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Al borde de la descomposición, el socialismo francés gira a la izquierda

Al borde de la descomposición, el socialismo francés gira a la izquierda
enero 23
21:08 2017

El Partido Socialista (PS) francés y sus aliados enfrentan una crisis sin precedentes. François Hollande abandonará la presidencia en mayo con los índices de aprobación más bajos desde la Segunda Guerra Mundial.

Las encuestas ubican hoy a su partido, que en 2012 ganó las elecciones con el 29% de los votos en la primera vuelta y el 52 en la segunda, en el quinto puesto, por detrás del Frente Nacional de Marine Le Pen, los centroderechistas François Fillon y Emmanuel Macron, y el candidato de izquierda Jean-Luc Mélenchon.

Un volantazo parece indispensable para salvar, al menos, la imagen de uno de los partidos tradicionalmente más poderosos de la política francesa contemporánea. Y así lo entendieron el millón y medio de personas que acudieron a las urnas para votar en la primera vuelta de la “primaria ciudadana”.

Contra todo pronóstico, el candidato más joven y con un programa más izquierda, Benoît Hamon, se impuso con el 36,6% de los votos por sobre el favorito, el ex primer ministro Manuel Valls, representante del ala neoliberal del PS, que obtuvo el 31,1. La segunda vuelta será el próximo 29 de enero.

Ocupando espacios

La política francesa está definitivamente copada por la derecha. Las encuestas de cara a las elecciones presidenciales de abril ubican a la ultraderechista Marine Le Pen, del Frente Nacional, y al centroderechista François Fillon, en un empate técnico en el primer puesto.

Muy cerca se ubica otro candidato de centroderecha, Emmanuel Macron, representante del movimiento En Marche, un partido conservador con muchas semejanzas con el Ciudadanos español.

En cuarto lugar, arrastrando cerca del 15% de la intención de voto aparece Jean-Luc Mélenchon, el candidato de izquierda del frente “La Francia insumisa”. Entre los socialistas, ni Hamon ni Valls llegan al doble dígito.

Es a partir de este escenario en que los candidatos de derecha concentran casi tres cuartas partes de la intención de voto, y en que buena parte de las simpatías que tradicionalmente pertenecían al PS migraron hacia Mélenchon, que se entiende la victoria de Hamon el 22 de enero.

El triunfador de las primarias hizo en varias ocasiones un llamado a la unidad con Mélenchon, aunque marcando diferencias respecto a algunos temas, especialmente en torno a la polémica por el uso de la burkini y, en un sentido más amplio, la relación en general con la amplia comunidad musulmana francesa.

Las reglas electorales francesas no permiten la construcción de frentes con posterioridad a las primarias. Es decir que, si Hamon fuera confirmado como candidato socialista, no podría unificar su lista con la de Mélenchon. Sin embargo, el líder de La Francia Insumisa se ha pronunciado abiertamente por la renuncia a la candidatura de los socialistas, a la que juzga “inútil” y favorable a los intereses de la derecha.

Los outsiders al poder

Sintomático de las tendencias políticas en la mayoría de los países desarrollados, los candidatos más alejados de las estructuras partidarias tradicionales son los que se acomodan con mejores posibilidades en Francia.

Marine Le Pen lleva años como una figura relevante a nivel electoral, pero su partido, el Frente Nacional, es la definición del outsider. François Fillon se impuso a los favoritos, el ex primer ministro Alain Juppé y el expresidente Nicolas Sarkozy, en la primaria de la derecha y el centro.

El movimiento En Marche de Emmanuel Macron no se plantea como una expresión de nuevas voces, sino como una versión aggiornada de ideas políticas similares a las que gobernaron Francia recientemente. Sin embargo, su discurso resulta atractivo para un público nuevo que incluye votantes de la derecha tradicional y del socialismo.

La victoria de Hamon y su probable candidatura se inscriben en este escenario. El PS francés lleva décadas en busca de un liderazgo refrescante, tras los 14 años de gobierno de François Mitterand. La victoria de Hollande en 2012 responde más a la impopularidad del presidente saliente, Nicolas Sarkozy, que a su propia legitimidad.

Hamon, ministro de Educación entre 2012 y 2014, es una incógnita. Las encuestas dicen que está muy lejos de disputar poder en esta elección, y un acercamiento con Mélenchon todavía parece poco viable.

La derecha domina la política francesa, pero el progresismo y la izquierda parecen haber asestado el golpe y apostar a la reconstrucción.

Nicolás Zyssholtz – @likasisol

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