Fútbol

26 junio, 2014

Esto es Argentina

Un Messi maravilloso, momentos de ataque vertiginoso, sin peso en el mediocampo y una defensa poco confiable. Eso es la Selección, que se pareció más a sí misma y le ganó con justicia a Nigeria. Ahora empieza lo difícil: se vienen los octavos, espera Suiza.

Un Messi maravilloso, momentos de ataque vertiginoso, sin peso en el mediocampo y una defensa poco confiable. Eso es la Selección, que se pareció más a sí misma y le ganó con justicia a Nigeria. Ahora empieza lo difícil: se vienen los octavos, espera Suiza.

¿Era Nigeria el rival más complicado del grupo para Argentina? Sabemos que no hay nada que complique más a la Selección que un equipo con extremos rápidos, que aproveche las ventajas que da al no tener nadie que marque por las bandas en el mediocampo, especialmente en la derecha de la defensa. Sabemos también que no hay jugadores más veloces en el mundo que los africanos. Pero también tenemos noción de que los equipos del continente negro no se destacan por su solidez defensiva, y nada le conviene más a los cuatro fantásticos de la Albiceleste que un contrincante que deja espacios atrás. Sabemos, last but not least, que Messi es argentino. Y que para él, por lo menos para esta versión suya, no hay rivales difíciles.

Esos pros y contras del partido que debía jugar el equipo de Sabella en Porto Alegre quedaron patentes apenas arrancó. Primero, la buena: Di María remata, el rebote entre el palo y el arquero queda a la altura del penal, y el extraterrestre rosarino mete un gol que parece fácil, pero no. En la línea había dos defensores nigerianos, además del arquero; Messi la puso en el único lugar libre, el techo del arco. 1-0 rápido, ¿partido tranquilo? No. En seguida, Mikel abre para Musa, el extremo al que nadie seguía –y nadie siguió a lo largo de los 90 minutos. Queda mano a mano con Zabaleta, engancha para adentro y la clava contra el palo. Cuatro minutos y todo como al principio.

Pero la Selección estaba bien en ataque, y Lío estaba bárbaro. Primero Di María, más activo que en los dos partidos anterior, probó de afuera y salvó el arquero. Después Higuaín, tras pase fantástico del capitán, gambeteó y definió al lado del poste. El 10 tuvo una de tiro libre, desde muy lejos, y otra vez apareció la figura de Enyeama, el verdugo de Sudáfrica. Pero hubo venganza, dos minutos después: 45 del primer tiempo, ahora más cerca, pero de vuelta inclinado sobre la derecha. Ideal. Messi la acarició y la clavó en un ángulo. Esta vez, no hubo verdugo que valga: Enyeama se quedó parado, quizás para observar mejor semejante obra de arte.

Final del primer tiempo, gol de Messi, 2-1, ¿golpe anímico? ¿Aliciente moral para una segunda parte cómoda? De ninguna manera. Apenas 2 minutos. Otra vez Musa, que para el primero se hizo un picnic con el lateral derecho, ahora se aprovechó de los espacios entre los centrales. Entró solito por el medio, y definió como en un penal en movimiento. Empate otra vez. Pero rápido, la defensa argentina también mostró su otra cara: débil por abajo, tiene un excelente juego aéreo. Córner de Lavezzi, cabezazo de Garay y un guiño de la fortuna: rebote en la rodilla de Rojo para el 3-2. Nobleza obliga, el criticadísimo lateral izquierdo se ubica en el podio de los mejores rendimientos albicelestes en estos tres encuentros.

Ahora sí, un poco de paz. Tanta como para que el crack pueda descansar media horita y se de el lujo de recibir una impresionante ovación de los 40 mil argentinos que había en el Beira-Río. Argentina apretó de a ratos, manejó bien la pelota, se acomodó un poco mejor en defensa y tuvo algunas chances con jugadas en velocidad y tiros desde afuera.

Di María, ahora sí, se pareció a sí mismo. Lo mismo Mascherano. Higuaín y Agüero –se fue reemplazado en el primer tiempo- no. Lavezzi aportó mucho cuando ingresó. Gago sigue sin poder agarrar la pelota en el mediocampo. Rojo fue el punto más alto de la defensa. Zabaleta, Garay y Fernández, flojos. Romero estuvo atento y no tuvo responsabilidad en los goles.

Pero él, él es el diferente. Messi es capaz de todo. Tanto que de su mano Argentina resolvió tres partidos y sacó los 9 puntos en el grupo. Tanto, que es el goleador del Mundial, junto con Neymar. Tanto, que ya metió uno arrancando desde la derecha en velocidad, otro riquelmeano, pegándole con clase; uno de goleador, estando en el lugar justo en el momento indicado para tomar el rebote, y el último, una clase magistral, maradoniana, de cómo pegarle a un tiro libre. ¿Qué más pedirle?

La Selección se acercó mucho a su versión ideal. Y decimos ideal porque, a esta altura, sería ridículo pedirle que defienda mejor. No lo va a hacer, y no es la prioridad. Tiene una capacidad de fuego incomparable, la mayor a nivel mundial. Tiene al mejor del mundo. Y tiene confianza en hacer un gol más que el rival. Quizás alcance. Con Suiza a la vista, pronto empezaremos a saberlo.

 

Nicolás Zyssholtz – @likasisol

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