Fútbol

26 junio, 2014

El boom latinoamericano en Brasil 2014

De los nueve seleccionados de la región que participaron del Mundial, siete están en la segunda fase. Algunos cumplieron con lo esperado, como Argentina y Brasil, otros dieron la sorpresa, el caso de Costa Rica, y otros necesitaron de la heroica, como lo hizo Uruguay.

De los nueve seleccionados de la región que participaron del Mundial, siete están en la segunda fase. Algunos cumplieron con lo esperado, como Argentina y Brasil, otros dieron la sorpresa, el caso de Costa Rica, y otros necesitaron de la heroica, como lo hizo Uruguay.

A pesar de que el miércoles arrojó las despedidas de Ecuador y Honduras, el panorama de los equipos latinoamericanos en la Copa del Mundo ya puede visualizarse como auspicioso hasta el momento. Aún bajo la consideración de que existen diversas realidades -equipos que parten como candidatos a mucho más, otros que cumplen con las expectativas de mínima al estar en octavos, otros que sí se mandaron batacazos- la mirada de conjunto indica que las selecciones de la región han aprobado sus primeros exámenes con mayor efectividad que las de los restantes continentes. La comparación se vuelve más impactante si se relojea el desempeño de Europa, donde sólo destacan Holanda, Francia y en menor medida Alemania y Bélgica sobre las 13 que vinieron a Brasil.

No es algo extraño. En Sudáfrica 2010, Uruguay, Brasil, Paraguay, Argentina y Chile estuvieron entre los 10 mejores, aunque sólo uno llegó a las semis y el Top 3 fue 100% europeo. Ese es quizás el único manto de duda sobre las características del boom. Es decir, si la gran performance de la primera ronda y el acceso en masa a los octavos de final irá declinando a medida que lleguen las instancias más complicadas. De cualquier modo ya existe la garantía de un semifinalista debido a que el fixture cruzará en cuartos de final al ganador de Brasil-Chile por un lado con el vencedor de Colombia-Uruguay por el otro.

La parte sudamericana del bloque tiene una gran tradición en los Mundiales. Desde el vamos, Brasil y Argentina siempre arrancan como favoritos. Los primeros suman a sus cinco títulos la ventaja -también la presión, vale decirlo- de la localía, mientras que nuestra selección, además de sus dos copas, hoy cuenta con el mejor jugador del mundo en sus filas.

A ellos dos hay que incorporarles a Uruguay, resucitado en 2010 luego de varias décadas de ostracismo y llevando como estandartes el espíritu del Maracanazo y la clásica mística charrúa (inexplicable desde un punto de vista racional, aunque con varios signos de evidencia casi palpable). Sin embargo, en esta Copa, los dirigidos por Scolari y los de Sabella tuvieron grupos accesibles que superaron no sin preocupaciones. Desde las pretensiones de jugadores e hinchas, aún no se ganó nada. Es apenas lo normal, lo clásico, estar donde se está. Para la Celeste, en cambio, superar el denominado “grupo de la muerte” dónde estaban Italia e Inglaterra es un hecho en sí mismo, más allá de que el retorno a la gloria en 2010 -que luego continuó con la consagración en la Copa América del año siguiente- obliga a soñar. Y más en las tierras donde está jugando.

Dentro del subcontinente, hay un segundo lote que llegó con expectativas más moderadas, aunque confiadas en lo que brindaron en las Eliminatorias. Es el tridente conformado por Colombia, Chile y Ecuador. Los primeros volvieron a una Copa del Mundo a la que no accedían desde 1998 pero pese a esa larga ausencia el polémico ranking de la FIFA lo colocó como cabeza de serie y tuvo suerte. En el grupo con Japón, Grecia y Costa de Marfil aparecía como el más firme. Lo logró y con creces. Sin Falcao, que no se pudo recuperar de su rotura de ligamentos, José Néstor Pekerman consolidó una visión de equipo, consiguió el puntaje perfecto y con el nivel exhibido se puede ilusionar. Se vendrá un interesante choque de estilo con los uruguayos.

Lo de Chile quizás sea el caso más resonante entre los sudamericanos. No por su crecimiento futbolístico, que ya data del Mundial pasado de la mano de Marcelo Bielsa, sino por las características del grupo que le tocó ante los finalistas de Sudáfrica. Tuvo una actuación muy meritoria frente a España que lo colocó en el conocimiento global, mientras que no debió perder ante Holanda (independientemente de discusiones tácticas que a veces están de más). Ahora afrontará el desafío posiblemente más importante de su historia. Con la espina de dos derrotas estrepitosas en los octavos de 1998 y 2010, pero con un nivel futbolístico a la altura del compromiso, Brasil aparece en el horizonte con sus propias preocupaciones y temores.

Finalmente el único de ese bloque que verá los octavos de final en casa será Ecuador, que decantó su eliminación en el primer duelo con una derrota agónica ante Suiza. Porque luego cumplió el trámite Honduras, a pesar de que le costó bastante y le hizo partido a Francia. Pero ese minuto 92 es el que no olvidará a la hora de pensar por qué se quedó afuera, no siendo mucho menos que los próximos rivales de Argentina. De cualquier modo, del sexteto “sudaca” era el más débil en los papeles.

Sin embargo, el máximo impacto vino por el lado de Centroamérica. Ni el golpe de Chile ante el último campeón mundial ni las hazañas uruguayas logran alcanzar esa dimensión. Costa Rica, número puesto por muchos para perder sus tres partidos del grupo, terminó liderando la famosa zona de la muerte sin haber perdido un solo encuentro. La primera sorpresa llegaría ante Uruguay pero sin conformarse con ese inicio unos días después derrotó a Italia para meterse en octavos por segunda vez en su historia (la primera había sido en 1990 de la mano del excéntrico Bora Milutinovic). Finalmente con el empate ante la ya eliminada Inglaterra consumó unos 7 puntos increíbles pero esencialmente un juego que no especuló en ningún momento.

Por último, México cumplió también con lo que viene sucediendo desde 1994: estar en la segunda fase. Lo hizo muy bien, hay que reconocerlo, y bajo la observación dudosa de quienes evaluaban que su clasificación angustiante al Mundial determinaría una actuación negativa. Una vez más queda demostrado que no importa cómo se llega a la Copa, sino que es vital cómo se juega la misma. Intentará superar la maldición: así como es un clásico estar en octavos, también se volvió un clásico que lo eliminen en esa ronda. El rival que tendrá no genera tranquilidad en ese aspecto.

Lo de Honduras termina siendo la excepción a la regla con 3 caídas en igual cantidad de encuentros y apenas un gol a favor.

Latinoamérica vibra por el fútbol y en Brasil sonríe por la realidad de sus selecciones. La historia hace un guiño: nunca un europeo se llevó una Copa del Mundo en nuestras tierras. Habrá que ver si el 13 de Julio esa racha se mantiene.

Sebastián Tafuro – @tafurel

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