Medio Oriente

12 septiembre, 2016

El Hajj, entre la fe y la polémica internacional

Desde fines de la semana pasada, casi dos millones de personas provenientes de todos los rincones del mundo arribaron a la ciudad de La Meca, Arabia Saudita para participar de ritual del Hajj, la peregrinación que todo musulmán debe hacer al menos una vez en su vida. En un episodio más de su rivalidad regional, las autoridades saudíes vetaron el ingreso de iraníes al país para realizar el rito, tras una polémica sobre la supervisión de esta fecha.

Es impreciso y simplista hablar del Islam como si existiese “un único” Islam. No sólo porque cada individuo lo experimenta y vive de formas particulares; sino porque concretamente esta religión comprende diferentes corrientes de interpretación y tradiciones doctrinarias y filosóficas, comprendidas en contextos históricos determinados.

Pero si algo une a toda la Umma (la Comunidad de creyentes) son los cinco pilares sobre los que se sostiene el credo: la Shahada (el testimonio de fe en Dios), el Salat (los cinco rezos diarios), el Zakat (la donación de al menos un 2,5 % de los ingresos a los desposeídos); el Shaum (el ayuno durante el Ramadan) y el Hajj, la peregrinación a la ciudad de La Meca.

La Meca ya poseía un rol central para las religiones que antecedieron a la fundación del Islam; y la Kaaba, la piedra cúbica negra que se encuentra en esta ciudad, es considerada por la tradición islámica como el vértice espiritual del mundo. Es mirando hacia esa dirección que debe colocarse el creyente durante el rezo diario.

El 3 de septiembre del calendario gregoriano coincidió con el inicio de Dhu al-Hijjah, el último mes del calendario islámico, durante el cual se realiza el Hajj. Peregrinos de todo el mundo viajan a Arabia Saudita, donde recorren diversos puntos entre La Meca y la ciudad de Medina que representan etapas de la vida del Profeta Mahoma y la revelación divina.

Un techo sobre el cielo

El rol de supervisar y salvaguardar los lugares santos confiere a la monarquía saudí un lugar privilegiado. Algo que la Casa de Saud ha sabido capitalizar a la par de sus increíbles recursos financieros para reafirmar su influencia dentro del mundo islámico. Además, la peregrinación reporta una suma considerable de ingresos para la economía del reino. La Cámara de Industria y Comercio de Meca estimó en cerca de unos 5,3 mil millones de dólares los gastos realizados por peregrinos durante el Hajj del año pasado.

La inmensa tarea logística de planificación y seguridad que impone el movimiento de la inmensa masa de peregrinos a menudo se ha visto acompañado de tragedias. El calor y el agotamiento imponen duras condiciones físicas. El rumor de un posible atentado o manifestaciones de distinto tipo pueden producir una avalancha humana con terribles resultados. Las masivas obras de infraestructura en un país donde la construcción y la especulación inmobiliaria producen millones de dólares diarios también se interponen en la facilitación de condiciones aptas para el traslado y alojamiento de personas.

En 2015, en medio de circunstancias no aclaradas, una estampida provocó la muerte de cerca de 2300 personas según lo que diversos medios de comunicación pudieron recabar. Pero las autoridades saudíes solo reconocieron poco más de 700 fallecimientos y los resultados de la investigación oficial siguen haciéndose esperar. Entre los muertos hubo 472 ciudadanos iraníes, incluyendo miembros del personal diplomático. Esto fue seguido por un choque de declaraciones públicas en las que autoridades iraníes cuestionaron la capacidad del gobierno saudí para administrar los asuntos concernientes al Hajj.

Todo templo es político

Tras reunirse con familiares de la víctimas el 7 de septiembre de este año, el Líder Supremo de Irán, el Ayatollah Alí Khamenei, tildó de “criminal” el “nivel de incompetencia” del gobierno saudí, llegando a insinuar que la tragedia no fue accidental, y cuestionó la pertinencia de que la monarquía saudí siga monopolizando la supervisión de los lugares santos.

Desde el gobierno saudí se ha buscado estrechar las medidas de seguridad y control de movimiento de los peregrinos, implementando medidas como el uso de identificaciones y pulseras electrónicas. Tras fracasar las negociaciones sobre las medidas para el ingreso y movimiento de sus ciudadanos, las autoridades saudíes optaron por restringir el ingreso de ciudadanos iraníes, por primera vez en décadas.

La tensión entre Irán y Arabia Saudita hace ya un par de años que ha entrado en una espiral ascendente mientras ambas potencias regionales se disputan la hegemonía en el Medio Oriente. Conflictos abiertos como los de Siria y Yemen encuentran a Teherán y Riad en veredas opuestas mientras predicadores y funcionarios saudíes a menudo han atacado verbalmente a los chiitas, rama mayoritaria en Irán. En respuesta a las afirmaciones de Khamenei, el Gran Muftí Abdulaziz al Sheikh, máxima autoridad clerical de Arabia Saudita, llamó “no musulmanes” a los habitantes de Irán.

La financiación de escuelas religiosas, editoriales, mezquitas, fundaciones y caridades junto a la acción de predicadores a través de medios de comunicación y redes sociales le ha permitido al reino extender su doctrina oficial: el wahabismo, una interpretación de la fe en clave literal, ultraconservadora y puritana. Su discurso se corresponde con el absolutismo de un régimen como el saudí, donde la expresión de todo tipo de disenso y los más elementales derechos políticos y civiles son vulnerados por las autoridades a diario.

Las declaraciones de al Sheikh van en línea con esta visión que no oculta su odio hacia lo diferente ni su búsqueda por homogeneizar al Islam. El núcleo ideológico de su discurso es compartido por grupos extremistas que se imponen por la violencia y el terror contra otras comunidades y todo aquel musulmán que no comparta su punto de vista, entre ellos Al Qaeda y el ISIS o “Estado Islámico”.

Arabia Saudita ha sido foco de críticas por su actitud pasiva hacia grupos que a menudo predican el odio contra otros musulmanes, y por el financiamiento y equipamiento de grupos armados que han contribuido a desestabilizar la región siempre y cuando sean funcionales a la agenda política de la familia gobernante.

Julián Aguirre – @julianlomje

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