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El socialismo de cuello blanco

El socialismo de cuello blanco
noviembre 18
00:00 2015

Por Diego Rach, desde Rosario. La emergencia del PRO como alternativa viable al kirchnerismo reacomodó la estrategia de poder de todo el espectro político, frente a lo cual el Partido Socialista adoptó una posición de “ni uno, ni otro”. ¿Cuáles son los factores que explican dicha postura?

Los resultados del 25 de octubre podrían indicar que la volatilidad del voto se ha disparado luego de que en 2011 Cristina Fernández ganase por un resultado imponente. Macri obtuvo un importante caudal de votos desde el delasotismo en Córdoba, salió en segundo lugar en las tierras santafesinas del socialismo y ganó en la Mendoza de los radicales Ernesto Sanz y Julio Cobos.

La historia reciente del socialismo

A mediados del 2011 se conformaba el Frente Amplio Progresista (FAP) mediante la alianza entre el Partido Socialista (PS), el Partido GEN y el Partido Socialista Auténtico al que terminaron adhiriendo Unidad Popular de Víctor De Gennaro, el Partido Nuevo de Luis Juez y Libres del Sur liderado por Humberto Tumini, entre otros. Afuera quedó el Movimiento Proyecto Sur de “Pino” Solanas, que se encuadraría en la candidatura presidencial de Alcira Argumedo.

El FAP llevó a la fórmula Binner-Morandini a disputar el Ejecutivo nacional. En las elecciones de octubre de 2011 obtuvieron el segundo lugar con el 17% de los votos, superando al radical Ricardo Alfonsín. Desde entonces, paradójicamente, este espacio de centro-izquierda fue perdiendo terreno tras la mejor elección de su historia.

A mediados de 2013 se conformó el Frente Amplio UNEN sumando a la Coalición Cívica-ARI, Proyecto Sur y la Unión Cívica Radical. Si bien había obtenido un resultado positivo en las elecciones legislativas de ese año, la heterogeneidad de su composición y la gran cantidad de referencias que competían en su interior, terminó acabando con el proyecto. La salida de Elisa Carrió y la alianza de la UCR con el Pro luego de la Convención de marzo de 2015, terminaron por implosionar los últimos resabios de un progresismo demasiado prostituido.

Finalmente, en 2015, se conformó Progresistas que llevó a Margarita Stolbizer (GEN) como candidata a la presidencia de la Nación. En el camino, la figura de Binner quedó completamente desgastada, al punto que ni siquiera obtuvo la banca en el senado por la provincia en la que hace menos de una década era electo gobernador. El socialismo pasó de los tres millones y medio de votos nacionales en 2011 a unos 600 mil en 2015, apenas una regla de dividendos de cero.

El escenario santafesino

Santa Fe es la primera y la única provincia gobernada por los socialistas, quienes se encuentran debilitados tras las últimas elecciones, tanto por el desgaste de dos períodos de gobierno como por la potencia con que fueron enfrentados por el Pro.

¿Pero cómo concebir que no llamen a derrotar a su adversario local? Esto solo puede entenderse por la falta de acuerdos orgánicos hacia el interior, por la incapacidad de llevar adelante una discusión hacia adentro sin rispideces y por las posturas divergentes que rondan en el partido y en el Frente Progresista Cívico y Social (FPCyS).

En este contexto, existen tres desafíos hegemónicos: los primeros dos se refieren a consolidar el gobierno socialista y mantener la preponderancia al interior del Frente Progresista. Pero el principal reto de los socialistas no es ese, sino sostener la alianza con los radicales que componen el frente, que a nivel nacional están casi en su totalidad aglutinados en torno a Cambiemos. Porque sostener la existencia del frente es lo que le permite sostener al socialismo en el poder.

La posición del socialismo en el ballotage

En un escueto posicionamiento del día miércoles 28 de octubre, la Mesa Nacional del PS sostuvo “con claridad” que no apoyará las candidaturas presidenciales ni de Mauricio Macri, ni de Daniel Scioli. “Nuestra visión de país, nuestras ideas progresistas, no están representadas en ninguna las dos primeras minorías que fueron votadas en la última elección”, expresaron.

En medio del convulsivo escenario político de nuestro país, apenas tres párrafos declaran, entre otras cosas, la imposibilidad de formar una “izquierda democrática en el país”, la necesidad de hacer alguna autocrítica y un saludo a la ciudadanía por la labor en las urnas.

El “voto ganado” o “el voto sincero” de la campaña de Stolbizer, materializó en su momento la incapacidad de traccionar el escenario político por una vía popular, más aún operó como refugio de un supuesto ideario ético del que no es posible hacer ninguna referencia con seguridad.

La relación del socialismo con los radicales es un factor de peso para entender el tono dubitativo de su posicionamiento. En primer lugar porque -como ya se ha dicho- es prioritario sostener la alianza en Santa Fe. Pero también porque parece que el PS no es capaz de desligarse del aliado que le ha permitido catapultarse en la última década, aún cuando ya Ricardo Alfonsín torció el rumbo de la posible alianza al preferir apoyar a De Narváez en provincia de Buenos Aires o en la actualidad, cuando radicales del propio espacio del FPCyS se lanzan en apoyo de Macri por Twitter.

Estas contradicciones internas a la identidad partidaria operan como un bloqueo y como una ceguera. El socialismo no logra comprender que la vía popular no se ubica entre los polos kirchnerismo/antikirchnerismo, sino en sus márgenes, en sus periferias, es sus barriadas. El socialismo no sólo está debilitado en su institucionalidad, sino que es débil en el imaginario mismo de su historia.

Es verdaderamente cierto que la experiencia del Partido Socialista ha significado en la historia argentina, desde Alfredo Palacios hasta Hermes Binner, la posibilidad de desmalezar el camino para un socialismo democrático. Pero así mismo, desde Juan B. Justo hasta Margarita Stolbizer, la realidad del socialismo es su incapacidad absoluta de comprender la historia nacional. Ni ha sido capaz de procesar la irrupción del peronismo que desde mediados del siglo XX ha disputado la encarnación de la clase obrera, ni ha sido capaz de articular un movimiento popular verdaderamente radical y democrático.

El voto en blanco, o para ser más justos, la indeterminación del voto de cara al ballotage, es apenas la continuidad de una perspectiva política que en medio de las coyunturas más adversas no se arriesga al barro de la historia, sino que apenas es capaz de ostentar la moral funcionaria de un socialismo de cuello blanco.

@tre393

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1 Comentario

  1. adzian
    adzian noviembre 19, 19:52

    Aunque comparto la mayoría de tus apreciaciones, como socialista estoy totalmente de acuerdo con la resolución de mi partido. Apoyo a este peronismo, jamás.

    Reply to this comment

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