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Sin silencio: los 30 años de ACT UP (II)

Sin silencio: los 30 años de ACT UP (II)
abril 04
00:57 2017

Por Gustavo Pecoraro. ACT UP fue clave en el uso de mensajes directos como la campaña Silence=Death (Silencio=Muerte) que ayudó a acabar con la política del silencio en torno al Sida, o la más esperanzadora y empoderante ACT UP for life.

Dos excelentes documentales cuentan la historia de ACT UP: United in Anger, de Jim Hubbard; y How to survive a plague, de David France. Una historia que es valiente, pero no exenta de internas salvajes, traiciones y divisiones tal como describía su ex integrante Deborah Gould en la primera parte de esta nota.

Ella también deja claro que ACT UP no era sólo una organización de varones homosexuales seropositivos, y que si bien la referencialidad de Kramer, Vito Russo o Mark Harrington fue clara, las mujeres feministas, bisexuales y lesbianas también tuvieron una importante participación en las decisiones y la acción. “Muchas veníamos del feminismo, otras de los movimientos por la salud de las mujeres y algunas participaron en luchas anti imperialistas. Las mujeres teníamos una política más desarrollada con una mirada transversal. Sabían que si una mujer negra pobre que vivía en los barrios del sur de Chicago llegaba a tener acceso a tratamientos y servicios, el hombre blanco de clase media también lo tendría”, explicaba. Y añadía: “Si ACT UP hubiese sido solo una organización blanca y de hombres también hubiera sido importante entendiendo cuántos se estaban muriendo. Pero esa caracterización del movimiento esconde el rol importante que tuvieron las feministas, las lesbianas y las personas afrodescendientes”.

A principios de la década del 90 activistas latinos ACT UP Américas residentes en Nueva York inician una larga campaña de apoyo a la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) para que el gobierno de Carlos Menem destrabara la personería jurídica que la Corte Suprema de Justicia le había negado a la organización. La campaña que incluyó manifestaciones frente al consulado argentino en esa ciudad, culminó en noviembre de 1991 cuando Alfredo González, Anthony Marcus, Jairo Pedraza, Luis (“Popo”) Santiago y Eloísa Tennenbaum increparon al presidente Menem (en su visita a Columbia University y frente a la prensa argentina) sobre los derechos civiles de los homosexuales en la Argentina y específicamente sobre la personería jurídica de la CHA. Menem, que en su viaje estaba promoviendo la imagen de la Argentina como un país democrático, se vio obligado a prometer que apoyaría el reclamo de la personería. El 20 de marzo de 1992 Carlos Menem otorgó por decreto la personería jurídica a la CHA.

Apenas tres años después de la creación de ACT UP el gobierno de los Estados Unidos aprobó la protección federal contra la discriminación por VIH-Sida. Creó la Oficina de la Política del Sida y promovió el financiamiento a la investigación para combatir la pandemia.

Pero ya millones de personas habían fallecido y muchos más lo seguirían haciendo.

Hay una escena desgarradora en How to survive a plague de una marcha en Washington que simboliza lo revulsivo de ACT UP dentro del marco de la denuncia política y la acción-creación performativa que pateó el tablero de lo que hasta ese momento se asociaba como manifestaciones de los movimientos sociales.

Así la relata Gabriel Giorgi en “Muertos públicos: supervivencias de ACT UP“, su excelente artículo para Informe Escaleno de junio 2016. “1992: una movilización numerosa avanza sobre la Casa Blanca. La gente trae objetos en sus manos, pequeños cofres, bolsas, urnas. Van repitiendo nombres, como en un coro que replica al infinito”, cuenta.

Y prosigue: “Cuando llegan a las rejas de la Casa Blanca, empiezan a arrojar sobre el césped de la entrada el contenido de lo que traen en las manos: cenizas. Son las cenizas de los muertos por enfermedades relacionadas al Sida -y por eso mismo, muertos políticos, porque son las víctimas del abandono sistemático y deliberado que las administraciones Reagan y luego la del primer Bush gestionaron e impulsaron-. Cenizas que por el hecho mismo de estar atravesadas por una gestión de la salud, de la vida y de la muerte, no pueden quedarse en la tumba privada, en el ritual social y religioso, en el duelo de la familia y los amigos: tienen que volverse, o mejor dicho quedarse en lo público. Muertos públicos, que se quedan en el ‘medio’, en el ambiente, en el suelo y en el aire, en el ‘entre’ de la vida en común”.

“Esa movilización y esa intervención se llamó Ashes Action (‘Acción de las Cenizas’) y fue coordinada por ACT UP, la legendaria red de activistas en torno a VIH y Sida que se originó a mediados de los 80s y continúa hasta nuestros días, y que transformó decisivamente los modos de politizar salud y enfermedad, y el límite mismo entre la vida y la muerte”, dice Giorgi.

Así la muerte dolorosa, inentendible en los cuerpos jóvenes, se vuelve consigna política. Mucho nos enseñó ACT UP desde hace 30 años hasta el hoy. No hay nada inventado, sólo hace falta volver la cabeza al pasado. O sea, hacer memoria.

@gustavopecoraro

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