Fútbol internacional

5 mayo, 2015

Iniesta, el hombre de los aplausos

El pase a Neymar para sentenciar el partido de cuartos de final contra el PSG. El remate al gol en la final del mundo de 2010. El cambio en el derby de Barcelona, frente al Espanyol, donde fue aplaudido por todo el público rival. Andrés Iniesta siempre jugó en el Barça y desde allí, para el mundo, se convirtió en el hombre de los aplausos.

Mascherano, en la puerta del área de su equipo, le pasa la pelota a un Iniesta apretado por la marca de Cabaye y Cavani que aparecerá en acción. En el camino Verratti y todo el Camp Nou para él. Velocidad, control y cirugía en el pase a Neymar. Un “tomá, hacelo”. Al piso el arquero del PSG y el brasilero que, apenas alcanza a festejar, se da cuenta que debe sumarse a los aplausos de los hinchas del Barcelona. Son para Iniesta, el hombre de los aplausos.

Al vestuario 3 a 1 y pase a Semifinales de la Champions. Aún no se sabía que vendría el padre de la criatura con su modelo alemán en unos días. En la zona mixta debió contestar si había vuelto el mejor Andrés: “¿Si he vuelto? Yo no me fui nunca del Barcelona”. Es 21 de abril de 2015.

Iniesta no se fue nunca del Barcelona desde aquella tarde noche en Bélgica frente al Brujas cuando Louis Van Gaal lo hizo debutar en la primera del equipo azulgrana. Al otro día el diario Mundo Deportivo afirmó bajo el título Un estreno espectacular “…lo más destacable es la gran comunicación que tuvo en todo momento con el otro crack de la noche, el argentino Juan Román Riquelme. En Brujas se demostró que los jugadores de talento, aunque coincidan por primera vez en un terreno de juego se entienden siempre a la perfección”.

Cuando a Riquelme le preguntan, responde siempre lo mismo: “Messi es un genio, Iniesta es el mejor”. Poco se disfrutaron, pero les resultó suficiente. Iniesta ha devuelto gentilezas en elogios.

Con Rijkaard en el banco no fue habitual titular pero junto con Samuel Eto jugaron la mayor cantidad de partidos de la Liga (37). Convirtió tan solo dos goles pero tiró paredes con Ronaldinho y Messi. Estaba en cancha, diez años atrás, cuando Messi recibió del astro brasilero y definió de zurda por encima del arquero del Albacete convirtiendo así su primer gol con la camiseta del Barcelona.

Átomo indispensable de la célula Guardiola, tatuado tiene aquel 6 de mayo de 2009 cuando en el tercer minuto de descuento con un remate seco e inatajable para Cech estampó el uno a uno que lo ponía en la final de la Champions League. Vendría el United y sería dos a cero con goles del camerunés y el argentino.

Con Xavi conformaron un ensamble perfecto, una máquina de tocar corto y moverse. Imposible olvidar el gol de Messi, el segundo gol de Barcelona, otra vez frente al United en la que tocan a metros del área grande, como fiera que rodea a su presa con calma y letalmente, hasta que el zarpazo ya no da tiempo de lamentos y hay que sacar del medio. Messi fue el zarpazo, Van Der Saar el intento inútil por evitarlo.

Utiliza la “8” desde la partida del francés Ludovic Giuly a mediados del 2007, antes había usado la “34” y más acá la”24”. Jamás ganó el Balón de Oro, siempre a la sombra de los que más salen en los flashes. En silencio, como cuando da pasos de baile en el terreno de juego.

Iniesta, el “cerebro” forjado desde los 12 años en La Masía llevó su receta a la selección española, primero con la “16” hasta que David Albelda dejó de ser citado y se adueño de la “6”.

Campeón de la Eurocopa Sub-16 y Sub-19 en 2001. Disputó la final de la Copa Mundial de Fútbol Juvenil en 2003. De la mano de Luis Aragonés llegó a la “Roja” mayor en 2006. Formó parte de la selección que no pudo acceder a octavos. Dos años después fue campeón de la Eurocopa disputada en Austria y Suiza.

Dos más tarde, se juega el minuto 116. Andrés controla la pelota y se llena el empeine de gol. Ahí va, corre con la cara llena de un grito indispensable, en su mano izquierda aprieta la transpirada número 6 y le recuerda al mundo que “Dani Jarque, siempre con nosotros”. Es 11 de julio de 2010 en el Soccer City de Johannesburgo, Sudáfrica. España, el mejor, es campeón del mundo. El insoportable ruido de las vuvuzelas se interrumpe. Es la hora de aplaudir. En 2012, aplastarán a Italia por 4 a 0 en la final de la Eurocopa disputada en Ucrania y Polonia. Sonarán más palmas.

Van 42 del segundo tiempo. Barcelona le gana 2 a 0 al Español y se afianza en la punta de la Liga al ritmo de la sinfónica Neymar – Messi – Suaréz. Sale Andrés, entra Xavi. El Cornellá – El Prat se pone de pie y aplaude. Por el fútbol y por la memoria. Porque allí, donde habita el olvido, no hay lugar para Iniesta. Porque Iniesta vive y vivirá en cada pase bien dado. Él que siempre está volviendo sin haberse ido. Él, el hombre de los aplausos.

Federico Coguzza – @Ellanzallama

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