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A 59 años de los fusilamientos de José León Suárez

A 59 años de los fusilamientos de José León Suárez
junio 09
15:45 2015

Por Luis Canobbio. Junio de 1956. Eran tiempos de reflujo en el movimiento popular. El pueblo peronista lloraba todavía la masacre de Plaza de Mayo. No había pasado ni un año desde el derrocamiento de Juan Domingo Perón. Y aquel golpe que se anunció con sangre, era gobierno.

La “Revolución Libertadora”, como la llamaron los asesinos, se encontraba ocupada afiebradamente en voltear una a una las conquistas sociales de los trabajadores. La resistencia apenas comenzaba.

Reagrupándose, clandestinos unos, detenidos otros, un grupo de militares y civiles fieles a Perón y a la Constitución Nacional de 1949, encabezados por el general Juan José Valle, preparaban un levantamiento contra la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Rojas. El plan contemplaba sublevar la guarnición de Campo de Mayo, el Regimiento 7 de La Plata, La Escuela de Mecánica del Ejército y el Regimiento 2 de Palermo.

En la Escuela Técnica 3 de Avellaneda instalaron la radio desde donde pensaban leer la proclama. Civiles y militares en el interior del país esperaban la señal para salir a las calles. Esa noche en el Luna Park peleaba Lausse contra el chileno Loayza. Durante la pelea la proclama sería leída como señal para sublevarse.

En la localidad de Florida, Partido de Vicente López, un grupo de complotados, civiles y militares exonerados de la fuerza, se reúnen para esperar la señal y salir a apoyar la sublevación. Mucha gente está pegada a la radio. Ellos esperan la proclama para salir a recuperar la calle, decirle al pueblo clandestino que las conquistas sociales las iban a defender, para liberar a los presos y “restablecer la soberanía popular” tal como decía el mensaje que Valle jamás pudo leer.

La sublevación no era un secreto para la dictadura. Buchones e informantes advirtieron del día y la hora. Los hombres reunidos alrededor de la radio en Florida fueron sorprendidos por las fuerzas policiales y trasladados a la Regional San Martín de la Policía. El comisario Rodolfo Rodríguez Moreno recibe la orden del teniente coronel Desiderio Fernández Suarez de “ejecutar con armas cortas” a los 12 detenidos.

Es la madrugada del 9 al 10 de Junio. El frío se hace sentir. Cargan a los detenidos en un camión hasta el humilde y popular barrio de José León Suarez y en un basural se consuma la masacre. Siete son asesinados, 3 sobreviven. En simultáneo fusilan en Lanús a otros detenidos.

Valle, enterado y tratando de parar la sangrienta represalia se entrega. Ni ese gesto lo salva. Aramburu decreta su fusilamiento de puño y letra. En apenas 72 horas 18 militares y 13 civiles fueron asesinados.

A fines de 1956, en un café de La Plata alguien le dice a un joven Rodolfo Walsh que hay “un fusilado que vive”. Allí nace Operación Masacre, la magistral obra que desmonta y pone en descubierto la masacre que la dictadura de Aramburu y Rojas llevaron a cabo. Nada fue igual después.

La incipiente resistencia peronista supo conectar el sentido del sacrificio de los fusilados con la necesidad de organizarse más y mejor para todos los niveles de lucha, al igual que muchos militantes de izquierda que en su antiperonismo visceral abrigaron alguna tibia esperanza en los “libertadores”. La sangre derramada, la crueldad represiva y el retroceso brutal de derechos y soberanías, hizo click en acción y reflexión sobre el lugar donde había que pararse frente a estos criminales.

Aramburu pagó su culpa. El almirante Rojas murió en su cama bendecido por Menem y los de su clase. Julio Troxler sobreviviente del fusilamiento de los basurales de Suarez, cayó acribillado por las balas de la Triple A (ese ensayo de terrorismo de Estado) en septiembre de 1974, en una trágica parábola de la violencia derechista.

En una clara actitud frente a la situación del país, en 1957 Perón nombró como su delegado personal a John William Cooke. La resistencia fue entonces, y en todos los frentes, la vanguardia en la lucha antidictatorial. Como dijo Cooke: “La unidad exige un claro propósito y una estrategia común variada en su aplicación pero no aguada por malabarismos palabreros. Es, a nuestro juicio, lo mínimo que podemos ofrecer a los pueblos de América Latina”.

Seamos dignos entonces de ese mandato que quisieron asesinar en los basurales.

@capitanthule

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