Medio Oriente

26 agosto, 2016

Siria, la guerra dentro y fuera

La de Siria es una guerra que se libra tanto en los frentes de batalla como en el campo diplomático; tanto los pasillos de las sesiones de Ginebra, las declaraciones públicas y entre líneas dadas a la prensa como las más anónimas reuniones en los interiores de los cuartos de inteligencia, constituyen caras del conflicto.

En el terreno militar destaca un nombre: Alepo. Ubicada en el Noroeste de Siria y con casi dos millones y medio de habitantes antes de la guerra, esta ciudad supo ser el corazón comercial e industrial del país.

Hoy es escenario de una de las batallas más encarnizadas del conflicto y su resultado, aunque no traiga el fin, marcará el rumbo que adoptará este proceso abierto en 2011. La ciudad se encuentra dividida, con la mitad oriental bajo control rebelde mientras el oeste es controlado por el gobierno. Un distrito bajo control autónomo kurdo termina de completar el panorama.

A finales de julio, fuerzas leales al gobierno del presidente Bashar al Assad (con apoyo militar ruso e iraní) cortaron la última ruta de suministros que tenían los rebeldes para comunicar la ciudad con el exterior. La caída de Alepo dejaría al gobierno en una posición sumamente ventajosa en la mesa de negociaciones.

Ante esta amenaza existencial, dos grandes coaliciones rebeldes (Fatah Halab y Jaish al Fatah) dejaron de lado sus diferencias internas para movilizar gran parte de sus fuerzas (más de 10 mil combatientes) en una batalla a todo o nada por quebrar el asedio. El arco rebelde reúne tanto al Ejército Sirio Libre como facciones islamistas vinculadas a al-Qaeda y otras organizaciones de línea dura, hecho que pone en entredicho el apoyo brindado por Occidente a la así llamada “oposición moderada”.

Para mediados de agosto, lograron abrir un corredor que comunica con el sudoeste de la ciudad, partiendo en dos las posiciones gubernamentales. Aún así, el resultado de la “madre de todas las batallas” por Siria está lejos de haber sido cerrado.

El enemigo de mi enemigo

Mientras tanto, en la ciudad nororiental de Hasaka ocurrió una cadena de sucesos con consecuencias imprevisibles. El control de la ciudad se hallaba repartido entre fuerzas del gobierno sirio y de las Unidades de Protección Popular (YPG), milicia del Partido Unión Democrática (PYD) – principal fuerza política kurda en el país.

Años atrás se trató de un acuerdo que beneficiaba a ambas partes: los kurdos consolidaban la autonomía administrativa y militar sobre los tres cantones donde se concentra su población en el norte del país; mientras tanto, el gobierno podía reubicar sus fuerzas en puntos donde más las necesitara, enfriando un frente más de conflicto.

La coexistencia no careció de tensiones pero el domingo pasado una serie de choques llegaron a una batalla callejera de una intensidad sin precedentes por el control de la ciudad. Días después, la Fuerza Aérea Siria bombardeó posiciones kurdas, mientras oficiales rusos intentan reunir a las partes en la mesa de negociaciones. Moscú (al igual que Washington) mantiene diferentes grados de cooperación con el PYD; el Kremlin ha sido un fuerte partidario de incluir a las fuerzas kurdas dentro de cualquier solución política, algo resistido por Turquía y varias facciones de la oposición siria.

Dos factores alimentaron las tensiones: primero, la decisión por parte de la administración kurda local de declarar la “Federación del Norte de Siria”, hecho interpretado como un paso hacia establecer una independencia de facto de la región bajo su control; en segundo lugar, la presencia de fuerzas especiales estadounidenses en suelo sirio para apoyar los combates con el grupo Estado Islámico (EI).

Estas operaciones han sido un recurso común de la política exterior de Obama de los últimos años para no comprometerse en grandes campañas. Cerca de 300 miembros de las fuerzas especiales norteamericanas han participado de las operaciones que encabezan las Fuerzas Democráticas Sirias (alianza formada en 2015 entre las YPG kurdas y milicias árabes locales), siendo el último resultado la liberación de Manbij, importante ciudad del norte sirio en la ruta de suministros del EI hacia la frontera con Turquía.

De esta cooperación táctica, los kurdos han ganado mayor relevancia como actor en el exterior y apoyo militar sustancial, mientras que Washington puede aspirar a encontrar un aliado más efectivo que la oposición armada siria.

Control de daños y cambio de página

Los hechos en el norte de Siria dieron un nuevo giro cuando el miércoles fuerzas militares turcas cruzaron la frontera para atacar posiciones tanto del EI como de las YPG. El gobierno turco ha mantenido fuertes diferencias con Occidente en torno a la cuestión kurda. No solo considera al PYD-YPG una organización terrorista, sino que la existencia de una entidad kurda independiente a lo largo de su frontera sur ha sido una de las “líneas rojas” que el gobierno turco no está dispuesto a aceptar.

El 20 de agosto, el primer ministro turco, Binali Yildirim, afirmó que Assad podría formar parte de un gobierno interino durante la transición del conflicto. También dijo que el gobierno sirio “ha entendido que la estructura que los kurdos están intentando formar se ha vuelto una amenaza para Siria también”.

Esto abre una nueva línea de entendimiento entre Ankara y Damasco. El escenario posterior al intento de golpe del 15 de julio vino acompañado por una revisión de la política exterior del gobierno de Erdogan. El 17 de agosto, el viceprimer ministro Numan Kurtulmus reconoció ante la prensa que “gran parte de lo que ha caído sobre nosotros es el resultado de la situación en Siria y de nuestra política hacia Siria”.

Ankara ha buscado reparar sus relaciones con Israel, Rusia e Irán en el último mes, antiguos socios regionales cuya relación se vio dañada en los últimos años. Las diferencias acentuadas con sus aliados dentro de la OTAN y la violencia creciente dentro del país alimentaron esta opción.

El 26 de agosto, el Secretario de Estado de los EEUU, John Kerry, se reunirá con el Ministro de Exterior ruso, Sergei Lavrov, para terminar de definir un acuerdo en torno a Siria. A esta altura, ningún análisis pasa por alto que el conflicto sirio no se constriñe a los márgenes de una guerra civil; el resultado político y militar definirá el equilibrio de poder y la forma misma que asumirá la región en el futuro cercano.

Julián Aguirre – @julianlomje

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