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Operación Masacre: los fusilamientos de junio de 1956

Operación Masacre: los fusilamientos de junio de 1956
junio 09
15:39 2014

“Hay un fusilado que vive”, escuchó Rodolfo Walsh seis meses más tarde del crimen ocurrido en el basural de José León Suárez. Así se inició la investigación periodística que dio a conocer una parte central de los hechos del 9 de junio de 1956. Ese día, tras el fracaso del levantamiento llevado adelante por el general Juan José Valle contra la dictadura que en 1955 había derrocado al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, la autoproclamada Revolución Libertadora que conducían el teniente general Pedro Eugenio Aramburu y el Almirante Isaac Francisco Rojas, resolvió fusilar a gran parte de los participantes. Los fusilamientos fueron realizados violando la irretroactividad de la ley penal.

El general de división Valle había sido compañero de promoción de Aramburu, ambos habían ingresaron juntos al Colegio Militar, aunque la historia los ubicó posteriormente en las antípodas del proceso político abierto tras la llegada al poder de Perón en 1946. Valle formó parte durante todo el gobierno peronista de los sectores militares que fueron leales al líder y a la Constitución.

Tras el derrocamiento en septiembre de 1955, los generales Valle y Raúl Tanco comemnzaron a planear, en el barco-cárcel “Washington”, el levantamiento cívico-militar. La fecha elegida fue la noche del 9 de junio de 1956. Los alzamientos ocurrieron en guarniciones de La Plata, Buenos Aires y Santa Rosa.

Sin embargo el gobierno de Aramburu y Rojas conocía los planes, ya que habían infiltrado a los sublevados. No obstante se dejó correr el alzamiento calculando con ofrecer luego un “castigo ejemplar”.

En el gran Buenos Aires un grupo de civiles se juntó con la excusa de escuchar la pelea de Eduardo Lausse en el Luna Park, el objetivo era poder oír la proclama que los militares alzados habían preparado. Sin embargo, los planes fracasaron.

En la proclama que se pretendía difundir se leía: “Como responsables de este Movimiento de Recuperación Nacional, integrado por las Fuerzas Armadas y por la inmensa mayoría del pueblo -del que provienen y al que sirven- declaramos solemnemente que no nos guía otro propósito que el de restablecer la soberanía popular, esencia de nuestras instituciones democráticas, y arrancar a la Nación del caos y la anarquía a que ha sido llevada por una minoría despótica encaramada y sostenida por el terror y la violencia en el poder”. Los levantamientos en las distintas guarniciones también fueron reprimidos y los militares que participaron, entre 200 y 500, apresados.

Los alzamientos se produjeron entre las 22 y las 24 horas del día 9 de junio, mientras el gobierno de Aramburu estableció a las 0.30 del día siguiente la ley marcial. El ejército y la marina de guerra decidieron, contraviniendo todo ordenamiento penal, ejecutar a los responsables de manera retroactiva.

En un basural de José León Suárez son fusilados los civiles que pretendían integrarse al levantamiento militar. La orden corre a cuenta del coronel Desiderio Fernández Suárez, y del jefe policial de la regional San Martin, comisario Rodolfo Rodríguez Moreno. De los 12 civiles que se busca fusilar siete mueren y cinco logran escapar.

Al ver la violencia con la que actúa la dictadura militar, el general Valle toma la decisión entregarse para evitar un derramamiento de sangre mayor. Rojas y Aramburu deciden que su suerte debe ser la misma que la de los otros 18 militares y 13 civiles asesinados. En la ex Penitenciaria Nacional, ubicada en la Avenida Las Heras, en Capital Federal, es fusilado la noche del 12 junio.

En su última carta le escribe a su ex compañero de armas Pedro Eugenio Aramburu: “Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las Instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes”.

Pasaron 14 años hasta que el 29 de mayo de 1970 una naciente organización político-militar, Montoneros, hizo su bautismo de fuego secuestrando a Aramburu y ejecutándolo por los hechos ocurridos en junio de 1956. El comando que llevó a cabo la acción se llamaba “Juan José Valle”.

La investigación periodística conducida por Rodolfo Walsh dio lugar en 1971 a la filmación de una película por parte de Jorge Cedrón. Realizada de manera íntegra bajo las condiciones que imponía la clandestinidad imperante, fue exhibida en centenares de barrios y villas de toda la Argentina. Sus guionistas fueron el propio Walsh, Cedrón, y Julio Troxler, uno de los sobrevivientes de la masacre de José León Suarez y militante de la resistencia peronista, que fue asesinado en 1974 por las bandas para-policiales de la triple A. En la película Troxler hace de sí mismo.

Este es el recuerdo de Notas, con la última escena donde Julio Troxler relata y resume 20 años de militancia en el peronismo.

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1 Comentario

  1. @malaquitomomone
    @malaquitomomone junio 09, 18:50

    No discuto los homenajes, merecidos por cierto, a los fusilados, ni la condena que merecen los hechos.

    Aprovecho, sin embargo, esta ocasión, aunque siento que no parece la más adecuado y quizá suene un poco irritante en el marco de la conmemoración, para marcar un hecho poco analizado. La crítica que mereció de Perón.

    Hay dos frases de Perón con las que quiero encabezar este comentario:
    1. “si son mejores que nosotros, nos olvidarán pronto. Si son peores, volveremos”.
    2. “nosotros no fuimos perfectos, pero ellos fueron tan malos que nos hicieron óptimos”.
    Perón criticó el intento de Valle por apresurado e ingenuo. También razonaba que ahora quieren recuperar lo que en su momento no estuvieron convencidos en defender.

    Perón apostaba a la desobediencia civil, a la resistencia popular y al desgaste de la Libertadora.
    Esto llevaría más tiempo y, aunque no sería gratuito, menos sangre.
    Pero fundamentalmente, implicaría la derrota política de la Libertadora, que dijeran “para qué la hicimos si no la podemos sostener”.
    Eso fue lo que ocurrió, la Libertadora solo pudo mantenerse un tiempo, 17 años, por el apoyo del “partido militar”, lo que implicó un desgaste a las FFAA que sus exponentes más lúcidos comprendieron y del que trataron de salir (esto estaba en la base de la desinteligencia entre Aramburu y Onganía. Aramburu buscó el apoyo de Perón para una salida democrática frente al desgaste terminal que implicaba la gestión de Onganía; “casualmente” en este contexto es asesinado).

    Con una visión más global, podemos decir que a quien le interesaba mantener proscripto al pueblo era al poder global, entonces expresado en la “bipolaridad” URSS-USA. En ese marco, las FFAA argentinas resultaban un instrumento para ello.
    Ante la deserción de las FFAA el poder global lo sustituye por otro grupo que creyera en la “lucha armada”, es decir otra variante de proscripción de la voluntad popular. No es casual que estos grupos chocaran frontal y brutalmente con Perón.

    A lo que quiero llegar es a que estos grupos encontrarán, sin haber sido ésta, ni remotamente, la intención del Gral. Valle, un antecedente en dicha revolución.

    Muerto Perón y recuperado el rol del partido militar, el imperialismo suelta la mano a los grupos que, enredados en una lógica suicida y sin logística, se lanzan a “derrotar militarmente” a las FFAA. Son masacrados en una orgía de venganza que denota a su vez la vocación suicida de las FFAA metidas a partido. Esa vocación suicida se concreta con su “declaración de guerra” a la OTAN.
    Paradógicamente, a ese baño de sangre le debemos esto que hoy llamamos “esabilidad democratica”. Ahora es el turno de la traición de políticos mentirosos que despues de un minuto de gloria, pasan y se van olvidados por la historia.

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