Batalla de Ideas

6 octubre, 2015

Massa rediseña la elección presidencial

Por Facundo Matos Peychaux. En la medida en que el tigrense crece en las encuestas, el escenario del 25 de octubre se vuelve más incierto.

Por Facundo Matos Peychaux*. En la medida en que el tigrense crece en las encuestas, el escenario del 25 de octubre se vuelve más incierto.

“Massismo es más optimismo”, podría haber dicho el jingle de campaña de Francisco de Narváez en 2013. Es que, si en plena fuga de intendentes en junio pasado no había caras largas en el entorno de Sergio Massa, menos las hay ahora que el tigrense es el único que crece en las encuestas desde las PASO, contra todos los pronósticos.

Según la teoría, tercero y en el no-lugar de pretender situarse en el medio de Daniel Scioli y Mauricio Macri, el líder del Frente Renovador debía caer. En lo que fallaron los analistas es en ver lo que desde el massismo venían señalando –y que en otra columna advertíamos-: la figura de Massa despierta muchas adhesiones en la enorme provincia de Buenos Aires (que concentra el 38% del padrón nacional) y su aliado electoral José Manuel de la Sota hace lo propio en el segundo distrito más poblado, la provincia de Córdoba, con casi 9% de los votantes a nivel nacional.

Más aún, los ciudadanos están cada vez más informados y saben discernir entre los distintos niveles de elecciones (municipal, provincial, nacional) y entre las diferentes instancias de votación, por lo que las PASO no funcionaron como una primera vuelta sino como lo que son: primarias. Por eso no existió polarización y mientras Scioli se mantiene estancado en torno a los 39-41 puntos y Macri cae a 27-28, el único que crece es Massa.

En el massismo le atribuyen varias razones a ese crecimiento: el efecto del caso Niembro sobre Macri, la figura de Aníbal Fernández contra Scioli, pero más que nada, la elección de una estrategia atinada para interpelar al codiciado electorado independiente y volátil que no sigue de cerca la política y podría votar a uno u otro candidato.

Según Daniel Arroyo, candidato a vicegobernador de la provincia de Buenos Aires por el massismo, se trata de un 75% del padrón que decide su voto en las últimas tres semanas y sobre el cuál influye mucho la presentación mediática de los candidatos y la percepción que tienen de ellos en cuanto a ciertos atributos como la sinceridad, la capacidad y la fortaleza. Para ellos, diseñaron “el camino de las propuestas”, que hace semanas reemplazó a “la ancha avenida del medio”.

Estando tercero, el líder del Frente Renovador se vio obligado a llevar adelante una campaña más agresiva y eligió hacer hincapié para ello en la vía de las propuestas, que parece estar pagando electoralmente. Lo importante no es la medida propuesta en sí misma (algunas como la inserción de las Fuerzas Armadas en las villas de emergencia para combatir el narcotráfico son peligrosamente disparatadas) sino el hecho de mostrarse proactivo, capaz, abiertamente sincero, en detrimento de dos muy mesurados Daniel Scioli y Mauricio Macri.

De ahí también la crudeza de sus declaraciones cuando se refiere a cualquiera de sus dos competidores. Y su última pieza de campaña, que ya había esgrimido en plena debacle, por lo que nadie siquiera reparó en ella: que ante un eventual ballotage, sus votantes se irían con el FPV y no con el PRO, por lo que el mejor candidato para ganarle al kirchnerismo (como hizo Massa mismo en 2013) es votarlo a él.

Ahora bien, ¿le alcanza para meterse en segunda vuelta con todo esto? Si estuviéramos en Dinamarca o Noruega diríamos que no; en Argentina mejor decir que probablemente no. Todavía lo separan de Macri unos cuatro puntos porcentuales, lo que equivale a poco menos de un millón de votantes, un número demasiado alto. Además, su condición de peronista, aunque opositor, le dificultarían hacer pie en los grandes centros urbanos, donde lograría más votantes.

No obstante, el crecimiento de Massa importa, y mucho. En la medida en que el tigrense crece, ni Scioli logra ganar los votos que le permitirían evitar un ballotage (40%, en principio) ni Macri consigue los votos para forzar la segunda vuelta (por encima del 30% para no caer a diez puntos del gobernador bonaerense). En un giro inesperado de la trama, Massa saldrá casi con seguridad en tercer lugar, aunque sus votos condicionarán el resultado de las elecciones.

Luego, si hay segunda vuelta, su poder de fuego será también determinante. ¿Qué haría en ese caso el ex jefe de Gabinete de Cristina Fernández? En su entorno evitan contestar esa pregunta; aseguran que su único objetivo es entrar al ballotage.

La radicalización de su discurso contra el Gobierno, su acercamiento en algunos puntos a Macri (la no agresión mutua durante el debate presidencial, por ejemplo) y otros indicios, muestran que no sería descabellado verlo a Massa llamando a votar por el jefe de Gobierno porteño después del 25 de octubre. Pero si algo mostraron las experiencias provinciales (con el ballotage porteño a la cabeza) es que el votante sofisticado que mencionábamos más arriba está lejos de seguir ciegamente indicaciones de alguien a la hora de votar.

En ese caso, son malas noticias para Macri por cuanto uno de cada dos votos massistas en las PASO provinieron de la provincia de Buenos Aires y más específicamente, del conurbano bonaerense, donde el jefe de Gobierno tiene menos facilidades que el candidato del FPV.

Ingresando o no en el ballotage (en caso de que haya), en el massismo tienen motivos suficientes para ser optimistas. Y lo son.

@FacundoMatos

* Periodista, redactor de El Estadista

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