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Salir del infierno grande para animarse a ser

Salir del infierno grande para animarse a ser
mayo 13
01:28 2016

Si bien nuestras megalópolis tienen infinidad de aspectos criticables, que en muchos casos las tornan difíciles de habitar, lo cierto es que en su enloquecida y diversa dinámica de millones de seres humanos uno puede volverse invisible, tornarse anónimo, sustraerse del dedo acusador que señala inmisericorde al distinto, a quien se aleja más o menos de los parámetro de la “normalidad”.

En un pueblo chico es un infierno ser el “raro”, el diferente. En el campo son pocos los ojos que observan y que además acusan. Las tradiciones pesan y coartan. El tiempo transcurre lento. El universo es pequeño y todos hablan de todos. Se mira, se critica y se juzga. Constante y lapidariamente.

En una estancia alejada unos kilómetros del pueblo viven el Nene con su madrastra y su media hermana. El padre no aparece en la obra, no importa, no pesa siquiera como referencia. La madrastra -campechana, fuerte, segura- es la verdadera columna vertebral de la casa (y en buena medida de la acción dramática de la obra). Su hija parece enfilar decididamente hacia el mismo personaje. Las dos coinciden en todo, comparten la misma cosmovisión rural, se completan las frases una a otra.

En las primeras escenas el Nene no aparece. Es hablado por ellas, definido, aislado y confinado a su habitación. La obra es deliberadamente ambigua en cuanto a qué le pasa al Nene, pero al ser puesto en palabras por ellas queda claro que es algo mal. Mujeres y dueñas de estancia, no trabajan y tiempo para hablar no les falta. Entre mate y mate van justificando el ostracismo, el ocultamiento de la vista de la gente, la vergüenza familiar que implica ese hijo y hermano problemático.

Para colmo, la Nana acaba de morir en un trágico accidente en la ruta. Se fue la criada de confianza, la que se ocupaba de lidiar con esa mancha familiar desde hace años, la que sabía cómo tratalo/manejarlo/dominarlo. Su reemplazante, más joven y menos apegada al relato familiar, terminará desequilibrando esa terrible maquinaria de ocultamiento y violencia intrafamiliar.

La obra, de escenografía despojada pero efectiva que demarca tres zonas claras para la acción, avanza apoyándose en las muy solventes actuaciones de ese trío de mujeres, hasta la última escena en la que finalmente se hace presente el Nene. Gracias a la mirada desprejuiciada y solidaria de la nueva Nana finalmente puede tomar la palabra y dejar de ser definido por los otros, por las otras. Con esa identidad, asumida tímida pero valientemente, apostará a romper el represivo micromundo familiar para asomarse al mundo.

El texto, si bien en alguna lectura puede resultar linealmente pedagógico, nunca es inocente ni panfletario. La conquista de la identidad propia, especialmente cuando se trata de una identidad heterodoxa, a contracorriente de las normas y tradiciones vigentes, es una lucha constante y muchas veces desgarradora. Y es una lucha que debe darse cada día. El Nene tendrá muchas otras batallas por delante, por lo que allí no hay final feliz sino un primer paso necesario. Y muchas veces es definitorio que alguien tienda una mano precisamente en ese desafío inicial, uno de los más duros, que alguien llegue justo en el momento en que se lo estaba esperando.

Martín Marcou, director y dramaturgo de la obra (además de gestor cultural y docente), acumula una notable experiencia teatral a pesar de su juventud. Autor de más de 15 obras, ha recibido reconocimientos de la Comunidad Homosexual Argentina y de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans por sus contribuciones a la defensa de los derechos de las minorías sexuales.

Respecto de este “drama campestre” Marcou ha sostenido en una entrevista: “Lo rural tiene su propia forma de entender la diversidad sexual y sus formas de expresarse, hay códigos que se arman y modos de mirar y abordar la cuestión que son únicos y muy distintos a los de ciudad”.

Pero, aunque situada en el específico universo campestre, la problemática de “Te estaba esperando” no se restringe a ese contexto. Según su director: “La obra intenta rescatar esas luchas que se dan en la lejanía, donde no solo se pelea contra la inclemencia del tiempo, las distancias y la soledad, sino que además los prejuicios como en cualquier otro lugar están a la orden del día. El miedo a lo diferente, a lo que no se le puede poner nombre es algo universal”.

Desde esa universalidad se entiende que una obra con tanto arraigo local pueda haber sido uno de los cinco textos finalistas del Proyecto 34°S / teatro en traslación – Intercambio artístico: África – Latinoamérica y fuera publicada en su versión traducida en Sudáfrica.

Pedro Perucca – @PedroP71

 

Ficha técnico artística
Dramaturgia: Martín Marcou
Actúan: Sofía Bertolotto, Eugenia Iturbe, Silvia Trawier, A. Zedy
Asistencia general: Esteban Fort Caneda
Asistencia de dirección: Paola Andrea Salamone
Producción: Fernando Perdomo
Dirección: Martín Marcou
Duración: 60 minutos

EL CAMARÍN DE LAS MUSAS
Mario Bravo 960
Capital Federal – Buenos Aires
Teléfonos: 4862-0655
Web: http://www.elcamarindelasmusas.com
Entrada: $ 180,00 / $ 130,00 – Viernes – 23:00 hs

 

 

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