El Mundo

19 enero, 2015

“Los ataques van a ser utilizados por la extrema derecha, tarde o temprano”

El experto en geopolítica de conflictos y docente en la Universidad de Versailles Saint-Quentin, Julien Théron, habló con Notas sobre las redes yihadistas clandestinas, la intervención militar en Medio Oriente y las posibles consecuencias de los ataques que sembraron el terror durante tres días en Paris.

Los diputados franceses decidieron seguir con los bombardeos en Irak; al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) reivindicó el atentado contra el diario satírico; un nuevo número de Charlie Hebdo salió con el profeta Mahoma en primera plana; el “héroe” del Hyper Casher quien ayudó a esconder seis rehenes en una cámara frigorífica será nacionalizado francés. Mientras una noticia reemplaza a la otra, algunos interrogantes recorren un camino más lento, el del análisis y la reflexión. El experto en geopolítica de conflictos y docente en la Universidad de Versailles Saint-Quentin, Julien Théron, habló con Notas sobre las redes yihadistas clandestinas, la intervención militar en Medio Oriente y las posibles consecuencias de los ataques que sembraron el terror durante tres días en Paris.

Al Qaeda en Yemen reivindicó el atentado el miércoles pasado a través de un video. Por otro lado, según cifras del Ministerio del Interior, unos 900 franceses estarían vinculados con los grupos yihadistas que combaten en Siria e Irak.

Más allá del ataque puntual a la revista Charlie Hebdo ¿cuáles son los alcances del fundamentalismo islámico para Francia en particular y Europa en general?

Son dos tipos de Yihad –en el sentido militar de la palabra, no teológico– cercanos y distantes a la vez. Los combatientes extranjeros del Estado Islámico (EI) llevan la guerra a Medio Oriente, mientras que Al Qaeda parte del santuario para difundirla a otros lugares. El EI no tiene necesariamente la cultura, las redes, ni los recursos humanos de los que dispone Al Qaeda. Se trata antes que nada de un movimiento de conquista territorial a diferencia de Al Qaeda, que si bien estaba resguardado por los Talibanes, no administraba ese territorio. La dinámica del EI es más bien centrípeta por el momento, y la de Al Qaeda, centrífuga.

Aún así, existe la pregunta: ¿qué hacer con los yihadistas que vuelven a Europa? Nicolás Sarkozy, por ejemplo, sugirió que no se les dejara entrar, lo que plantea un verdadero problema en materia de derecho ya que se trata de ciudadanos franceses. En Inglaterra, se proponen retirarles la nacionalidad, una medida jurídicamente perniciosa y peligrosa. En algún momento, se habló también de un Guantánamo europeo, con todo lo que eso implica. En realidad, todavía no tenemos respuesta.

¿En qué medida la intervención militar en Medio Oriente, especialmente en Irak y Siria, refuerza las mismas redes fundamentalistas que se propone combatir?

Es cierto, alimenta el discurso. Sirve para un adoctrinamiento geopolítico mezclado con teología. Es un argumento movilizador incluso, ya que las ideologías del Islam radical se basan en que la Umma –la comunidad musulmana– está por sobre cualquier otra comunidad (estatal o social) y que la ley de Dios, tal como ellos la interpretan, es superior a la ley civil.

Pero en un análisis más fino, no creo que la intervención en sí sea la cuestión, sino su modalidad. En Siria, por ejemplo, la acción de la coalición internacional está exclusivamente dirigida contra el EI. Es evidente que el hecho de no intervenir contra Bashar al Assad alimenta el régimen del presidente sirio, que por otro lado trabaja con el Hezbollah, una milicia chiíta considerada por Estados-Unidos y la Unión Europea como una organización terrorista. ¿Qué va a pasar en esos territorios? Si fueran liberados del EI, ¿el régimen de Bashar al Assad y el Hezbollah se beneficiarían? Es necesario trabajar sobre cuestiones de fondo y pensar en términos de eficiencia. Esa es la dimensión de los conflictos contemporáneos, que ya no son sólo militares.

¿Qué otros intereses económicos y alianzas geoestratégicas intenta proteger Francia en Irak?

Cualquier intervención puede ser potencialmente interesada pero, por una vez, no creo que sea el caso. Existe una preocupación real respecto de la expansión del EI. Ese es el motor principal, además de lograr detener el flujo de ciudadanos franceses a Medio Oriente. Se podría haber cuestionado la intervención en Libia, eventualmente en Mali, donde teníamos motivos estratégicos para estar, y no sólo ideológicos y políticos. Distinta es la situación de 2003, bajo el régimen de Saddam Hussein, cuando evidentemente teníamos grandes intereses económicos en juego. Se puede imaginar que haya en la actualidad un intento para recuperar esa presencia estratégica en Medio Oriente. Dicho eso, Francia no está en Siria, por ejemplo. Ese tipo de intervención tiene un precio económico-político alto y de cara a las fuerzas del Islam radical. No estoy seguro de que salgamos tan beneficiados.

Respecto de los motivos del atentado contra Charlie Hebdo, ¿es razonable pensar que Al Qaeda haya querido hacer una demostración de fuerza tras el avance territorial y la híper-mediatización del EI?

Sí y no. Es cierto que a Al Qaeda le sirve. Le hace publicidad en la galaxia fundamentalista. Además es una invitación para los que están tentados de participar en la Yihad en el extranjero. Pero es necesario relativizar. Anwar al-Awlaki es quien habría dado a los hermanos Kouachi, en Yemen, la orden del atentado. Se trata de un predicador de mucha influencia espiritual, también llamado “el Bin Laden de internet”. Murió en un ataque con drones en septiembre de 2011, o sea, mucho tiempo antes de que existiera el EI.

¿Qué repercusiones se pueden esperar en Francia tras los últimos ataques?

Cuatro millones de personas se manifestaron el pasado 11 de enero y no hubo ni un sólo incidente. Es inimaginable. La nación francesa se movilizó de manera extraordinaria y se expresó en el sentido de un sosiego. Saludó incluso a los símbolos de ese sosiego como el joven maliense que ayudó judíos a esconderse en el Hyper Casher durante la toma de rehenes o el policía musulmán asesinado cuyo hermano dijo “el Islam no es esto”.

Por otro lado, no cabe la menor duda de que tarde o temprano, habrá una instrumentalización con fines políticos, especialmente por parte de la extrema derecha. Además, existen señales de que el debate podría tomar rumbos peligrosos: jóvenes de algunas escuelas perturbaron el minuto de silencio en homenaje a las víctimas; un chico fue golpeado por ser musulmán y otro por decir “Je suis Charlie”; en una semana, se registraron más de cincuenta actos islamofóbicos que incluyeron disparos contra lugares de culto.

Es un momento de muchísima unidad y tensión a la vez, en el que el riesgo de romper el tejido social es real.

¿Y a nivel europeo?

Es una de las preguntas más interesantes del debate. El fenómeno es fundamentalmente europeo ya que el primer estigma es el avance de la extrema derecha en todo Europa: el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), la Guardia Húngara (MG), la Liga de la Familias Polacas (LPR), el partido Verdaderos Finlandeses, la Unión Nacional Ataque (ATAKA) en Bulgaria, el Frente Nacional (FN) en Francia y, en algunos aspectos, la Alianza Nacional (AN) en Italia. En Inglaterra, se pueden observar dos fenómenos, uno es populista y el otro, nacionalista. Se trata del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), euroescéptico, y del Partido Nacional Británico (BNP). En Alemania, además de los atentados nazis, emergió un nuevo movimiento contra “la islamización de occidente”.

Muchos de esos partidos hablan de cuestiones migratorias y religiosas como si fueran sinónimos de delincuencia y terrorismo, y generan un clima de miedo. En términos de Estado de derecho, paz y estabilidad, lo que se logró en Europa no es menor. Es importante ver ahora cómo generar un proyecto democrático del “vivir juntos”, no sólo como naciones, sino también entre las distintas comunidades. En caso contrario, temo que el conjunto estalle bajo la fuerza de los populismos de extrema derecha.

Oriane Fléchaire

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