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El caso Nisman: La política, dinámica de lo impensado

El caso Nisman: La política, dinámica de lo impensado
enero 26
00:01 2015

Por Ulises Bosia. La muerte de Nisman cambió todos los planes de un plumazo y abrió una nueva agenda para 2015. ¿Qué salida puede encontrar el gobierno? ¿Qué efecto pueden tener las escuchas telefónicas? ¿Qué hacer con los servicios de inteligencia?

Un famoso periodista deportivo de otros tiempos hizo conocida aquella definición genial de que el fútbol es dinámica de lo impensado, a diferencia de esos deportes donde casi siempre los mejores le ganan a los peores, como el básquet o el tenis. La política, sobre todo en este siglo XXI, en nuestro país también se ajusta a la definición. Por eso, asumiendo el morbo, es tan apasionante.

Lógicamente no vamos a adelantar ninguna hipótesis sin fundamento en medio de la confusión generalizada, como manda el manual de la corrección política, pero tampoco negar que es algo que se ha discutido en privado, como ordena la honestidad intelectual propia de este portal de noticias. Trataremos, sí, de plantear algunas reflexiones sobre la situación política abierta.

El carácter infundado de la denuncia de Nisman, una vez conocido su contenido mediante el portal de informaciones de la Corte Suprema, es evidente para la mayoría de opiniones autorizadas. Algunas de las cuales, como la de Eugenio Zaffaroni, aseguraron que incluso en el caso de haber existido un plan encubridor urdido en las altas esferas del Poder Ejecutivo, no habría delito porque ninguna de sus consecuencias existió, especialmente el levantamiento de las órdenes internacionales de detención, tal como confirmaron altas autoridades de Interpol. El hecho político que cambió las cosas no fue su denuncia sino su muerte, como bien afirmó la presidenta en su segunda carta sobre el tema.

Las dos caras de la política

Las escuchas a dirigentes políticos denunciados que salieron a la luz hasta ahora están muy lejos de probar algún delito, pero sí pueden generar conmoción social y ser utilizadas para hacer antipolítica por sectores de la oposición. Porque demuelen la distancia entre la cara pública de la política, marcada por la corrección y el marketing, y una jerga, un juego de negociaciones y una forma de actuar que para cualquier militante son normales, pero que se ven cuidadosamente ocultadas.

En la medida en que la conciencia pública está cada vez más construida a través y en los medios de comunicación, también la imagen de la política se aleja cada vez más de su práctica cotidiana. La negociación se vuelve mala palabra, las disputas internas se denuncian moralmente, el diálogo se convierte en una palabra santa en desmedro de la confrontación leal, la militancia se disuelve en campañas publicitarias y consejos de consultoras.

A lo largo de los últimos 20 años una forma de recorrer nuestra realidad es la de una pugna entre estas dos maneras de practicar la política, que atraviesan las ideologías. El surgimiento de los Scioli, Reutemann, Macri o Del Sel, por un lado, contra la resistencia y contraofensiva de los Kirchner, Alfonsín, Larroque o Mariano Ferreyra. Productos publicitarios versus animales políticos. Naturalmente, no es sólo un fenómeno argento.

Una de las cosas buenas que representó el kirchnerismo en esta década fue la preeminencia de una forma de entender la política asociada a la militancia, aunque siempre negociando con su versión publicitaria, a veces con duros costos como en el caso de Insaurralde. Viendo las características de los principales precandidatos presidenciales, el futuro es deprimente…

¿Qué salidas puede encontrar el gobierno?

Siendo esto así, se entiende por qué el gobierno rectificó el error político de abonar a la teoría del suicidio, como hizo en un primer momento. Efectivamente se trata del sector político más perjudicado por la muerte del fiscal, por lo que es mucho más redituable intentar ubicarse como una víctima de los servicios.

Pero para ello tiene la necesidad de despegarse de las acciones de una Secretaría de Inteligencia (SI) que estuvo bajo su responsabilidad durante casi doce años, de las acciones de un fiscal nombrado por Kirchner durante su presidencia y de una política hacia la causa AMIA que siguió los lineamientos norteamericanos e israelíes, al menos hasta la sanción en el Congreso del Memorándum de Entendimiento, que a decir verdad tampoco los cuestionó frontalmente.

No es tampoco una novedad, se trata de la misma política que asumió frente a otros episodios. El déficit energético al que llevó la política de acuerdos con las transnacionales petroleras y especialmente con Repsol, obligó a tomar medidas drásticas y a intentar despegarse de nueve años de entrega anteriores. La tragedia de Once determinó la necesidad de encarar una nueva política ferroviaria con urgencia, sin mediar en ningún momento una autocrítica por los años de destrucción del ferrocarril. Como en el inconsciente, todo lo que se oculta debajo de la alfombra vuelve a aparecer más tarde, con graves consecuencias sociales.

Ello demuestra que el gobierno ya salió de situaciones complicadas acumulando fuerza, pero para ello debió tomar una fuerte iniciativa política. ¿Podrá/querrá hacerlo a 11 meses de terminar su mandato y en un año electoral? ¿Una reforma de los servicios de inteligencia? ¿Apertura de archivos secretos que generen pasos concretos en la investigación del atentado a la AMIA o en la causa por encubrimiento?

El ascenso irresistible del general Milani, a partir de su tarea como responsable de la inteligencia militar, y sin importar la investigación por su presunto rol en el terrorismo de Estado; y el proyecto X utilizado para el espionaje interno e ilegal de militantes populares, promueven el escepticismo.

Los servicios de inteligencia

Desde aquí no se abona la idea facilista de que pueden existir Estados soberanos sin servicios de inteligencia, como se afirma alegremente desde posiciones izquierdistas. Esas denuncias pueden servir para la agitación política, pero impiden plantearse transformar las cuestiones concretas que emergieron. Y no se conoce ningún gobierno revolucionario que haya despreciado la necesidad de construir sus propios servicios de inteligencia, sino más bien todo lo contrario.

El problema es que la muerte de Nisman, sólo un mes después del descabezamiento de la SI, saca a la luz la autonomía y el poder de fuego de las estructuras de inteligencia, su control inadmisible de sectores del Poder Judicial y sobre todo la colonización de la inteligencia que depende directamente del poder civil por parte de potencias extranjeras, especialmente de la CIA y la Mossad.

Si a eso se le suma la complicidad de las estructuras tradicionales de la política -PJ y UCR- con esta situación y sus intrincadas relaciones con el poder económico concentrado, es posible concluir que existe un problema orgánico en el sistema político nacional.

La muerte de Nisman y el derrotero de impunidad del atentado de la AMIA cuestionan a un régimen democrático abierto en 1983, reestructurado en los noventa, que vivió una fuerte crisis en 2001, y que fue reformado y al mismo tiempo rescatado por el kirchnerismo.

 

@ulibosia

 

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