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Apuntes sobre el ejercicio del periodismo contemporáneo

Apuntes sobre el ejercicio del periodismo contemporáneo
marzo 25
00:03 2015

El 25 de Marzo de 1977 fue atacado, secuestrado y desaparecido el periodista Rodolfo Walsh. No queda forma original para presentar a alguien cuya trayectoria es indiscutible desde el punto de vista moral y humano por su compromiso con el oficio y con la intervención política en su tiempo. Su figura ejemplar permite evidenciar la urgencia crítica que atraviesa el ejercicio del periodismo en la coyuntura actual.

Generalmente se arrojan respuestas categóricas a la pregunta sobre al servicio de quién debe estar el periodismo (o el periodista). Los movimientos populares y de izquierda responden, sin dudas, que los comunicadores deben ponerse al servicio del pueblo. El problema está en la palabra pueblo entendida como una unidad organizada de masas políticamente en acuerdo. Hoy es una categoría que incluye una heterogeneidad a la que se le escurre lo unitario.

La fragmentación social que opera al interior de los sectores populares y medios vuelve difícil tener un periodismo que pueda abarcar la representación de tantas subjetividades en las que se entremezcla la exclusión y la marginalidad, las ansias de ascenso social, junto a ideas pertenecientes a la reacción y al imaginario del poder. Es por esto que se debe apostar a pensar al periodismo como una práctica que debe comportarse de acuerdo con una comprensión democrática del espacio social y, por ende, producir de acuerdo a criterios de justicia y de responsabilidad histórica con el presente en que pone a jugar su producción.

Ahora, se podría objetar que allí no reside su especificidad, ¿o acaso un médico o un ingeniero, por citar dos ejemplos, no deberían abogar desde su práctica por una democratización del espacio social, sin prejuicios ni preferencias, sin elitismos? ¿Qué es lo que vuelve diferencial al oficio del periodista en una sociedad? ¿Será la frecuencia con la que consultamos su palabra, la información cotidiana con la que hacemos malabares para comprender algo de lo que está ocurriendo?

Como base, un periodista selecciona, clasifica, ordena, dispone, interpreta y jerarquiza temas, y los pone a circular desde un punto de vista jamás neutral. La inexistencia de la objetividad no es un obstáculo. Así como ocurre con los intelectuales e investigadores, si a estos se les pide una postura definida y pública sobre sus enfoques en el abordaje de los problemas sociales, ¿por qué a un periodista este punto de vista se le tiene que vedar o se lo tiene que demonizar? Nada más sano que tener ideas sobre el mundo, conscientes y sistematizadas, y además una honestidad voluntaria y explícita.

Para lograr un periodismo con capacidad de lectura amplia sobre lo que va a informar e investigar, se necesitan personas curiosas e interrogativas, que no subestimen el estudio, el conocimiento y la formación. Es necesaria la redefinición de los criterios de abordaje de las noticias.

A gran parte de las caras visibles y (lamentablemente) representativas del periodismo les faltan muchas clases sobre cómo respetar a los sectores más empobrecidos de la sociedad, por ejemplo. Ni hablar de la necesidad de dejar de subestimar sus acciones y elecciones políticas o culturales como si fueran infantes o retrasados mentales. Lo mismo ocurre con los juicios sobre los movimientos políticos que basan sus programas en la redistribución de los recursos en favor de los sectores populares, catalogados de dictaduras o totalitarismos, si son políticamente correctos.

Situándonos en la organización económica y política contemporánea, que no permite que al mercado se le escape ninguna posibilidad de negocio, ¿es posible que el oficio del periodista que trabaja en relación de dependencia en un medio de comunicación comercial pueda ser basado en la pregunta, la investigación, el estudio profundo y la independencia de opinión? No. Y esto no convierte a los periodistas en mercenarios ni sujetos acríticos.

En muchos casos se han vuelto técnicos de la palabra, colando algunas irreverencias si se encuentran grietas por donde filtrarlas; en otras ocasiones, construyen proyectos personales, colaboran con medios sin fines de lucro o, como dijo Kapuscinski, trasladan el periodismo de la pregunta a los libros y publican por fuera de los medios hegemónicos.

Claro que existen otros personajes que no dudan en responder según el contrato de turno y operan políticamente como cómplices de la construcción periodística injuriosa, mentirosa o de doble vara. Todo espacio social reproduce con sus mañas y particularidades, las prácticas generales de este sistema injusto, cruel y violento.

El compromiso periodístico con el presente está en seguir produciendo en favor de las causas justas y democráticas. Los medios de comunicación populares, alternativos y comunitarios son trampolines, pero no debemos conformarnos con su producción y lectura al interior de quienes ya están más o menos convencidos. El objetivo no debe tener techo y asumir la responsabilidad de contrarrestar los mensajes nocivos de la desinformación tiene que hacer elevar el vuelo de los proyectos periodísticos, generando espacios laborales que pulan la práctica y dignifiquen el oficio.

Ana Clara Azcurra Mariani, licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) – @serserendipia

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