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No son sólo caras bonitas: las condiciones del cambio

No son sólo caras bonitas: las condiciones del cambio
noviembre 09
00:00 2015

Por Ulises Bosia. Millones de personas conversan, pelean, piensan, escuchan y sacan sus propias conclusiones sobre lo que está en juego en el ballotage. Algunas claves para sumar a ese gigantesco debate sobre los programas económicos, los márgenes sociales para un ajuste, las fuerzas en pugna detrás de los dos candidatos.

Detrás de los cambios sustanciales en un país siempre actúan grandes fuerzas sociales que interpretan de maneras determinadas la coyuntura económica presente; combinan sus anhelos y expectativas futuras con las opciones políticas en juego; construyen y pelean por la forma que toma la memoria del pasado reciente y también del largo tiempo histórico.

Además, en esos momentos de cambio se juegan por todas las vías los intereses de las distintas clases sociales y también de las fracciones internas que las componen -no siempre de manera abierta y transparente-, pujan las influencias de los grandes poderes imperiales del mundo, así como de los medios de comunicación capaces de construir “realidad”.

También juegan un papel determinante las principales construcciones políticas que caracterizan a una sociedad en un momento histórico concreto -con sus historias e intereses de por medio-, así como las organizaciones gremiales, las cámaras patronales y otras instituciones influyentes de la sociedad, como pueden ser las estructuras religiosas.

Finalmente, también es determinante la propia acción de liderazgos individuales, puestos ante la necesidad de tomar decisiones capaces de torcer los rumbos.

Sin embargo, más allá de toda esta complejidad, los 40 millones de argentinos y argentinas hacemos nuestro propio análisis y en función de él tomamos las decisiones que nos parecen más acertadas.

El proceso de deliberación generalizado que estamos viviendo desde que quedaron claros los resultados del 25 de octubre es la forma que toma ese gigantesco proceso de análisis de millones de personas, necesario para procesar la nueva realidad y optar qué camino tomar.

Entonces, aunque en apariencia el ballotage presidencial se reduce a un enfrentamiento entre dos personas -Scioli y Macri-, en esencia integra todas estas dimensiones del análisis social que, buscando un método capaz de comprender las tendencias determinantes y poder actuar en consecuencia, el marxismo sintetiza en la lucha de clases.

¿Se viene un cambio en las grandes correlaciones de fuerzas sociales?

Una comparación rápida entre la situación política de octubre de 2011 -cuando Cristina obtuvo el 54% de los votos prometiendo la “profundización del modelo”- y la de octubre de este año -una elección en la que Massa, Macri y Scioli prometieron distintos matices del “cambio”- deja en claro la existencia de un corrimiento a la derecha.

Los resultados del 25 de octubre convalidaron socialmente ese rumbo de “cambio” regresivo y en estas condiciones quien gane el 22 de noviembre tendrá mayores márgenes para una política de ajuste. ¿Pero hasta qué punto será aceptado socialmente?

Contestar esa pregunta requiere analizar la situación de las grandes fuerzas sociales. A diferencia de otros momentos históricos, llegamos al recambio presidencial sin que el pueblo trabajador haya sufrido una derrota política contundente. Se trata de un elemento para nada menor.

Las correlaciones de fuerza entre las principales clases sociales no se modifican fácilmente y las últimas grandes conflagraciones que las definieron -en la salida de la Convertibilidad- marcaron a fuego la política de todos estos años.

Por ejemplo, los conflictos de gran peso político, económico, social y cultural abiertos en 2008 -con la resolución 125- se movieron al interior de esas mismas correlaciones de fuerza, impidiendo tanto un avance popular sobre la clase dominante como una contraofensiva antipopular. En ese equilibrio construyó su hegemonía el kirchnerismo.

Por el momento, el final de esa hegemonía no condujo a una derrota popular suficiente para la modificación de esas correlaciones de fuerzas, que permita un avance del capital concentrado. Pero sí genera las condiciones para que en el futuro la derrota ocurra.

Precisamente lo que se juega en el ballotage son las condiciones en que se dará esa pelea social fundamental en la próxima etapa, de resultado abierto. Por eso su desenlace no puede ser indiferente para el pueblo trabajador: un triunfo del PRO generará las peores condiciones para evitar una derrota cualitativa de la clase trabajadora.

“Neodesarrollismo sin populismo” y liberalismo

Desde el conflicto con las patronales agropecuarias en 2008, una parte importante del poder económico reclama abiertamente la necesidad de un ajuste que recomponga sus márgenes de ganancia -no por escasos, sino porque consideran que pueden ser mucho mayores-, que termine con la intervención “perturbadora” del Estado y que se recompongan las relaciones con los mercados financieros internacionales.

Ante la negativa del kirchnerismo de recorrer ese camino, paulatinamente fue surgiendo una oposición política desde su interior, cuyo programa político y económico fue una promesa de regreso a los primeros años “virtuosos” del “modelo”, que venimos caracterizando como un proyecto de “neodesarrollismo sin populismo”. El Frente Renovador de Sergio Massa fue su principal expresión, sintetizada en su eslogan “el cambio justo”.

Desde el interior del Frente para la Victoria, el sciolismo también fue asumiendo algunos de sus planteos, como parte de la “continuidad con cambios” que propone. En las últimas dos semanas, el ballotage acentuó esa tendencia y es de esperar que hasta el 22 de noviembre este discurso se profundice.

Por otro lado, se fue construyendo desde la oposición otro programa, de carácter liberal, alrededor del PRO. El liberalismo es la ideología del país exportador, de la apertura comercial y los tratados de libre comercio, de la sumisión a los intereses de los Estados Unidos, de los bajos salarios para reducir los costos, del endeudamiento externo, de la desindustrialización y por lo tanto del desempleo.

Sus temas recurrentes son la crítica a la “ineficiencia” del Estado, la teoría del derrame que Macri formula bajo la idea de que “cobrando menos impuestos va a haber más trabajo”, la idea de que la “inflación es la madre de todos los males” sin hablar del poder adquisitivo del salario.

El PRO tiene algo nuevo: en muchos momentos de nuestra historia fueron aplicadas políticas económicas liberales, sin embargo esta es la primera vez que un partido identificado abiertamente con esas ideas está en condiciones de acceder a la presidencia por la vía electoral. No es poca cosa. Pero las políticas liberales ya fueron aplicadas en demasiadas oportunidades.

@ulibosia

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