Fútbol argentino

17 octubre, 2015

Mataderos, fútbol y Perón

El 24 de octubre de 1981, Chicago recibía a Defensores de Belgrano por la B Nacional. El partido podría haber sido uno más entre tantos que se juegan todos los fines de semana en nuestro país. Sin embargo, se terminó convirtiendo en una de las historias más representativas entre un barrio y su identidad política.

El 24 de octubre de 1981, Chicago recibía a Defensores de Belgrano por la B Nacional. El partido podría haber sido uno más entre tantos que se juegan todos los fines de semana en nuestro país. Sin embargo, se terminó convirtiendo en una de las historias más representativas entre un barrio y su identidad política.

El encuentro es recordado porque en el medio del mismo, la hinchada de Nueva Chicago comenzó a entonar la marcha peronista. Entre la euforia de la gente por el tres a cero parcial y el inminente retorno a primera, la gente cantó el himno justicialista como cualquier otra canción de cancha, pero en realidad era una voz de resistencia a los años de silencio sufridos en la dictadura la que lo entonaba. Al principio fueron unos pocos y después se sumó todo el estadio. Por supuesto, la policía local no pudo tolerar semejante expresión en pleno régimen de facto.

Las crónicas de aquellos días hablan de 49 detenidos tras finalizar el partido, los protagonistas del suceso dicen que fueron unos tantos más. Pero lo curioso fue que algunos de ellos fueron llevados al trote por la falta de móviles. Escoltados por la montada y entre medio de palazos, patadas y topetazos desde los caballos, un puñado de hinchas tuvo que recorrer a pie las seis cuadras que separan al estadio del ‘torito’ de la seccional 42°, en donde finalmente quedaron detenidos. En el medio, los vecinos del barrio de Mataderos pedían a los gritos y piedrazos la libertad de los arrestados, a lo que la policía subía a las veredas y respondía a golpes.

El subcomisario Quintana, vocero policial en esa época, informó después que, del total de los detenidos, 40 recuperaron la libertad a las pocas horas, mientras que al resto los trasladaron al penal de Ezeiza en donde estuvieron demorados durante 30 días.

A la semana siguiente, Chicago visitó a Atlanta y a la vuelta la hinchada pasó por la comisaría en donde algunos seguían detenidos. Muchos volvieron a tararear la introducción de la marcha pero se despacharon con la letra del conocido arroz con leche. Fue un gesto provocador y hasta cómico, pero que mantenía tintes de rebeldía ante un régimen que ya estaba en retroceso.

La violencia que separa y une

Chicago y All Boys serán contrarios y formarán uno de los clásicos más importantes del ascenso, pero ambos comparten haber sido víctimas de violencia institucional en manos del mismo hombre.

El encargado del apriete en la cancha del ‘torito’ fue el sargento primero de Caballería Juan de Dios Velaztiqui, quien después de eso se ganó bien el apodo de “el trotador”. Velaztiqui volvió a la escena nacional en otros tiempos violentos de nuestro país: el 29 de diciembre de 2001, cuando asesinó a quemarropa a Maximiliano Tasca, de 23 años; Cristián Gómez, de 25, y Adrián Matassa, de 23. Los jóvenes estaban viendo la televisión de un maxiquiosco en la esquina de Gaona y Bahía Blanca, en Floresta, y sólo les bastó con celebrar la paliza que estaba recibiendo un policía en la pantalla para que Velaztiqui les dispare y acabe con sus vidas.

El comisario quiso simular un enfrentamiento, moviendo los cuerpos y plantándoles un cuchillo pero no pudo ocultar la verdad por la cual fue condenado a cadena perpetua. Hoy en día en el lugar hay murales con las caras de los jóvenes y escudos de All Boys por su simpatía por el club.

Bajo el trote y el gatillo fácil, Velaztiqui, sin querer, unió lo que el fútbol nunca pudo ni podrá.

Mataderos, barrio peronista

Barrio extenso, en la transición de campo-ciudad, se define como barrio residencial cuando lo que da origen a su nombre comenzó a funcionar allí a principios de siglo pasado. También fue conocido como “Nueva Chicago”, porque en la homónima ciudad estadounidense funcionaba el centro ganadero más importante del mundo. Mataderos es históricamente un barrio de clase obrera, trabajadora y de fuerte actividad sindical.

La toma del frigorífico Lisandro de La Torre en el año 1959 constituye uno de los episodios más emblemáticos de la lucha sindical ante las políticas de privatización y ajuste. En ese año, el gobierno de Arturo Frondizi decidió vender el frigorífico que contaba con más de nueve mil empleados y que había pasado a ser de capital nacional durante la primera presidencia de Perón.

La huelga y la toma terminaron en una fuerte represión con más de 1500 oficiales y la utilización de tanques. Cerca de cinco mil empleados fueron cesanteados tras concretarse la privatización a través de una licitación internacional que fue luego adjudicada a la Corporación Argentina de Productores de Carne. El hecho marcó el inicio de un periodo de alta conflictividad social en el país.

Fue en la cancha de Chicago, en 1972, donde la Juventud Peronista lanzó el plan “Luche y vuelve” para concretar la vuelta definitiva del conductor del movimiento nacional justicialista. El acto ese día lo cerró el mismo Héctor Cámpora.

Incluso Mario Negro, intendente del estadio de Nueva Chicago, cuenta en el documental Al trote que en 1955, cuando derrocan a Perón, la gente del barrio ocultó un busto de Evita para preservarlo después de que uno del general desapareciera. Se dice que esa obra sigue enterrada ahí mismo, bajo el césped del Estadio República de Mataderos, en un lugar que muy pocos conocen.

Son varios hechos a lo largo de la historia que marcan a fuego la relación entre el pueblo de Mataderos y su identidad política, que es la identidad peronista. Las calles del barrio lo reflejan en distintos murales, muestra de la creatividad y del arte al servicio de construir la identidad popular.

Ese 24 de octubre de 1981, la hinchada de Chicago dio muestra de su esencia de manera espontánea durante un partido de fútbol. Cansado del silencio y la censura, el pueblo de Mataderos dio, como siempre, otro grito de corazón.

Lucas De París – @lucass_dp

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