El Mundo

18 abril, 2017

Cuatro claves para entender el conflicto entre EE.UU. y Corea del Norte

En las últimas semanas los medios de comunicación de todo el mundo han seguido de cerca la tensión militar entre estadounidenses y norcoreanos. Sin embargo pocos se han ocupado de aportar elementos para ayudar comprender qué es lo que está sucediendo.

En las últimas semanas los medios de comunicación de todo el mundo han seguido de cerca la tensión militar entre estadounidenses y norcoreanos. Sin embargo pocos se han ocupado de aportar elementos para ayudar comprender qué está sucediendo.

1. Una tensión militar recurrente

Desde comienzos del siglo XXI, pero incluso desde la caída de la Unión Soviética en 1991, regularmente se desata un enfrentamiento -centralmente discursivo- entre Washington y Seúl de un lado y Pyonyang del otro. Las pruebas de misiles norcoreanos y su programa nuclear son motivo de queja y amenaza constante por parte de EE.UU. y sus aliados en Asia.

Ya durante las presidencias de George W. Bush (2000 – 2008) la Casa Blanca había incluido a Corea del Norte entre los países del llamado “eje del mal”.

Asimismo en 2006, 2009 y 2013, cuando Pyonyang realizó pruebas nucleares subterráneas, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó las resoluciones 1718, 1874 y 2094 respectivamente. Estas establecieron sanciones y exigieron al gobierno norcoreano detener las actividades nucleares para retomar las conversaciones sobre la desnuclearización de la península coreana.

En 2010 se dieron dos enfrentamientos militares entre el norte y el sur. En el primero una fragata militar de Corea del Sur resultó hundida cerca de la frontera. Seúl acusó a sus vecinos del ataque, pero estos lo desmintieron. Asimismo en noviembre de ese mismo año cerca de la isla de Yeonpyeong, en el mar Amarillo, se registró el incidente armado más grande desde la Guerra de Corea (1950 – 1953). Fuego cruzado de artillería terminó con la vida de 14 soldados surcoreanos.

2. ¿Qué particularidad tiene la escalada militar actual?

A diferencia de lo sucedido en años anteriores, en la Casa Blanca se encuentra una administración que por ahora no se ha mostrado muy sutil en el arte de la diplomacia. Asimismo con el reciente bombardeo a Siria y el lanzamiento de la “Madre de todas las bombas” en Afganistán ha dejado claro que tampoco le intimida tomar acciones unilaterales.

Fuente: RT en Español
Fuente: RT en Español

Es así que Donald Trump decidió enviar un portaaviones a aguas coreanas y realizar maniobras militares sobre Corea del Sur con bombarderos B-2, capaces de transportar armamento nuclear.

La acción fue en respuesta a una serie de medidas adoptadas por Pyonyang que comenzaron el 5 de marzo con la decisión de poner fin al armisticio firmado en 1953 que dejó en suspenso la Guerra de Corea (nunca se firmó la paz). A eso le siguió el corte de la línea de comunicación directa militar entre el norte y Seúl el 27 de marzo.

3. Dos beneficiados

Como están dadas las condiciones hasta el momento hay dos gobiernos que salen favorecidos: el de Corea del Norte y el de EE.UU.

El régimen coreano ha apostado desde la caída de la Unión Soviética a la doctrina songun (“primero lo militar”). Como explicó el periodista Max Fisher en The New York Times, “ante la imposibilidad de alcanzar la paz sin arriesgarse a una reunificación como la de Alemania, que dejaría a los norcoreanos bajo el control de Corea del Sur”, Pyonyang se propuso asegurarse que una guerra “fuese demasiado costosa como para siquiera intentarlo”. Es decir que “trasladó la responsabilidad del manejo de las tensiones a los enemigos”.

Al mismo tiempo le permite reforzar la situación política y social interna. Como sostuvo el periodista argentino Daniel Wisenberg que viajó a Corea del Norte, “Kim Jong-un se sustenta en su condición de garantía frente a la amenaza de los Estados Unidos”. Recordemos que bajo esta premisa el gobierno norcoreano superó una hambruna en los años ‘90 que, según datos oficiales, mató 250 mil personas y alcanzó los dos millones de muertos (10% de la población) de acuerdo a información extraoficial.

Pero la tensión militar también le da réditos a la administración Trump. El director del Instituto de Desarrollo Estatal Contemporáneo ruso, Dmitri Solónnikov, opinó que el conflicto “no tiene que ver tanto con la solución del problema en la Península coreana como con la solución de cuestiones dentro de EE.UU.”. Citado por RT en Español, Solónnikov argumentó que Trump no está consiguiendo cumplir sus promesas electorales como la eliminación del Obamacare, limitar el ingreso de migrantes, la construcción del muro entre EE.UU. y México, entre otras.

En este sentido la posibilidad de “hacer a América grande otra vez” (“Make America great again”) como señalaba en su campaña, pasa por hacer alarde de su fuerza militar y desviar la atención de los problemas internos. Así lo hizo en Siria, Afganistán y ahora amenaza en Corea del Norte.

Fuente: RT en Español
Fuente: RT en Español

4. A nadie le sirve romper el statu quo

Ante la amenaza de una posible guerra entre Pyonyang y Washington, el primer país en salir a plantear reparos fue Corea del Sur. Es que los misiles norcoreanos pueden llegar a Seúl en cuestión de minutos.

Aún siendo un aliado estratégico de EE.UU. en la región y contar en su territorio con -al menos- siete bases y decenas de puestos militares menores estadounidenses, es consciente del peligro que cierne sobre el país. A esto hay que sumar que, en cualquier conflicto bélico de esas características, Corea del Norte terminaría sucumbiendo. Como señaló Wizenberg, el sur “tiene un PBI 46 veces más grande que su vecino del Norte, una caída del régimen generaría un ejército de reserva y de refugiados que distorsionaría el mercado”.

El peligro de los refugiados corre también para China, hoy principal aliado económico de Pyonyang. Una caída del gobierno de Kim Jong-un provocaría una fuga masiva hacia el de por sí superpoblado territorio chino. Además implicaría perder un Estado tapón que pone freno a la posibilidad de que las bases estadounidenses se ubiquen en su propia frontera.

Finalmente, una disolución del gobierno comunista al norte de la península habilitaría la posibilidad de que todo su arsenal bélico -incluidas las bombas nucleares- caigan en manos de traficantes de armas. Tal como sucedió en su momento con el armamento de varios países ex soviéticos.

Para Ian Baruma, escritor e historiador de origen holandés pero residente en EE.UU., “en el noreste de Asia todos preferirían mantener el status quo”. “Kim Jong-un no renunciará a su arsenal nuclear porque es todo lo que tiene”, explicó y añadió que “sin la bomba Corea del Norte no sería más que una dictadura pequeña y pobre”, mientras que “con misiles nucleares puede comportarse como una gran potencia” y “retener a otras grandes potencias”.

De esta forma la posibilidad de un conflicto bélico, tan agitada por los grandes medios occidentales y que ha disparado las búsquedas de “Tercera Guerra Mundial” en Google, parece lejana ya que, en definitiva, no le conviene a nadie.

Santiago Mayor – @SantiMayor

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