Medio Oriente

20 julio, 2015

El espejo sirio de Yemen

El país de la Península Arábiga continúa sumido en un conflicto bélico sin solución a la vista. La situación es desesperante en términos humanitarios y se asemeja cada vez más a la de la nación mediterránea, que lleva más de cuatro años de una guerra civil que la convirtió en un Estado fallido.

El país de la Península Arábiga continúa sumido en un conflicto bélico sin solución a la vista. La situación es desesperante en términos humanitarios y se asemeja cada vez más a la de la nación mediterránea, que lleva más de cuatro años de una guerra civil que la convirtió en un Estado fallido.

La esperanza de una tregua humanitaria en el Yemen, que sirviera para paliar la gravísima situación de la población, duró apenas 24 horas: luego del anuncio de las Naciones Unidas de que el impasse en las hostilidades comenzaría el 9 de julio, en la mañana del 10 la coalición liderada por Arabia Saudita bombardeó la capital, Sanaa, y la ciudad de Taiz, en el sudoeste del país. El gobierno del rey Salmán tampoco relajó el bloqueo sobre las costas yemenitas, lo que deriva en que el ingreso de ayuda humanitaria sea prácticamente imposible.

Mientras tanto, las fuerzas del ex presidente Mansour El-Hadi, que abandonó el país luego de que los rebeldes houthíes tomaran el poder en marzo, celebran la recuperación del puerto de Adén, al sur del país. Esta ciudad controla el acceso al estratégico estrecho de Bab-Al Mandeb, uno de los de mayor tránsito de barcos petroleros. Varios ministros del gobierno de El-Hadi retornaron el país y se instalaron en una base militar para “preparar el regreso del presidente”.

La situación humanitaria no tuvo modificaciones y continúa siendo desesperante: el 80% de la población (unos 21 millones de personas) necesita algún tipo de ayuda inmediata; 13 millones sufren hambre y gran parte del territorio no tiene acceso al agua ni a energía eléctrica.

Un conflicto a la Siria

En la actualidad Yemen es la definición de un Estado fallido: absolutamente inestable, sin un gobierno central que controle el territorio y sumido en la pobreza más abyecta, con la gran mayoría de su población sin acceso a alimentos ni a los servicios básicos.

Las razones profundas de este conflicto son propios de la realidad interna del país: una población en su totalidad musulmana pero dividida en partes iguales entre sunníes y chiíes, con un gobierno (el de El-Hadi) antidemocrático y pro-occidental surgido de los coletazos locales de la llamada “Primavera Árabe”. Además, con un territorio recientemente unificado a nivel territorial -en 1994, con la rivalidad entre el Norte y el Sur siempre latente-.

A ese mapa hay que sumarle la poderosa presencia de Al-Qaeda, que hizo de Yemen su base de operaciones dentro de la Península Arábiga. En los últimos años, se le sumó la nueva amenaza reaccionaria del Medio Oriente: el Estado Islámico.

La suma de esa realidad compleja hizo eclosión en el último año. Los houthíes son chiíes, norteños y aliados de Irán; El-Hadi y su fuerza política, sunní, sureño y cercano a Arabia Saudita, tanto que allí fue a buscar refugio cuando cayó en desgracia.

Hoy, la precaria distribución de fuerzas en el territorio del país es una prueba de esta división: el norte, incluida la capital Sanaa, está bajo dominio houthí; el sur, aunque es territorio de disputa, es desde donde el antiguo gobierno y sus aliados saudíes buscan recuperar poder; el oeste, en tanto, tiene vastas zonas bajo influencia de Al-Qaeda.

Una situación que recuerda a la de Siria. Es una guerra amplia, diversa, con dos fuerzas principales que centralizan la disputa pero con decenas de otros grupos que actúan según sus propios intereses, aliándose ocasionalmente con los contendientes mayores. El desenlace posible, entonces, se asemeja al del país aún gobernado por Al-Assad: la atomización del territorio en pequeñas zonas dominadas por grupos de poder locales, al estilo de los warlords africanos, en permanente conflicto. O la guerra eterna, una disputa que termine de convertir a Yemen en un territorio del todo inhabitable.

Hoy, la realidad marca una situación insostenible. Sin respuestas de paz en el corto plazo, con la población al borde de la muerte por hambre y enfermedades, y una potencia vecina que, si bien no se atreve a poner un pie en el territorio, continúa la matanza con los ataques aéreos. Primero fue Afganistán. Luego le siguió Siria. Después le tocó a Irak. Ahora es el turno de Yemen, que como tal ya dejó de existir. La perspectiva es catastrófica y el futuro, una incógnita.

Nicolás Zyssholtz – @likasisol

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