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Las primeras herejías de Lenin

Las primeras herejías de Lenin
marzo 30
01:46 2017

Por Lucas Villasenin. Vladimir Ilich Uliánov, conocido como Lenin, fue un sinónimo de revolución durante todo el siglo XX. Sus textos fueron traducidos y leídos por militantes de todas partes del mundo. El “leninismo” supuso un intento de moldear sus pensamientos como verdades inmutables validas para cualquier tiempo y lugar.

Pero, alejado de esas formas mecánicas de pensar la política, durante la Revolución de Octubre él puso de relieve que incluso aquellas que eran sus grandes verdades debían demostrar su éxito en la práctica o ser reformuladas. Los debates sobre el programa agrario o la asamblea constituyente en los meses posteriores a octubre así lo demuestran.

El programa agrario y el genio creador de las masas

Durante noviembre los bolcheviques tuvieron que tomar sus primeras medidas. Una de las más importantes era sobre la llamada “cuestión agraria”. Los dirigentes y las bases del partido que dirigía la revolución eran en su amplia mayoría intelectuales y proletarios de las ciudades. Su programa, reafirmado en mayo de 1917, señalaba que su propuesta al respecto era “la nacionalización de todas las tierras” eliminando toda propiedad privada.

Por su parte el partido Socialista-Revolucionario, mayoritario en el mundo rural, proponía la confiscación de tierras a los terratenientes “sin indemnización alguna”. Pero una luego del triunfo de la revolución su proyecto se limitó a que haya “tasaciones justas” por el arrendamiento de tierras.

Lenin ávido por conquistar a los campesinos rusos para el programa bolchevique convocó al partido a denunciarlos por traicionar sus propias promesas. Finalmente redactó un decreto inspirado en los mandatos de 242 representantes de los soviets campesinos. A partir de la abolición de las propiedades de los terratenientes y las iglesias pasaba a manos de los soviets. Pero también relegando la consigna de la nacionalización de la tierra determinaba que la ley no afectaba a los campesinos “con poca tierra” y habilitaba la posibilidad del usufructo individual o grupal de las mismas.

Mientras Lenin leía su Informe sobre la tierra se escuchaba en el recinto que el decreto había sido redactado por los Socialistas-Revolucionarios. Al oír esos murmullo contestó: “Debemos marchar al unísono con la vida; debemos conceder plena libertad al genio creador de las masas populares (…) Lo esencial no es que lo hagan de acuerdo a nuestro programa o con el de los Socialistas-Revolucionarios. Lo esencial es que el campesinado tenga la firme seguridad de que han dejado de existir los terratenientes, que los campesinos resuelvan ellos mismos todos los problemas y organicen su propia vida”.

La Asamblea Constituyente y el poder soviético

La Asamblea era una demanda histórica de los partidos que exigían el fin del zarismo en Rusia. En 1905 fue una de las principales reivindicaciones de la revolución que al ser derrotada derivó en una Constitución que mantenía el orden monárquico.

Con la Revolución de Febrero de 1917 la mayoría de los partidos propusierón la realización inmediata de una Asamblea. El gobierno provisional planteaba convocarla cuando finalizara la I Guerra Mundial. Pero por la presión conservadora y revolucionaria, en agosto se convocó a la elección de representantes para el 25 de noviembre.

Para esa fecha San Petesburgo y Moscú ya estaban bajo el poder soviético y los bolcheviques buscaban implementar el “nuevo tipo de Estado” sustentado en los soviets de diputados obreros, soldados y campesinos. Su iniciativa, como lo marcaba Lenin en El Estado y la revolución, intentaba emular a experiencia de la Comuna de París de 1871. Su propuesta pocos meses antes implicaba también el llamado a una Asamblea de los representantes de toda Rusia y su aplazamiento era un reproche hacia los Socialistas-Revolucionarios y mencheviques que dirigían el Ejecutivo de los soviets antes de octubre.

El resultado de la elección le dio el 58% de los votos a los Socialistas-Revolucionarios (divididos en sus fracciones izquierda y de derecha) y el 25% a los bolcheviques. Estos últimos ganaban en las ciudades y tenían muchos votos en el ejercito; pero sus adversarios se imponían abrumadoramente entre los campesinos. Posteriormente León Trotsky contó que Lenin sostuvo que tras el equívoco de permitir esas elecciones se vieron “obligados a reconquistar ese poder por la fuerza”.

En los días previos al comienzo de la Asamblea, Lenin publicó las Tesis sobre la Asamblea Constituyente dónde determinó que la república de los soviets era una forma superior a la república burguesa. Allí sostuvo que al no tenerse en cuenta los hechos de octubre a la hora de confeccionarse las listas (y la posterior división de los Socialistas-Revolucionarios) no había “una expresión exacta de la voluntad del pueblo en general”. Su propuesta consistía en un llamado a los asambleístas a reconocer al Ejecutivo Central de los Soviets. Y culminaba advirtiendo: “Si no se cumplen estas condiciones, la crisis planteada en relación con la Asamblea Constituyente no podrá resolverse más que por vía revolucionaria”.

Cuando el bolchevique Iakov Mijailovich Sverdlow, al frente del Ejecutivo de los Soviets, abrió la sesión de la Asamblea Constituyente la fracción de izquierda de los Socialistas-Revolucionarios ya había ingresado al gobierno revolucionario y Petrogrado estaba el bajo Estado de sitio aprobado por el soviet de dicha ciudad.

Rápidamente se mostró la correlación de fuerzas. Los Socialistas-Revolucionarios de derecha impusieron por lo votos la presidencia de la Asamblea. Los bolcheviques y sus aliados estaban en clara minoría.

Luego de pasadas unas horas de debate los bolcheviques anunciaron su retiro y dejaron a disposición de los soviets la definición sobre qué hacer con los contra-revolucionarios. Horas después la guardia del Palacio Taurida, al mando de marineros anarquistas, amenazó al presidente de la Asamblea para que culmine la sesión.

Al día siguiente Lenin presidió el Ejecutivo Panruso de los Soviets y se aprobó un decreto con una única resolución: “Queda disuelta la Asamblea Constituyente”. La misma expresaba “la anterior correlación de fuerzas”.

Primeras herejías

Ya sea para ganarse el apoyo del campesinado o para mantener el poder soviético los bolcheviques apelaron al consenso y a la fuerza. Se trató de las primeras decisiones cruciales para la nueva experiencia revolucionaria que debía demostrar firmeza.

En nombre de Lenin durante todo el siglo XX se construyeron ortodoxias programáticas para hacer revoluciones que pocas veces tuvieron éxito. Pero cuando él inició su liderazgo revolucionario fue, en ocasiones, sin pruritos contra su propio programa.

El líder bolchevique no tenía problema reconocer los cambios programáticos. Los procesos políticos debían cambiar también las propuestas si estas se asumían efectivamente como revolucionarias.

@villaseninl

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