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En busca de una mayoría

En busca de una mayoría
octubre 12
00:04 2015

Por Ulises Bosia. A dos semanas de las elecciones presidenciales, las consultoras gozan de la temporada alta del negocio y -millones de pesos de por medio- concluyen que el resultado de las PASO hace 60 días expresa alineamientos estables que grosso modo se mantienen de cara al 25 de octubre.

El esquema 40-30-20 puede permitir por sí mismo un triunfo del Frente para la Victoria (FpV) en primera vuelta, pero los márgenes son muy ajustados. Un punto a favor o en contra para cualquiera de los candidatos puede ser determinante y los tres principales espacios definen sus estrategias en función de ese objetivo.

Scioli busca el punto que necesita, con fe y previsibilidad

Daniel Scioli convive en la mezcla de continuidad y cambio que siempre pregonó como estrategia durante los años kirchneristas y que, pese a las distintas presiones para que desequilibre la balanza o bien para un lado o bien para el otro, mantuvo firmemente con muy buenos resultados.

Esa estrategia no oculta la distancia existente entre lo que ya se puede llamar el “sciolismo” y el “kirchnerismo puro”, sino que al contrario sostiene la importancia de diferenciarse, pero mantiene la necesidad de una política de acuerdo. En todos estos años lo hizo de manera subordinada al liderazgo de Néstor primero y de Cristina después, en cuyas figuras convergían tanto la conducción del gobierno nacional como del Frente para la Victoria.

Ahora bien, en caso de convertirse Scioli en presidente, se abrirá una nueva etapa donde ambos liderazgos no serán automáticamente convergentes -¿en qué medida Cristina mantendrá su liderazgo político en el FpV fuera del gobierno dando lugar a una situación inédita desde 1983?-, por lo que la relación entre ambas fracciones políticas es una de las variables de análisis que genera grandes interrogantes.

Con el objetivo de mostrarse como garantía de previsibilidad y gobernabilidad -el tono conservador de estas elecciones se trasluce también en que la campaña del principal candidato se apoya en el miedo a perder las conquistas ganadas en estos años, mientras que en 2011 la línea era “profundizar el modelo”-, Scioli anunció a varios integrantes de su eventual gabinete. Se destaca por un lado la presencia de gobernadores de distintas provincias y referentes del Partido Justicialista, así como por otro lado la ausencia de referentes de la tropa propia que construyó Cristina en estos ocho años -los actuales funcionarios kirchneristas mencionados, como Bossio o Filmus, no pueden ser encuadrados estrictamente allí-.

El gobernador bonaerense construye así la idea de que si bien su gobierno promete “construir a partir de lo construido”, al mismo tiempo su gestión será diferente. Asimismo, es evidente la promesa de acercar al núcleo del poder político nacional a sectores del peronismo que durante estos años fueron excluidos de la mesa chica de decisiones, como forma originaria de la acumulación de poder propio que todo nuevo presidente requiere; una tentación que también surte efecto en la dirigencia gremial y en las filas del peronismo opositor alineado tras la candidatura de Sergio Massa.

Por otro lado, de los tres temas principales de la campaña electoral -la agenda económica, la política de seguridad y la corrupción institucional- Scioli centró la suya en los primeros dos, expresando ya diferencias con la prédica kirchnerista.

En cuanto a su política de seguridad, porque el kirchnerismo -a pesar de los zigzagueos, retrocesos e inconsistencias- evitó poner ese eje en el centro de su propuesta política y cuando tuvo que hacerlo se rehusó a plantear la idea de que la “inseguridad” se resolvía fundamentalmente con más policía.

En cuanto a la propuesta económica, sus principales asesores hablan abiertamente de un cambio de agenda, y el acento en la competitividad, la baja de la inflación y la atracción de inversiones extranjeras -algo en que los tres principales candidatos coinciden más de lo que parece- lo ratifica, como venimos analizando en esta misma columna.

Macri descubre que el antiperonismo no es de mayorías

La propuesta de Cambiemos está estancada en el propio techo que se impuso al negarse a acordar con el peronismo opositor de Sergio Massa. Quedó delineado así un espacio que expresa ideológicamente una combinación de republicanismo, gestión tecnocrática, antikirchnerismo y antipolítica.

Logró conseguir de esta forma la representación de una buena parte de las clases medias urbanas, lo que le puede permitir sumar al PRO las intendencias de ciudades como Mar del Plata, La Plata y Bahía Blanca a la Ciudad de Buenos Aires y a triunfos de aliados en otras como Mendoza y Córdoba. Por otro lado con esa política casi consiguió ganar la provincia de Santa Fe, lo que hubiera sido un enorme salto de calidad.

Pero ante la evidencia de ese techo, ya antes de las PASO Macri intentó suavizar su antikirchnerismo aceptando en su discurso algunas de las conquistas de estos años, mientras que últimamente buscó suavizar también su antiperonismo en la grotesca inauguración de una estatua de Perón junto a Moyano, Venegas, Duhalde y otras figuras intragables para su propio electorado.

Estos movimientos aparecen como incongruentes y generan confusión, e incluso corren el riesgo de dar una imagen de desesperación y oportunismo contraproducente para mantener el voto a Ernesto Sanz y Elisa Carrió en las PASO, para el que Margarita Stolbizer puede ser una opción. Este riesgo se agravó con el caso de corrupción de Fernando Niembro, cuya salida de la lista sólo puede ser interpretada políticamente como una confesión de parte.

En el fondo, Macri asume que sólo en situaciones muy particulares -de crisis económica y/o fuerte descrédito institucional, de un peronismo muy dividido o de una sociedad muy polarizada- una opción antiperonista puede construir una mayoría en nuestro país. Una hipótesis que se pondría a prueba en el caso de un ballotage.

Massa se mantiene firme

El alejado tercer lugar de Sergio Massa lo obligó a arriesgar y ser más agresivo en su campaña, lo que le viene trayendo buenos resultados, así como a buscar mantener los votos del gobernador cordobés De la Sota.

Llegar al 25 de octubre con un 20% de los votos y así haber evitado que la elección se polarice, ya sería para el Frente Renovador un triunfo -con mayor razón si consigue achicar la diferencia con Macri- que o bien lo convertiría en árbitro de un eventual ballotage o bien le otorgaría un resultado de alto valor para ubicarse en la próxima etapa política.

Es evidente que un eventual gobierno de Scioli ejerce una fuerte atracción sobre sectores del peronismo opositor, pero incluso para aquellos que se mantengan en la oposición habrá posibilidades de hacer política, a medida que se vayan delineando nuevos alineamientos en la política nacional.

En efecto, el juego político entre “sciolismo” y “kirchnerismo puro”, les permitiría mostrarse como una opción de respaldo “por derecha”, en los momentos en que las contradicciones se agudicen. El peor escenario para ellos sería una buena convivencia -lo que supone una adaptación y un disciplinamiento del “kirchnerismo puro” a Scioli-, que disuelva la justificación de la existencia de su ubicación política.

En cierta forma, sus posibilidades son opuestas exactamente a las de sectores progresistas y de izquierda -internos y externos al FpV-, que podrían aparecer como respaldos “por izquierda” al “kirchnerismo puro”, también en los casos en que sus contradicciones se agudicen y para los que también sería el peor escenario un disciplinamiento al sciolismo.

Más allá de estas especulaciones sobre las conveniencias de los distintos sectores políticos, es claro que desde el punto de vista de la defensa de las conquistas de los años kirchneristas y de los intereses nacionales y populares, la subordinación del “kirchnerismo puro” al “sciolismo” ya es hoy día una amenaza.

@ulibosia

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