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Perros en la calle: ¿plaga o abandono?

Perros en la calle: ¿plaga o abandono?
octubre 16
02:16 2014

El Consejo Provincial de Medio Ambiente de Tierra del Fuego declaró la emergencia socio-ambiental a causa de las jaurías silvestres que crecen día a día. El organismo asegura que ponen en riesgo la salud de las personas, del ganado y que incluso afectan la producción agropecuaria.

Desde el gobierno justifican la decisión alegando un incremento en el número de ataques, mordeduras y transmisión de enfermedades zoonóticas producidas por los perros sueltos, a los cuales tildan de salvajes. Mientras tanto el mediático veterinario, Juan Enrique Romero, estima que hay alrededor de 5 millones de perros en la calle. El especialista dice que es factible hacer un censo, pero que también hay distintos tipos de situación de calle, como por ejemplo el dueño que deja pasear a su perra sola y esa perra, sin castrar, vuelve preñada. “Y ahí la gente se agarra la cabeza y hace la crueldad de abandonarlos o la crueldad de matarlos. Creo que hay muchos más tutores irresponsables que perros en la calle. El maltrato animal empieza por el abandono”.

Sin embargo la directora general de Ambiente de Tierra del Fuego, Roxana Taier aclaró que “la idea no es empezar a matar perros”, sino trabajar en un proyecto de ley que brinde herramientas para el manejo de estas poblaciones. Con respecto a la eliminación como medida, Romero es muy claro: “El decreto 1.088/2011 que firmó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dice que no hay que usar la eutanasia. El Estado debe educar y castrar”. Sobre este punto concuerda Taier: “Si trabajamos en prohibir la eutanasia, pero no cambiamos la conducta de la gente que adopta mascotas y luego las abandona, tenemos un doble problema. Los planes de adopción no alcanzan a cubrir la cantidad de animales que hay. Si la sociedad no acompaña, son soluciones parciales. Hay que tratar de restringir la generación de perros abandonados”.

A pesar de todo existe una desconfianza sobre la posibilidad de llevar a cabo un plan que, además de velar por la salud humana, lo haga por los perros. Después del plan de la provincia de Neuquén (ver apartado: El caso de Neuquén) los rumores sobre el control poblacional de caninos basado en la “eliminación” quedaron flotando en el aire. Esto alertó a proteccionistas, profesionales y ciudadanos que sostienen la falta de políticas pensadas para resolver la “situación de calle” de muchos animales. Pero el veterinario Romero ha hecho una intensa labor durante más de 30 años para dejar clara su postura: “Trabajamos junto con la jefatura de Gabinete para lograr el decreto 1.088 y no vamos a dar marcha atrás”.

El primer argumento que utiliza Romero para probar y explicar por qué la matanza de animales no es una solución (y por ende es poco probable que se lleve a cabo) es la teoría de las especies politocas (que pueden tener varias crías en un solo embarazo). “Ninguna población puede ser controlada por un mecanismo aritmético desde una progresión geométrica”, expone el veterinario. Esto significa que por más que se mate a la madre quedan ocho cachorros con vida que pueden volver a reproducirse, más otras perras que también tuvieron crías múltiples. El segundo argumento es el ético profesional. Según Romero en el Congreso Mundial de Parasitología todos los expertos estuvieron de acuerdo con que en ningún país civilizado la muerte es aceptada como método de control de la población canina.

Actualmente existe un organismo, que depende de la Organización Mundial de Comercio (OMC), la Oficina Internacional de Epizootias (OIE) que regula las enfermedades animales de posible transmisión a humanos o que puedan poner en riesgo una población, por lo tanto apoya la eutanasia sanitaria. Romero deja en claro que como país soberano la Argentina desecha por completo las normativas de la OIE porque no son las compartidas por el gobierno y por los defensores de la vida. Además critica el método de la OIE por tener un concepto de la salud “mecanicista” y por ser una “barbaridad” ya que matemáticamente hablando se debería eliminar toda la población canina para lograr el estándar de salud que pretende dicho organismo.

El especialista está convencido de que la clave es educar a los chicos desde la escuela y el hogar y castrar a los animales, pues ese es el fin del decreto 1.088. “Nuestro problema es que la gente se eduque, castre y cuide. Lo peor que le estamos haciendo a la procreación indeseada es dejar a los perros paseando solos”, finaliza Romero, quien admite que su sueño es titánico pero posible y que primero hay que empezar con estas medidas para apuntar a soluciones definitivas.

El caso de Neuquén

No es la primera vez que el control poblacional canino entra en debate. A mediados del año 2010  el gobierno de Neuquén propuso aplicar la eutanasia sanitaria a perros callejeros por una supuesta ola de leptospirosis. “La medida era tonta, cruel y absurda, además de monstruosa, antiética y antitécnica”, explica Romero. La leptospirosis es una enfermedad hídrica, que se contagia a través del agua por las ratas. Matar perros estaba lejos de proporcionar una solución al problema, que además sólo había tenido dos casos que no resultaron mortales porque dicha enfermedad es curable.

El veterinario dice que esa medida logró ser frenada por dos motivos: Una clara desaprobación por parte del gobierno nacional y porque las autoridades de Neuquén no tenían un convencimiento firme de que esa fuera la solución. A esto se sumó la presión social, ya que desde redes sociales y páginas proteccionistas hubo un claro desacuerdo sobre el plan propuesto. “La ley 22.391 es la única que acepta la eutanasia en Argentina y vela por los casos de perros con rabia, que es una enfermedad no curable que atenta contra la salud humana”, puntualiza Romero.

 

Martina Bondone – @marbondo

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