Medio Oriente

9 marzo, 2015

En el país de los cedros

Repaso y análisis de la actual situación política y social en El Líbano, país estratégico en el tablero geopolítico de Medio Oriente. Los intereses de los países de la región y la disputa interna que tiene actualmente paralizado el gobierno del país.

El pasado y presente del Líbano, “el país de los cedros”, ocupa un lugar importante para tener un panorama completo acerca de la historia reciente de Medio Oriente.

Caracterizado por la diversidad religiosa y un paisaje multicultural y cosmopolita, la sociedad libanesa ha albergado algunos de los desarrollos culturales y sociales más avanzados de la región. Pero también, conforme los conflictos en Medio Oriente han puesto continuamente en crisis a sus sociedades, se ha impuesto una nueva dinámica donde las diferencias religiosas y étnicas a menudo redibujan la política y al propio Estado, haciendo de la diversidad también un escenario de tensiones.

Calma antes y después de la tormenta

La pequeña república parlamentaria vive hoy una tensa y frágil calma, marcada por las expectativas en torno a las próximas elecciones presidenciales ya que esde mayo de 2014, tras finalizar el mandato presidencial de Michel Suleiman, el país ha visto 14 intentos fallidos para formar el consenso necesario que permita seleccionar al próximo jefe de Estado.

Para paliar el estancamiento, el Parlamento ha extendido el mandato de sus miembros, y el primer ministro Tamman Salam ha asumido también las funciones presidenciales hasta que se supere el vacío político.

Tras decretarse la formación de un gobierno de unidad nacional, el gabinete de ministros fue reconfigurado para dar un reparto equitativo entre el bloque oficialista (la alianza “8 de marzo”) y la oposición (la alianza “14 de marzo”). Sin embargo, la profunda polarización ha hecho que esta decisión paralice la toma de decisiones mientras las posturas enfrentadas se muestran irreconciliables. Para disminuir las tensiones, ambos frentes han acordado retirar sus símbolos de la vía pública, esperando que la despolitización del espacio público ayude al llamado a la unidad nacional.

El temor a que el país se vea arrastrado por la violencia generalizada que ha devorado a Irak y Siria atraviesa la agenda política nacional, a la vez que el país debe lidiar con la oleada de refugiados, estimados en más de un millón y medio de personas que escapan de la violencia en el país vecino. A esto se suman los ataques y atentados por parte de grupos extremistas provenientes de Siria, como parte de las represalias a la participación de Hezbollah en favor del gobierno sirio.

Dada su posición geográfica, al norte de los territorios israelíes y palestinos, y compartiendo una extensa frontera común al este y norte con Siria, el país ha servido como tablero donde los grandes actores regionales e internacionales dirimen sus disputas. Las alianzas, definidas por la afinidad con los gobiernos de Irán y Siria o una postura pro occidental alineada con Arabia Saudí e Israel, cumplen un rol central para caracterizar la política nacional libanesa.

Con cerca de 18 confesiones reconocidas por el Estado (en su mayoría diversas corrientes del Cristianismo y el Islam) el Líbano se caracteriza como un “país de minorías”, donde la pertenencia religiosa se superpone o fundamenta a la identidad nacional y o las posiciones ideológicas.

Esto queda expresado en el peculiar sistema político del país. Heredado del periodo colonial francés, la constitución confiere la representación política según la pertenencia de sus ciudadanos a las diferentes comunidades religiosas. Según la misma, el presidente debe ser un cristiano maronita (la corriente mayoritaria dentro de la comunidad cristiana), el primer ministro un musulmán sunita, y el presidente del parlamento un musulmán chiita.

Fantasmas de ayer y hoy

La creciente polarización que ha vivido el país entre los dos principales bloques parlamentarios ha llevado a un vacío político que ha evidenciado la fragilidad del sistema de gobierno, reviviendo el fantasma de la guerra civil que desangró al país entre 1975 y 1990. Ambas alianzas expresan coaliciones de intereses locales y regionales antagónicos.

La Alianza “14 de marzo” debe su nombre a la denominada “revolución de los cedros” de 2005, que supuso un vasto movimiento civil y político dirigido contra la presencia de tropas sirias en el país, desplegadas allí desde la guerra civil, y su dominio sobre la política libanesa. Esto fue desencadenado por el asesinato del empresario y ex primer ministro Rafik Hariri, hecho que aún permanece sin esclarecer, pero que sus partidarios achacan su autoría al gobierno sirio y sus aliados.

El hijo de Hariri, Saad, hoy dirige desde el exterior al partido de su padre, el Movimiento Mustaqbal (“Futuro”), de mayoría sunita. La influyente familia Hariri es caracterizada como intermediaria de los intereses del reino Arabia Saudita en el país. A mediados de febrero, Saad dejo por dos semanas su exilio voluntario en el reino para atender a los actos en conmemoración por el décimo aniversario de la muerte de su padre.

La alianza se completa con la presencia de partidos liberales y de la derecha cristiana, como Kataeb (la “Falange”) y las “Fuerzas Libanesas”, reconocidas por su postura pro-israelí durante la guerra civil, un discurso ultranacionalista y su persecución contra los palestinos.

En contraposición, la alianza “8 de marzo” mantiene fuertes vínculos con Irán y Siria, así como un encendido discurso de confrontación con Israel y los Estados Unidos. Se apoya, por un lado, en el Movimiento Patriótico Libre, fuerza nacionalista con fuerte inserción entre los cristianos, y en especial, las Fuerzas Armadas.

Por el otro lado, su otro pie es el llamado “Bloque de la Resistencia”, encabezado por el movimiento político Hezbollah, fuertemente identificado con la comunidad chiita. Hezbollah ha desarrollado un discurso nacional apoyado en una extensa red de organizaciones de acción social y cultural, que le han ganado un importante recibimiento por parte de la sociedad libanesa. Sin embargo, su presencia militar en el conflicto sirio no le ha sido gratuita, creciendo las críticas que le adjudican estar llevando al país a las puertas de un nuevo conflicto.

 

Julian Aguirre – @julianlomje

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