Batalla de Ideas

14 abril, 2016

Cristina Kirchner: manual para aprovechar la adversidad

Por Federico Dalponte. Una declaración judicial que no fue y un acto político a la salida de tribunales. La reaparición de la ex presidenta tuvo poco contenido penal, pero sirvió a sus militantes para reencontrar el rumbo. Fruto de una citación caprichosa, Claudio Bonadío le infundió épica al kirchnerismo.

Por Federico Dalponte. Una declaración judicial que no fue y un acto político a la salida de tribunales. La reaparición de la ex presidenta tuvo poco contenido penal, pero sirvió a sus militantes para reencontrar el rumbo. Fruto de una citación caprichosa, Claudio Bonadío le infundió épica al kirchnerismo.

Y volvió nomás. Tras cuatro meses de bajo perfil, el miércoles Cristina Kirchner volvió al centro de la escena política. Mauricio Macri viajó a Salta, se juntó con el gobernador Juan Manuel Urtubey, depositó su fortuna en un fideicomiso. Pero casi nadie se enteró. Los ojos estaban puestos en Comodoro Py.

Los que ansiaban ver a la ex presidenta humillada, dando explicaciones, implorando compasión, se encontraron con una escena sorpresiva: miles de militantes acompañando a su líder, soportando la lluvia estoicos, y un trámite judicial breve, brevísimo.

En términos procesales, la presentación de Cristina ante el juzgado de Claudio Bonadío no significó mucho. Un escrito, un sello de recibido, un pedido de recusación. Prácticamente nada.

Lo que el juez había preparado como una fuerte embestida contra el kirchnerismo terminó siendo su antítesis, su catalizador. Es que la estrategia era bastante mala: ante una ex mandataria acorralada por serias denuncias de corrupción, Bonadío la citó por una causa en la que ni los propios denunciantes la consideran responsable.

Cristina Kirchner fue forzada a volver a Buenos Aires por una causa burda, tosca, mal planteada y peor llevada. Bonadío aportó la épica. Si algún militante kirchnerista tenía dudas sobre la ex presidenta, el juez federal se las despejó: al margen del discurrir de las acusaciones por lavado de dinero o enriquecimiento ilícito, la causa sobre el «dólar futuro» tiene una motivación política evidente. Y se notó.

Así, el contexto de la citación se pareció bastante a una persecución política, a una especie de capricho personal del juez. En suma, Bonadío hizo todo mal. Y el kirchnerismo, que perdió el gobierno pero no las mañas, lo aprovechó todo lo que pudo.

Salir del laberinto

Cristina Kirchner no es como Mauricio Macri. Frente a un ataque, el actual presidente puede defenderse mejor o peor. Puede difundir un comunicado escueto, específico, o puede incluso presentarse de manera espontánea ante la Justicia. Pero nada más.

Ella no. Independientemente del grado de culpa que le corresponda, Cristina Kirchner procurará siempre redoblar la apuesta. Así fue durante sus dos mandatos, y así continúa siendo.

En 2009, tras las elecciones legislativas de junio, el Frente para la Victoria (FpV) se vio acorralado al perder el control del Congreso. Pero en ese semestre, antes del recambio de legisladores, el kirchnerismo retomó la iniciativa y aprobó la «Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual», instituyó la «Asignación Universal por Hijo» y dio inicio al programa «Fútbol para Todos». Como decía Marechal, salió del laberinto por arriba.

El miércoles, con la misma lógica y con algunos mismos actores, lejos de hundirse en el silencio, Cristina Kirchner se paró arriba del escenario y estuvo una hora entera hablándoles a sus militantes: “Estén muy tranquilos, me pueden citar veinte veces más, me pueden meter presa, pero no me pueden callar”.

Y aunque parecía un acto público, no les habló a todos. La apelación no fue destinada a los dubitativos, a los oscilantes. Les habló a los convencidos. A los que se pararon a las 9 de mañana, bajo la lluvia, a esperar su reaparición.

Como dato, resulta al menos interesante. Cristina Kirchner hoy todavía es capaz de convocar a miles de personas un miércoles espantoso a la salida de un juzgado. Ello no la transforma en mejor mandataria, pero sí en mejor dirigente. Difícilmente hoy otro político pudiese lograr algo similar. Sobre todo –vale repetir– a la salida de un juzgado; no en plena campaña electoral. A la salida de un juzgado.

El poder, es evidente, no se disipa de un día para el otro. Cristina Kirchner estuvo cuatro meses encerrada en su casa mientras despedían a miles de trabajadores, mientras aumentaban las tarifas, mientras el gobierno arreglaba con los fondos buitre.

Nada, ni siquiera el vacío más absoluto logró que emergiera un dirigente sustituto. A Héctor Recalde se le borraron una quincena de diputados antes de la primera sesión. El bloque de Miguel Ángel Pichetto en el Senado no pudo unificar posturas. Los gobernadores son capaces de entregar las banderas, el mástil y hasta el atril a cambio de la coparticipación.

El FpV fue hasta el 10 de diciembre un masivo movimiento encolumnado detrás de Cristina Kirchner. Y el miércoles demostró que lo sigue siendo. El vacío, así dado, facilita dos conclusiones: la primera, que el poder de la ex presidenta es intransferible –como bien se sabe desde la derrota de Daniel Scioli–. Y la segunda, que existe un sector muy activo de la militancia política poco predispuesto a que el peronismo jubile a su máxima referente.

Un gran frente ciudadano

Por más que haya buenas intenciones, la resistencia siempre supone una actitud enérgica pero pasiva, encomiable pero sufrida. La resistencia es, si se quiere, una acción refleja, espontánea, pero alejada de cualquier frente concebido para la victoria.

“No se enojen con otros argentinos. Les propongo conformar un gran frente ciudadano”, remarcó Cristina Kirchner en una parte de su discurso. “Ese frente ciudadano tiene que ser plural porque el punto de unidad son los derechos perdidos o la felicidad perdida”.

El Frente para la Victoria –deslizó con astucia la ex presidenta– necesita reconfigurarse; ya no está en el gobierno como durante sus anteriores 12 años de existencia. Este escenario, en suma, es inédito para sus militantes y ello demanda capacidad real de adaptación.

Lo que hará la ex mandataria con su capital político todavía es una incógnita, pero lo cierto es que las organizaciones afines al kirchnerismo se estarían suicidando si sólo se dedicaran a esperar sentados la llegada del 2019.

Ya sea con una presencia continuada de Cristina Kirchner o con apariciones cuatrimestrales fugaces, las bases militantes tendrán que ampliarse, multiplicarse, movilizarse si es que no quieren ser deglutidas por la vieja estructura del Partido Justicialista.

El impulso dado por la reaparición en escena de la ex mandataria es así un dato nada despreciable de la realidad política. Su discurso, en sí mismo, puede representar poco para la correlación de fuerzas actual, pero sin dudas fue una inyección de vitalidad para las bases mismas del Frente para la Victoria.

Habrá que ver, en definitiva, si tal como les anunció a sus seguidores, son ellos capaces de tomar las banderas y marchar hacia adelante cuando los dirigentes no les respondan o si, por el contrario, la acefalía termina por desmembrar al movimiento político que dominó los últimos doce años de la Argentina.

@fdalponte

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