Medio Oriente

4 enero, 2016

Aumenta la tensión entre Irán y Arabia Saudita tras la ejecución de un clérigo chiita

Luego de la muerte de Nimr Al-Nimr, y las protestas que le sucedieron en distintas ciudades iraníes, el reino saudí decidió romper relaciones con la República Islámica de Irán.

La ejecución del clérigo chiita Nimr Al-Nimr -una figura popular entre los jóvenes del este de Arabia Saudita- por cargos relacionados con terrorismo, llevó las relaciones entre dos de las mayores potencias del Medio Oriente a los niveles más altos de tensión en mucho tiempo.

Al-Nimr había formado parte de las protestas en el Emirato Oriental del reino, de mayoría chiita, en 2011 y 2012, en el marco de la Primavera Árabe. En aquella ocasión, la exigencia era el fin de la exclusión por parte de la mayoría sunnita, que conforma el 87% de los habitantes del país.

Tras el cumplimiento de la condena, se desataron protestas que tuvieron epicentro en las ciudades iraníes de Teherán y Mashhad, y en los barrios chiitas de Beirut, capital de Líbano. En la capital persa los manifestantes invadieron el edificio de la embajada saudí e incluso incendiaron una parte con bombas molotov. Hechos similares ocurrieron en el consulado ubicado en Mashhad, segunda ciudad más importante.

Los mayores referentes chiitas se pronunciaron con graves expresiones en contra de la ejecución. El líder supremo de Irán, Ayatollah Ali Kamenei, aseguró que Arabia Saudita recibiría “una venganza divina” por la muerte de Al-Nimr. Afirmó que “la sangre injustamente derramada de este mártir tendrá rápidas consecuencias” porque “Dios no perdonará”.

El líder de la organización político militar libanesa Hezbollah, Hassan Nasrallah, por su parte, calificó la situación como “un incidente aplastante para la Tierra, del que la dinastía saudita ha subestimado la reacción”. “Los Al-Saud (familia real saudita) están equivocados, como de costumbre”, dijo, según cita la oficina de Beirut de Prensa Latina.

Hassan Rouhani, presidente iraní de tendencia “moderada”, se expresó en términos menos fuertes. Aunque condenó la ejecución de Al-Nimr, hizo foco en los ataques contra la embajada y el consulado saudí en su país, a los que calificó como “totalmente injustificables”.

Escalada diplomática

El ministro de Relaciones Exteriores de Arabia Saudita, Adel al-Jubeir, anunció tras las protestas contra las sedes diplomáticas que su país rompía relaciones con Irán, y le dio un plazo de 48 horas a los dignatarios de la República Islámica para abandonar el territorio del Reino.

“La historia de Irán está llena de interferencias negativas y hostilidad en los asuntos árabes, y siempre está acompañada por la destrucción”, dijo Al-Jubeir en conferencia de prensa. “No permitiremos que (Irán) dañe nuestra seguridad”, afirmó, tras acusar a la nación persa de distribuir armas y crear células terroristas en territorio saudí.

Este es el primer enfrentamiento diplomático directo en décadas entre la república chiita y el reino sunnita. Ya había habido tensiones en 2015 tras un derrumbe en La Meca durante la Hajj, el tradicional peregrinaje musulmán, en el que murieron 107 personas según cifras oficiales, entre ellos varios iraníes. Una situación similar a la ocurrida en 1987.

Cabe recordar que tanto en Siria como en Yemen, las dos grandes guerras actuales del Medio Oriente, apoyan sectores opuestos. Irán es, junto con Rusia, el principal sostén del presidente sirio Bashar Al-Assad. Arabia Saudita, en tanto, coopera oficialmente con los rebeldes apoyados por Estados Unidos, aunque está ampliamente probada su simpatía con grupos extremistas sunnitas como el frente Al-Nusra y, en menor medida, el Estado Islámico.

En Yemen, el reino saudí acuso a Irán de proveer apoyo logístico a los rebeldes houthíes, que actualmente mantienen el poder en las principales ciudades yemenitas. La República Islámica, de cualquier manera, no envió oficialmente fuerzas de seguridad al país de la península arábiga.

¿Quién era Nimr Al-Nimr?

Nacido probablemente en 1960 en la ciudad de Qatif, principal centro chiita de Arabia Saudita así como la ciudad más importante del Emirato Oriental, Al-Nimr realizó estudios religiosos en Irán y Siria antes de retornar su patria en 1994.

Allí se mantuvo como una figura de segundo orden entre los chiitas del este, ya que no integraba ninguno de los movimientos mayoritarios de la región. Sin embargo, aumentó su popularidad en los últimos años a partir de su rol protagónico en las protestas contra la dinastía de los Al-Saud que tuvieron epicentro en Qatif; el pedido era por el fin de la exclusión de los chiitas, que son el 12% de los musulmanes saudíes.

En 2008 se reunió con miembros de la diplomacia estadounidense, buscando alejarse de la imagen de pro-iraní que tenían de él los norteamericanos. Sin embargo, no logró terminar de convencerlos. “Algunos analistas locales”, asegura el cable filtrado por WikiLeaks, “creen que Al-Nimr no dudaría en unirse a agentes iraníes en un posible levantamiento”.

Arrestado en diversas ocasiones -en las cuales denunció torturas de la policía secreta-, fue apresado definitivamente en 2012 y sentenciado a muerte en octubre de 2014.

Consecuencias imprevisibles

Como se mencionaba, esta ruptura de relaciones se da en el contexto de una serie de conflictos que ya enfrentaban indirectamente a iraníes y saudíes. A las guerras en Siria y Yemen hay que sumarles las históricas disputas entre sunnitas y chiitas en Líbano, Irak y Bahrein.

Arabia Saudita, al mismo tiempo, necesita recuperar su posición de aliado preferencial de Estados Unidos en la región. La dinastía reinante aún teme los efectos de la primavera árabe de 2011-2012 y lamenta el reposicionamiento de Irán a nivel internacional tras la firma de los acuerdos nucleares. Esta escalada diplomática, entonces, puede leerse como la búsqueda del rey Salmán de recuperar la legitimidad perdida.

Las potencias del Medio Oriente, que hasta ahora participan de los conflictos desde los márgenes, ahora se enfrentan de manera frontal. Aún es pronto para saber si se trata de un simple desafío para obtener réditos políticos, o un conflicto real que puede tener graves consecuencias para toda la región.

Nicolás Zyssholtz – @likasisol

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