América Latina

20 octubre, 2016

#NosotrasParamos movilizó a las mujeres en México

La convocatoria al paro nacional que surgió en Argentina no tardó en hacerse eco en varias ciudades de América Latina. En México las mujeres se autoconvocaron a tomar las calles. Notas estuvo en las manifestaciones en Oaxaca, capital del estado sureño que lleva el mismo nombre y conocida por la tenaz resistencia de sus maestros y la reciente masacre que el estado mexicano desató contra ellos.

La convocatoria al paro nacional que surgió en Argentina no tardó en hacerse eco en varias ciudades de América Latina. En México las mujeres se autoconvocaron a tomar las calles. Notas estuvo en las manifestaciones en Oaxaca, capital del estado sureño que lleva el mismo nombre y conocida por la tenaz resistencia de sus maestros y la reciente masacre que el estado mexicano desató contra ellos.

El 19 de octubre, desde las 11 de la mañana -13hs en Argentina-, las mujeres llegaron vestidas de negro a la explanada de la iglesia de Santo Domingo, donde hicieron cartelones y conversaron. La jornada se encendió abruptamente luego de que una mujer de unos sesenta años pegara un grito en el cielo: “Hace 30 años éramos sólo tres, ¡gracias jóvenes!”.

Y entonces empezaron a cantar. “Que ni una más, ni una más, ni una asesinada más”, “Que no, que te dije que no, ¡pendejo, no!”, “¡Violadores y feminicidas, los tenemos en la mira!” y “¡Alerta que camina la lucha feminista por América Latina!”, se escuchó, entre otros cánticos.

Luego de una ronda de altavoz, en la que cada mujer pudo compartir los motivos que la movían a participar, marcharon hasta el zócalo -plaza central-. El grupo de mujeres cantaban ante la mirada atónita y desafiante de oaxaqueños, las cámaras de los extranjeros y la presencia de las fuerzas de seguridad que inunda el centro de la ciudad.

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En el corazón de Oaxaca de Juárez colgaron sus carteles mientras bailaban y cantaban,  protegiéndose del fuerte sol del mediodía bajo los árboles. Fue en ese momento donde algunas mujeres compartieron sus luchas en diálogo con Notas.

Elvira Camacho es la mamá de Ivonne Jiménez Camacho, asesinada en 2013, y miembro de la Unión de Mujeres Víctimas de la Violencia en Oaxaca (UMUVIO), que está integrada por 300 madres cuyas hijas han sido asesinadas, violadas, secuestradas o desaparecidas.

Elvira lee en voz alta un cartel: “Si tocan a una, respondemos todas”, y cuestiona la pasividad de la gran mayoría de la sociedad mexicana. “Acá van más de 7 mil mujeres en todo el país y apenas es la primera marcha nacional, apenas estamos abriendo los ojos”, dice Elvira, sobre la grave situación de femicidios en México.

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El 4 de agosto de 2013 Kevin Gonzalo Rojas Martínez asesinó a su hija, Ivonne Jiménez Camacho. “Ese día pasó el ex novio por ella. Sabía que entre ellos ya no tenían nada, pero simplemente la invitó a salir con él para que quedaran como amigos. Le dijo que no quería que quedaran enojados; y, pues, la convenció. Ella salió con él y nunca jamás volvió. Es indignante porque se pudo comprobar que él se la llevó, hubo testigos que lo señalaron”, denuncia Elvira.

“Él es el asesino, el autor principal. Hace tres años que salió la orden de captura y no se ha llevado a cabo la ejecución, porque el joven goza del privilegio de ser hijo de funcionarios del Tribunal Superior de Justicia del estado de Oaxaca”, asevera.

El cuerpo de Ivonne fue encontrado a la orilla de una carretera en jurisdicción del municipio de San Pablo Etla. A los pocos días, a Elvira le enviaron la imagen de una balanza y un mensaje: “Soy la Justicia, dame dinero y estoy de tu parte”.  “Él es Kevin Gonzalo Rojas Martínez, no me da miedo decir su nombre. Al final de cuentas, mi hija no está conmigo y él tiene la oportunidad de abrazar a su mamá, su mamá tiene la oportunidad de abrazarlo a él, aunque sabe que es un prófugo y un asesino. Y yo ya no la tengo, físicamente no la tengo”, relata.

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“Lo único que pido es que se haga justicia. No nada más por mi hija sino por todos los feminicidios que han sucedido en el estado de Oaxaca. Lo que estamos viviendo en el estado de Oaxaca es que a diario se asesina a una o dos mujeres. Y no hay respuesta por parte de las autoridades, lo cual es lamentable cuando tú bien sabes quiénes son los asesinos: los mismos que asesinan a nuestras hijas, pues, son los novios o los ex novios, los mismos esposos o ex esposos”, reflexiona Elvira.

Y concluye: “Lo que nosotras transmitimos de viva voz es nuestro dolor. Cada una tiene experiencias distintas, pero estamos dispuestas a unirnos todas, a fortalecernos entre todas. Porque es indignante que por ser pueblo, que por ser gente de bajos recursos no se haga justicia”. “Yo me siento, en primer lugar, orgullosa de que mujeres de todos lados, de Argentina, de Bolivia, se estén uniendo con nosotras. Que sintamos que no estamos solas, aunque sea lejos, a la distancia, que hay mujeres que se están uniendo con nosotras”, remata.

Una lucha colectiva

Notas también dialogó con Nallely Tello, representante de la Asociación Civil Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad, una organización que viene documentando y accionando ante cada uno de los feminicidios que se perpetran en el estado de Oaxaca.

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“Lo que vemos en Oaxaca es que, a la vez que se incrementa el número de feminicidios, los asesinatos de mujeres son cada vez más cruentos. En lo que va de este sexenio de gobierno hemos contabilizado 515 feminicidios y ya son 90 en lo que va del año. Creemos que el aumento de la crueldad es una constante en todas partes, no sólo de México sino del mundo”, dice Nallely.

“El Estado no tiene la capacidad para proteger la vida de las mujeres y brindar justicia respecto de los feminicidios”, afirma. Y con respecto a las movilizaciones contra la violencia de genero opina que “es un fenómeno que está creciendo y creo que el alerta no va a ser suficiente”. “La sociedad tiene que despertar, definir para sí misma cómo nos podemos cuidar. Ante un fenómeno que es muy complejo y es multi-causal, nos toca como sociedad, no sólo esperar una respuesta del gobierno, sino también encontrar formas, estrategias y propuestas de cómo atender esta problemática”, sostiene.

“Esta es una manifestación que exige el respeto de nuestra vida como mujeres y que nos hermana a todas ante una problemática a la que nos estamos enfrentando, muchas veces, sin herramientas”, especifica Nallely. Y agrega que “salir a las calles y vernos juntas nos brinda la esperanza de decir que no enfrentamos un fenómeno solas y, al mismo tiempo, nos llama a decir que esto no atiende a un determinado sector de la sociedad o sólo a ciertas organizaciones”. “Es una convocatoria ampliada, en la que todas las mujeres estamos convocadas, independientemente de nuestra pertenencia política. Entonces creo que es eso: un llamado a estarnos cuidando entre nosotras a nosotras mismas y es un llamado a la hermandad, a estar atentas y a construir una respuestas”, reflexiona.

Juliana Arens, desde Oaxaca

Fotos: Marielle Cauthin

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