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Pagar y desalojar

Pagar y desalojar
agosto 26
00:01 2014

Por Ulises Bosia. Pagar la deuda no se discute, reprimir la protesta social y desalojar viviendas tampoco; la cosa es en qué términos se hace. Los jugadores de la política se acomodan en una cancha inclinada hacia la derecha a la medida del poder económico.

El gobierno nacional continúa buscando una manera de conjugar los dos lineamientos principales de su política hacia los mercados financieros: pagar la deuda sin importar la legalidad y legitimidad de su origen pero no aceptar los términos establecidos por la justicia norteamericana en favor de la minoría buitre.

Se entiende en ese marco la decisión de proponer como agente pagador al Banco Nación para evitar al Banco de Nueva York y así poder lograr que el dinero depositado llegue a las manos de los bonistas incluidos en los canjes de 2005 y 2010. El gobierno decidió jugar la carta del apoyo de algunos fondos de inversión como el de David Martínez (propietario del 40% de las acciones de Cablevisión y accionista mayoritario de Telecom Argentina), quien quiere cobrar tanto bonos ya reestructurados como otros aún por fuera del acuerdo, con lo que al pasar deja en evidencia la ausencia de una distinción clara entre los bonistas que están por dentro y los que están por fuera de los canjes.

Habrá que ver además si ante las idas y vueltas de una situación marcada por la iniciativa del gobierno argentino y las reacciones de los fondos buitres a través de Griesa, se termina llegando a efectuar un nuevo canje por la totalidad de los bonos. En ese caso se abrirá la posibilidad de dejar atrás la cesión de soberanía nacional que implica que nuestro país se vea sometido al poder judicial de alguno de los centros del capitalismo financiero como Nueva York, Tokyo, Londres o Luxemburgo.

Los principales referentes de la oposición anunciaron que no acompañarán la política del gobierno, asumiendo también en este terreno la estrategia que comenzaron a desplegar hacia el 2015: ganar el reality organizado por el poder económico. No importa si lo que se discute es la Ley de Abastecimiento, la Ley antipiquetes o la deuda externa: lo esencial para Massa, Macri, Binner, Cobos y compañía es aclararle al poder económico que con cualquiera de ellos los intereses empresariales estarán seguros.

En esta coyuntura, la posición del gobierno nacional de una negociación firme con los buitres parece ser vista casi como una postura antiimperialista, lo que expresa el corrimiento a la derecha del conjunto de la situación política. Contrasta con ello la posición de un conjunto amplio de organizaciones sociales y políticas de izquierda que plantean la suspensión del pago de la deuda y la denuncia de su carácter ilegal, fraudulento e ilegítimo, así como la urgencia de pagar la deuda interna, con el conjunto de nuestro pueblo.

¿Por qué Berni?

El secretario de seguridad Sergio Berni, junto con Kicillof, Randazzo y la propia presidenta, es uno de los funcionarios del Poder Ejecutivo con mayor presencia mediática y en el imaginario popular. Siendo esto así, es necesario descartar cualquier tipo de ingenuidad en el análisis de su discurso y de su práctica: su rol forma parte de la planificación de la presidenta, no es un descuido ni un librepensador reaccionario.

Por esa razón, es necesario pensar en el por qué de sus declaraciones relacionando la inmigración con el delito, que estimulan fría y calculadamente el racismo existente en nuestra sociedad, desvirtuando las estadísticas reales. Además de promover un chivo expiatorio ante la inseguridad que vive una sociedad que no revirtió sus grandes niveles de fragmentación y desigualdad en diez años de crecimiento económico, Berni expresa la estrategia del gobierno para disputar el apoyo de una franja de la población.

Mediante Berni la presidenta quiere demostrarle a los potenciales votantes de Macri o Massa que su gobierno también puede defender una política de mano dura, hablar de “la puerta giratoria” de la justicia, acusar a la inmigración de la inseguridad, etc. En este sentido, esta política del gobierno nacional expresa y colabora en profundizar el giro a la derecha de la escena política nacional.

La defensa mancomunada de Berni, Macri y Vidal de la entrada con topadoras, balas de goma y gases lacrimógenos en el barrio Papa Francisco de Lugano, en el sur de la Ciudad de Buenos Aires, deteniendo a los delegados del barrio, recuerda el sangriento desalojo del Parque Indoamericano. Esta vez entre las víctimas de la represión se encontraron también legisladores kirchneristas, lo que demuestra el nivel de contradicción en el que está entrando el gobierno con esta estrategia, a tal punto que el “Cuervo” Larroque (dirigente de La Cámpora y diputado nacional) denunció el desalojo coorganizado por su propio gobierno, quizás como un eco de su antigua militancia en esa misma zona de Buenos Aires.

Para estos funcionarios la voz del pueblo villero, que dos meses atrás reclamaba en una carpa en el Obelisco la urbanización de las villas, es insignificante. Una contradicción explosiva se acumula en Buenos Aires, ciudad del boom inmobiliario que no puede garantizar una vivienda digna al conjunto de sus habitantes.

 

@ulibosia

 

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