Cultura

8 diciembre, 2016

37 años sin Lennon: el amor y la paz son eternos

Al cumplirse un nuevo aniversario del asesinato de John Lennon, el músico y poeta que en un momento quiso alejarse e ir más allá de la beatlemanía, recordamos que su compromiso iba mucho más allá de lo estético. Un legado de música, letras, ideas y amor en un activismo global que apostaba por un mundo más justo.

“Quisiera decir algo, me gustaría que me presten atención por favor. Es muy importante. No soy una persona a la que le guste traer malas noticias, pero creo que no podría sino hacer este show, esta noche. La gente quería a este hombre, y le acaban de disparar. Recibió tres disparos esta misma noche. Hablo de John Lennon. Así que lamento mucho tener que decirles esto”. La voz alegre y aguda de Stevie Wonder se quebraba mientras le anunciaba a su público, ese lunes 8 de diciembre de 1980, que uno de los más grandes referentes de la música contemporánea había sido asesinado.

En una época en que las noticias todavía no recorrían el mundo a velocidad smartphone, la muerte del legendario Beatle sacudía a un público que quedó atónito por la noticia. Al menos tuvieron la suerte de enterarse por Stevie Wonder y no por un frío informativo de lunes en la noche.

Unas horas antes, alrededor de las cinco de la tarde de ese lunes, un joven esperaba a su ídolo en la puerta del edificio Dakota, donde John se hospedaba junto a Yoko Ono. Este joven era Paul Goresh, fotógrafo amateur y fanático de Lennon, que recuerda este día mejor que nadie. Él fue el último que sacó una foto de Lennon con vida. En esta imagen en particular, se ve a Lennon autografiando el álbum Double Fantasy, último trabajo de estudio del cantautor, que otro fan le acercó. Este joven que, según Goresh, no emitió palabra, está parado junto Lennon en la foto, a su izquierda. No lo mira, no habla. Ese hombre robusto, de anteojos y callado, es Mark David Chapman. Cinco horas más tarde pasaría a la historia como el hombre que mató a John Lennon.

La noche estaba calma en la guardia de emergencias del hospital St.Luke’s-Roosevelt, completamente ajeno a los terribles sucesos en las cercanías. Todo cambió cuando dos policías entraron por la puerta de la guardia, cargando un cuerpo herido de bala. El médico de guardia declaró a Lennon muerto al entrar al hospital. Mientras tanto, en el lugar de los hechos, Chapman se entregaba sin ofrecer resistencia. “Le disparé a John Lennon”, le dijo al policía que lo esposaba contra la pared del edificio Dakota después de haber tirado el revolver  calibre 38 que usó para el crimen. Steve Spyro, el policía, solo atinó a decir: “¿Qué hiciste qué?”.

Hace 37 años que el joven de Liverpool, la leyenda, el ícono, se terminaba. Y con él se iba una era, pero no la idea. Ese mismo día costaba imaginar un mundo sin odio, un mundo sin motivos para matar o por los cuales morir como dijo alguna vez John en “Imagine”. Pero su legado quedó marcado a fuego en su poesía, en su forma particular de ver el mundo que lo rodeaba. La influencia de los Beatles y de Lennon en la música actual es prácticamente inmensurable, ya sea en la escena internacional como nacional. Puede sonar presuntuoso, pero probablemente el rock no sería el mismo si esos cuatro jóvenes ingleses no hubieran decidido formar un grupo y expresarse.

Pero John siguió. Dedicó prácticamente el resto de su vida post Beattle a librarse justamente de ese mal que lo aquejaba como artista: La Beatlemania. El fenómeno que generó el mismo con su grupo. Y New York fue el destino elegido. En esta ciudad podía pasear por el Central Park con “Madre” (así apodaba a Yoko: Mother) y nadie los molestaba. A lo sumo algún saludo amistoso. Nada de gritos, de euforia. En este tiempo Lennon desarrolló su carrera como solista, hasta llegar a grabar Double Fantasy, el último trabajo que llegó a terminar. Incluso con Nixon pisándole los talones por su oposición a la guerra de Vietnam, lo que le costó varios intentos de extradición por parte del gobierno norteamericano. Y Lennon fue esto: pacifismo, pero también rebeldía. Fue el ícono de un movimiento que no se conformaba con la violencia como opción para resolver cualquier conflicto.

Al mismo tiempo que pedía darle una chance a la paz, devolvía a la Reina de Inglaterra su medalla como miembro de la Orden del Imperio Británico. Protestaba por la intervención británica en Nigeria y marchaba junto a Tariq Ali cuando la revista Oz fue demandada por obscenidad y se intentaba callarla. De este episodio surge la canción “God Save Us / Do the Oz”. Es decir, las cosas no quedaban en las letras, fue realmente un activista de lo que, consideró, aportaba a construir un mundo más justo.

Por esto hay que recordar a John. Su legado es todo. Las letras, la música, las ideas, pero sobre todo, el amor que supo expresar sin medida, sin miedo. El amor como la forma más legítima de relacionarnos entre los seres humanos. ¿Por qué la violencia se practica más que el amor? Esas son las preguntas que hay que hacerse. Podrán decir que era un soñador, pero no fue ni será el único. Están todos los que dejó para continuar ese legado.

David Radosta – @RadostaDavid

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