Nacionales

23 mayo, 2016

Antidespidos: las centrales obreras demoran su respuesta

El tema parece haber quedado fuera de agenda. Sin movilización gremial a la vista, son pocas las voces en el Congreso que piden insistir con el proyecto vetado. Por ahora, la tenue reacción de la dirigencia sindical es la novedad más celebrada por el gobierno.

El tema parece haber quedado fuera de agenda. Sin movilización gremial a la vista, son pocas las voces en el Congreso que piden insistir con el proyecto vetado. Por ahora, la tenue reacción de la dirigencia sindical es la novedad más celebrada por el gobierno.

Cuando comenzó a discutirse al proyecto de ley para frenar los despidos, los funcionarios del gobierno insinuaron, con disimulo y por lo bajo, que Mauricio Macri podría eventualmente vetarlo. Y cuando la iniciativa dio su primer paso certero en el Congreso, entonces sí, sin vueltas ni tapujos, el anuncio fue concreto: si había ley, habría veto.

Eso fue en abril. Y así fue nomás. Desde aquellos días, todo el arco político y sindical sabía con absoluta certeza que el presidente no dejaría pasar una ley de este tipo.

Hoy, sin embargo, con la veredicto ya dictado, la reacción de quienes impulsaron y defendieron el proyecto no termina de condecirse con el empeño puesto en su sanción. Casi como si la decisión tan anunciada, tan previsible del gobierno le hubiese esmerilado el vigor a cualquier respuesta.

Apenas Pablo Micheli, en nombre de la CTA Autónoma, puso en palabras enfáticas lo que muchos otros matizaron. “No se puede hablar de otra medida que no sea un paro general”, dijo apenas notificado el veto.

Hugo Yasky, por su parte, reunió este lunes a los máximos representantes de la CTA de los Trabajadores y todo indica que también adoptarían medidas de fuerza. Cómo, cuándo, dónde, todavía es una incógnita.

Aun así, la idea todavía no termina de calar en ninguna de las tres vertientes de la CGT, y ello parece determinante. Sin la participación de al menos cuatro de las cinco centrales no parece viable un paro nacional de envergadura.

Luis Barrionuevo, definitivamente el dirigente sindical más cercano al gobierno, ya descartó de plano la posibilidad de sumarse a una huelga general. Su repudio al veto presidencial, por ahora, es tan trivial que no termina de trascender lo declamativo.

Los otros dos actores en escena, Hugo Moyano y Antonio Caló, todavía no se expidieron sobre los pasos a seguir. Cuestionaron sí la medida, pero como si el anuncio los hubiese tomado por sorpresa, no será hasta el fin de esta semana cuando determinen su plan de acción. “Eso lo tiene que decidir el conjunto del movimiento obrero”, se excusó Omar Plaini en nombre de los moyanistas.

En cualquier caso, por ahora, la dilatada reunión de los líderes de las centrales sindicales permite inferir lo obvio: no existe consenso ni convicción sobre la necesidad de insistir con el proyecto antidespidos.

La siesta en el Congreso

Apenas horas después de la decisión presidencial, Héctor Recalde confirmó que el bloque de diputados del Frente para la Victoria intentará ratificar la ley vetada. Dos tercios de las voluntades de cada cámara se necesitan para ello. En principio, el desafío es superlativo, y ni los más optimistas creen que el intento pueda tener resultado favorable.

Sin embargo, por ahora el obstáculo es otro: ni siquiera está claro que la oposición tenga una decisión más o menos unánime a favor de insistir con el proyecto. Senadores de diverso origen y diputados de la más variada estirpe comunicaron con antipatía su desdén ante el veto de Macri. Pero lo cierto es que pocos han sabido tomar la causa como propia.

Margarita Stolbizer, por caso, deslizó su apoyo al proyecto varias semanas atrás y hasta cuestionó este fin de semana la decisión negativa del gobierno. Sin embargo, no participó de ninguna de las dos sesiones que trataron su aprobación.

El Partido Socialista, por su parte, tuvo en la diputada Alicia Ciciliani y en el gobernador santafesino Miguel Lifschitz a sus principales promotores. Pero el día de la sesión, a la hora de la verdad, se ausentaron tres de los cuatro miembros del bloque.

Y los ejemplos siguen. El rol de los diputados de extracción sindical que militan en las filas de Sergio Massa dan testimonio de ello.

De esta forma no parece ser fácil conseguir los votos necesarios. Fue difícil conseguir su aprobación; más lo será lograr la ratificación que venza al veto.

Por lo pronto, lo único que podría evitar el entierro del proyecto es la movilización sindical. Causa y efecto. Las centrales obreras por ahora no reaccionan; los legisladores que hasta la semana pasada apoyaban la iniciativa tampoco. El gobierno, mientras tanto, mantiene la calma. Sabe que la agenda política avanza y, si nadie sale del letargo a tiempo, prontamente nadie recordará la ley vetada. Los próximos días serán determinantes.

Federico Dalponte – @fdalponte

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