Batalla de Ideas

30 mayo, 2016

Tres femicidios de niñas: Guadalupe, Micaela, Milagros

Por Mariel Martínez. En el transcurso de una semana los cuerpos de Micaela, Guadalupe y Milagros fueron encontrados sin vida en Bahía Blanca, Rosario y Tucumán. Asesinados. Las tres tenían muchas cosas en común, seguramente más de las que podremos ya saber. Tenían 12 años y eran mujeres. Nenas. Tenían vagina.

Por Mariel Martínez. En el transcurso de una  semana los cuerpos de Micaela, Guadalupe y Milagros fueron encontrados sin vida en Bahía Blanca, Rosario y Tucumán. Asesinados. Las tres tenían muchas cosas en común, seguramente más de las que podremos ya saber. A la luz de lo acontecido, es decir, a la luz de sus muertes, son dos las líneas que las recorren: tenían 12 años y eran mujeres. Nenas. Tenían vagina.

Cada caso tuvo sus particularidades, claro. Micaela Ortega era de Bahía Blanca y usaba Facebook. Su asesino, prófugo del sistema penal, la contactó a través de un perfil falso, haciéndose pasar por otra niña. El 23 de abril la estranguló y escondió su cuerpo que fue encontrado en un descampado este sábado, cinco semanas después de su desaparición.

Guadalupe Medina vivía en uno de los suburbios de Rosario, Villa Banana. En uno de esos barrios en donde la pobreza y la miseria tienen que lidiar además con las complicidades y las violencias que el narcotráfico, negocio también del estado, genera. Fue encontrada violada y estrangulada en una casilla. Los sospechosos forman parte de un grupo mafioso que controla los  bunkers de droga en la zona -comentan los vecinos- con la venia policial.

Milagros Torres, de  Tucumán, fue abusada sexualmente y luego estrangulada durante la madrugada del domingo pasado. Las sospechas recaen sobre el ex marido de su madre, que desde  hace tres meses enviaba a su ex pareja amenazas por mensajes de texto. La casa -situada en La Cocha- era humilde;  el asesino ingresó rasgando una de las paredes de plástico.

Resulta difícil no involucrar en el análisis la propia angustia ante el horror. Porque hay perversiones que de tan reiteradas a veces pareciera que casi no conmocionan: engaños, hombres conocidos o cercanos, violación, muerte. Mujeres. Pero acá se adelgazó el hilo: niñas. Pibas de 12 años, muertas.

¿Qué nos va pasando como sociedad? ¿Qué hizo antes o luego el Estado? ¿En qué parte del cuerpo nos duelen tres pibas de 12 años estranguladas?

Más de un mes tardaron las fuerzas de policiales en hallar el cuerpo de Micaela. Hace unos días, sin embrago, la ministra de seguridad tardó instantes en realizar un mega operativo policial que valló la Plaza de Mayo basándose en una sospecha casi intuitiva. Falsa.

La mamá de Guadalupe había solicitado, un tiempo antes, ayuda a la Dirección Provincial de Niñez, porque veía en el entorno de su hija y de su barrio un alerta. La respuesta fue negativa: el Estado no podía hacer nada ante la ausencia de peligro. Como se lee: la ausencia de peligro, hablando de Guadalupe, posteriormente estrangulada.

Las primeras noticias que relatan la muerte de Milagros, subrayan que se encontraba sola y que su madre había ido a bailar. Una ojeada a las discusiones de lectores, arroja resultados esperables: se debate la responsabilidad de la madre, se pide pena de muerte para el asesino. Casi nadie debate la precariedad, casi nadie señala que este hombre no es un hombre uno, sino el resumen exacerbado de lo que esta sociedad le pide a los hombres: dueños de todo, inclusive de las mujeres y de las hijas de las mujeres. Fuertes. Con fuerza para tomar y truncar vidas. Con un pito grande mandatado a penetrar.

Porque lo que queremos discutir es que ser mujer mata, y ser pobre mata más. Porque el Estado te desoye, la prensa te justifica –dolorosamente, claro- la muerte y la sociedad te culpabiliza por tus propios dolores. A vos, por mujer. Por mala junta. Por usar Facebook a los 12. Por “hija sola” o por “madre descuidada”. No importa la pobreza, los narcos, los pibes que el sistema penal formó en la crueldad y después dejó ir, las casillas con paredes de plástico ni las alertas que diste previamente. El sistema está blindado para considerar que la tuya fue una excepción más y que tu asesino es un desequilibrado. Y si tenés doce años, la indignación subirá del promedio normal.

Pero lo que pasa, lo que infelizmente pasa, es que ya sabemos que no. Que el vaciamiento de los programas orientados a proteger a las mujeres no fue casual. Que la pobreza que generan el desempleo y la inflación nos afecta más a las mujeres que salimos a trabajar y cuidamos a nuestros ancianos y a nuestros niños, y a veces también queremos disfrutar de la vida. Que la propuesta oficialista de anulación de la moratoria previsional en las mujeres –y hombres, pero sobre todo afecta a las llamadas amas de casa- sin aportes patronales invisibiliza nuestro laburo cotidiano que hace que se mueva el mundo. Este mundo de amor y de  mierda que limpiamos con nuestras manos y parimos con nuestros úteros.

Doscientas ochenta y seis mujeres fueron asesinadas en el 2015. En los primeros 100 días del 2016, sesenta y seis. Todavía no contamos ni a Micaela, ni a Milagros, ni a Guadalupe.

Marchamos el viernes porque ya no queremos contar. Ni una piba menos, ni una muerta más.

@Mariel_mzc

Foto: Agencia Universitaria de Noticias y Opinión

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