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Nuevo acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las FARC

Nuevo acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las FARC
noviembre 13
21:37 2016

El sábado 12 de noviembre un nuevo acuerdo de paz fue firmado entre las delegaciones del gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) en La Habana. Ambas representaciones anunciaron haber “alcanzado un nuevo Acuerdo Final para la terminación del conflicto armado, que integra cambios, precisiones y aportes de los más diversos sectores de la sociedad y que revisamos uno a uno”, según informó Iván Márquez, jefe de la delegación de las FARC-EP.

Este acuerdo viene a suplantar el firmado el pasado 26 de septiembre en Cartagena, que posteriormente fue rechazado por el plebiscito realizado el 2 de octubre donde el “no” obtuvo el 50,22% de los votos.

En efecto, muchos de estos cambios fueron propuestos por los sectores del país que promovieron la campaña por el “no” -encabezados por el ex presidente y actual senador Álvaro Uribe-, quienes mantuvieron varias reuniones con autoridades del gobierno y hasta el mismo presidente, Juan Manuel Santos.

Al mismo tiempo, las negociaciones en La Habana se extendieron para discutir modificaciones al texto original. “Los resultados del plebiscito pusieron en serio riesgo cinco años de esfuerzos para la reconciliación, pero para fortuna de millones de compatriotas, la paz sigue su camino irrefrenable”, dijo Márquez, quien calificó a las negociaciones de “difíciles pero fructíferas”.

El integrante de las FARC-EP afirmó que el nuevo acuerdo “preserva la estructura y el espíritu del primer acuerdo convenido” y apoyó a los diálogos de paz planteados entre el gobierno colombiano y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Los detalles del nuevo acuerdo

El mismo sábado 12, el presidente Juan Manuel Santos se dirigió a la población colombiana para brindar detalles sobre el nuevo consenso alcanzado. “Este acuerdo, renovado, ajustado, precisado y aclarado debe unirnos, no dividirnos”, dijo. 

“Los resultados del plebiscito no podían sepultar la paz de Colombia y por eso se inició un diálogo sin descanso para escuchar las voces de todos los colombianos, recoger sus propuestas para un nuevo y mejor acuerdo de paz con las FARC-EP”, afirmó.

También resaltó la necesidad de agilizar su concreción y aplicación, debido a que las declaratorias del cese al fuego son frágiles y ponen en riesgo los años de diálogos en La Habana.

Santos enfatizó que las 500 propuestas realizadas por quienes rechazaron el primero acuerdo, que se agruparon en 57 ejes temáticos, “fueron abordadas en su totalidad”. De la misma manera, resaltó que los voceros del “no” fueron informados “paso a paso”, del desarrollo de las negociaciones. El nuevo acuerdo realiza cambios sobre 56 de los 57 temas planteados.

Los últimos consensos alcanzados establecen que las FARC-EP deberán declarar y entregar todos sus bienes para la reparación de las víctimas. En materia agraria, no se autorizarán nuevas zonas de reserva campesina. Al mismo tiempo se anunció la instalación de una comisión de expertos en temas agrarios para revisar los casos.

Respecto al proceso de desarme de las FARC se estableció que las ONG no podrán actuar como fiscales y que todos los jueces deben ser colombianos. Con respecto a los tribunales y el sistema de justicia que se establecerá para este proceso, denominado Jurisdicción Especial de Paz (JEP), se definió que funcionará hasta un máximo de diez años y sólo recibirá solicitudes de investigación durante los primeros dos.

Santos informó que la implementación del acuerdo se hará con “respeto a la sostenibilidad fiscal” con el objetivo de reducir la presión impositiva durante una década. “Grupos de empresarios expresaron preocupación por impacto del posconflicto en la estabilidad macroeconómica”, dijo. Este punto está vinculado con la instalación de empresas multinacionales para la extracción de recursos naturales en zonas consideradas “de conflicto”.

El presidente sostuvo que las FARC-EP “tienen un origen político y mantienen un deseo de hacer políticas sin armas”, razones por las que la solicitud de que no puedan presentarse a elecciones para acceder a cargos públicos fue rechazada y anunció que “sí podrán ser elegidos”. No obstante, el futuro partido de las FARC no podrá ocupar espacios cedidos a partidos campesinos u otros sectores minoritarios en el Congreso. Este partido contará además con un 30% menos de financiación para “quedar en igualdad de condiciones” con los demás agrupamientos políticos.

Aunque el contenido del texto aún no ha sido publicado, se informó que el enfoque de género fue acotado y sólo implica reconocer a mujeres como víctimas para garantizarles derechos. Grupos conservadores religiosos enfatizaron en la necesidad de quitar cualquier indicio de “ideología de género”.

Los balances

Santos afirmó que este acuerdo es mejor que el anterior porque es resultado de la revisión y ajuste del de Cartagena. “Se reflejan propuestas e inquietudes del ‘sí’ y el ‘no’”.

Antes de su alocución en cadena nacional del sábado 12 de noviembre, el presidente colombiano mantuvo una reunión con Álvaro Uribe, principal opositor al Acuerdo de Paz, para repasar los puntos renegociados en La Habana. Al salir de la reunión, Uribe informó que le pidió al presidente “que los textos que anuncian de La Habana no tengan alcance definitivo, que sean puestos en conocimiento de los voceros del ‘no’ y de las víctimas, quienes los estudiarán en breve tiempo y expondrán cualquier observación o solicitud de modificación en nueva reunión con el equipo negociador del gobierno”.

Si bien esto no ha sido confirmado, la presión de Uribe sobre Santos va en aumento. El peso del ex presidente sobre un importante sector de los electores colombianos se ha demostrado con los resultados de este proceso y en la actitud adoptada por el actual mandatario luego de la derrota del “sí”.

Aunque las repercusiones y los análisis más profundos tendrán lugar en los próximos días, cuando se conozca públicamente el texto, es evidente que el resultado del plebiscito ha impactado y logrado modificar elementos importantes de un acuerdo que se trabajó por más de cuatro años.

La voluntad de llevar adelante un acuerdo de paz con el potencial efecto que eso puede tener sobre la sociedad colombiana, sumida en una guerra durante más de medio siglo, se ha caracterizado por el papel que jugaron las FARC, que deberán atravesar un proceso delicado. La atención, el seguimiento y el cuidado de los organismos de derechos humanos, las organizaciones sociales y medios de comunicación más allá de las fronteras colombianas será indispensable para el efectivo cumplimiento de los acuerdos y su consolidación pacífica.

Micaela Ryan – @LaMicaRyan

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