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Una peligrosa polarización del conflicto

Una peligrosa polarización del conflicto
enero 10
00:30 2015

Por Mari-Sol García Somoza* y  Mayra Valcarcel**En la mañana del pasado 7 de enero un brutal ataque contra un grupo de periodistas y dibujantes de larga trayectoria, reunidos en las oficinas del conocido semanario satírico Charlie Hebdo (ubicadas en el distrito 11 parisino), generó una fuerte conmoción en la sociedad francesa. Inmediatamente la prensa internacional tomó el caso y abrió interpretaciones de todo tipo. Pero, ¿qué es lo que estaba sucediendo? ¿Cómo explicamos un ataque de tal violencia “en nombre de una religión”?

Está claro que aún es temprano para tener claves precisas de lo que sucedió el miércoles, no obstante es necesario dar cuenta de algunas cuestiones que en los discursos masivos suelen mezclarse con facilidad. Entre las más recurrentes interpretaciones de la prensa y de algunos analistas de momento se puede leer formulaciones que postulan una “relación directa entre terrorismo e Islam” que se encarnaría en el estereotipo de “jóvenes musulmanes marginalizados”.

Todas ideas falsas que no hacen más que aumentar los velos que nos impiden acceder a un análisis critico, reflexivo y profundo que nos permita ir más allá de los símbolos e imágenes estereotipadas que algunos sectores y medios de comunicación difunden constantemente.

Entonces es necesario salir de esas tramposas amalgamas donde islamismo e islam se unen equivocadamente en un mismo término, aunque frente a esto la comunidad musulmana se vea en la obligación de justificarse ante cada ataque a través de sus representantes. Y esto no depende sólo de una necesidad surgida en el seno de la comunidad sino que es consecuencia de las condenas y sospechas a la que queda sistemáticamente expuesta.

En la prensa argentina también ha sido notable la confusión desplegada a partir de estas interpretaciones descontextualizadas y simplistas, que parten de un desconocimiento profundo de las dinámicas socio-culturales de la sociedad francesa actual.

Lo cierto es que entre los años 90 y el pasado miércoles, Francia ha sufrido diversos atentados de este tipo producidos por individuos radicalizados. Y, contrariamente a lo que se dice, estos jóvenes protagonistas no tiene un patrón y perfil común de origen. Hay jóvenes de familias de diferentes estratos sociales, provenientes de familias católicas, musulmanas o incluso de familias que no practican ni adhieren a una tradición religiosa determinada. Hay jóvenes que se aíslan de su contexto familiar y de sus amistades para encontrar identificaciones en grupos específicos, en los que se dice predicar el “verdadero Islam”.

Se trata de jóvenes que buscan un marco de sentido para dar respuesta a “la injusticia social” o a “la opresión de los pueblos”, que son impulsados a salir en búsqueda de una especie de “revolución” (¿tal vez en un sentido conservador?) a la que denominan “yihad”.

En este sentido, sería tan equivocado pensar a la religión desde una lógica funcionalista en la que operaría como “el consuelo” o “la última opción” que les queda a los sectores vulnerables y excluidos como creer que efectivamente esos crímenes son religiosos. Sin dudas pueden atribuirse o autoatribuirse a cuestiones religiosas, pero si nos conformamos con eso lo único que conseguimos es polarizar el debate en términos de religión versus secularismo, censura versus libertad de expresión o, lo que aún es peor, reflotar la peligrosa teoría del choque de civilizaciones.

Estos jóvenes no son simples individuos aislados y manipulados, sino el síntoma de una sociedad que encuentra fracturas en su interior y es eco de una crisis de sentido más amplia en el marco de un capitalismo globalizado y post-industrializado. Podemos pensarlo en términos del clásico sociólogo francés Émile Durkheim cuando escribe, a principios del siglo XX, acerca de los riegos de una sociedad anómica, de una sociedad con los lazos sociales quebrados.

Las violencias estructurales y simbólicas mencionadas aquí a vuelo de pájaro deben ser parte del croquis analítico a armar, al que debemos sumarle sus múltiples aspectos subjetivos, políticos, educativos y económicos. Siempre evitando caer en las diversas formulaciones que se hacen desde los medios de comunicación, que nos llevan desde hipótesis conspirativas de atentados falsa bandera a teorías sobre la libertad de expresión y la blasfemia.

El debate es largo y queda mucho por analizar aún pero, especialmente en tanto observadores de la realidad, debemos evitar las argumentaciones basadas en simples extrapolaciones que conducen a estigmatizaciones peligrosas que no hacen más que agudizar la fractura social. En este caso la comunidad musulmana en Francia y en el mundo se ve señalada como el caldo de cultivo de problemáticas sociales que sobrepasan las fronteras de la comunidad per se y que más bien son problemáticas que atraviesan a la sociedad francesa en su conjunto (no sólo a una comunidad cultural particular).

Frente al contexto actual las autoridades y la sociedad francesa aún se ven confrontadas al desafío de encontrar las formas de reunir y atraer a su seno a esas fracciones de jóvenes que buscan nuevos sentidos. ¿Pero realmente quieren hacerlo? Aún no podemos responder a esta pregunta.

Este domingo 11 Francia entera saldrá a la calle para manifestar ante el mundo su necesidad de verse unida en la defensa de los valores republicanos (pilares fundamentales de la identidad francesa: libertad, igualdad, fraternidad y, sobre todo, laicidad). Celebramos la manifestación contra el atentado y a favor de la vida y la libertad de prensa. Pero también bregamos por la necesidad de reflexividad. Ya sea de un lado y del otro. Queda el esfuerzo de ese colectivo liminal, ese espacio de claro-oscuros, por no quedar atrapados en esa violentogénica red de praxis discursivas

“Gare aux manichéismes! Appelons à la réflexion!”

 

 

* Mari Sol García Somoza es socióloga, especialista en estudios de género e islam, docente en la Université Paris 8 Vincennes Saint-Denis, doctorante Université Paris 5 Descartes – UBA. Actualmente reside en Paris, Francia.

** Mayra Valcarcel es antropóloga, especialista en estudios de género e islam, doctorante CONICET-IIEGE, UBA.

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