1995), pero sobre todo cumple con un reclamo histórico del movimiento de mujeres en la visibilización y valorización del trabajo doméstico. Si bien los datos que aporta este informe preliminar no develan cuestiones desconocidas –desde el feminismo viene denunciándose hace décadas que el capitalismo se sostiene sobre una masa de trabajo no remunerado, efectuado casi exclusivamente por las mujeres–, nos brinda por primera vez a nivel nacional datos estadísticos concretos.

Del informe se desprende que las mujeres dedican en promedio 2,5 horas diarias más que los varones al trabajo doméstico y que del total del tiempo dedicado a estas tareas el 76% corresponde a las mujeres y sólo el 24% a los varones. Incluso en aquellos casos donde las mujeres cumplen una jornada laboral de más de 61 horas semanales, el promedio de horas destinadas a las tareas domésticas supera ampliamente -en más de dos horas diarias- al de los varones que también cumplen esa jornada laboral (estos datos pueden consultarse ingresando al sitio web del INDEC.

Este estudio nos permite observar que las tareas domésticas y de cuidados de niños y niñas, personas enfermas y adultos mayores, continúan dependiendo principalmente del trabajo de las mujeres, independientemente de la actividad laboral que desempeñen. Creemos que a esta altura ya resulta insostenible el argumento de que las mujeres no se regalan tiempos personales “porque no saben hacerlo”. Lejos de ser inocente, el discurso de la “superación personal” muchas veces esconde -como en este caso- una estructura de desigualdad social.

Diferencias de género, etnia y clase

Frente a esta situación las familias en donde las mujeres trabajan fuera del hogar se encuentran con tres caminos en lo que refiere a las tareas domésticas y de cuidado. Por un lado, pueden absorber esas ocupaciones ellas mismas y vivir lo que se conoce como una “doble jornada de trabajo”. Por otra parte, pueden pedir ayuda a otros integrantes del grupo familiar ampliado, que por lo general también son otras mujeres (la madre, la hermana, una conocida, etc.), o bien contratar personal (que nuevamente, por lo general, será una mujer) para que se encargue de las mismas. La posición de clase, la nacionalidad y el grupo étnico marcan las posibilidades que tienen ellas para resolver esta cuestión. Lo cierto es que de una u otra manera, el trabajo doméstico siempre recae en otras mujeres, ya sea delegando tiempo personal en la realización de dichas tareas, o bien contratadas de forma precaria.

El trabajo doméstico como problema social

Lejos de lo que pregonan los y las gurúes de la autoayuda el malestar no puede solucionarse con una simple decisión personal, o con un supuesto camino trascendental que cada uno/a debe transitar. Para que varones y mujeres podamos desarrollarnos plenamente y poder hacer un uso propio del tiempo es necesario un verdadero trabajo de visibilización y valorización del trabajo doméstico que contribuya a derribar los estereotipos de género que lo afirman como una obligación exclusiva de las mujeres. Y ese trabajo de visibilización debe ser a su vez el puntapié para instaurar las tareas de cuidado como un problema social que, lejos de poder resolverse dentro de cada hogar, requiere el desarrollo de políticas públicas.

El malestar no está -mal que le pese a Pilar Sordo- en las mujeres, sino en la cultura patriarcal.

Martín Oliva – Delfina Schenone Sienra (Sociólogos)

Si llegaste hasta acá es porque te interesa la información rigurosa, porque valorás tener otra mirada más allá del bombardeo cotidiano de la gran mayoría de los medios. NOTAS Periodismo Popular cuenta con vos para renovarlo cada día. Defendé la otra mirada.

Aportá a Notas

¿Querés uno de nuestros libros?

Podés conseguirlo a precio promocional haciendo click en la imagen. ¡Escribinos y te contactamos para hacértelo llegar!

Conseguilos