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Cinco mitos sobre la educación pública y los docentes

Cinco mitos sobre la educación pública y los docentes
abril 19
22:31 2017

Por Leticia Garziglia. Los medios masivos de comunicación tienen el poder de generar mitos y creencias que pasan a formar parte del imaginario social e instituyen sentidos comunes que se nos presentan como evidencias. Estas evidencias -compartidas por ciertas comunidades de sentido- funcionan y actúan antes de poder ser puestas en cuestión.

Según afirmó el sociólogo Alejandro Grimson en su intervención del domingo pasado en la Escuela Itinerante, “los mitos tienen el poder de construir realidades”. “Afectan la manera en la que pensamos el mundo” y “tergiversan, falsifican pero también tienen poder, porque algo de lo que dicen toca una realidad que tiene un problema y absolutizan ese problema. Las mitomanías crean realidades, hacen realidades”.

Es por eso que en este artículo pretendemos “desmitificar”, desnaturalizar, algunas de estas creencias que han circulado durante las últimas semanas en los medios de comunicación y en algunos sectores de la sociedad y se han utilizado para deslegitimar o quitarle valor a la lucha y los reclamos de los y las docentes.

Mito 1: Los docentes reclaman sólo por su salario (léase “sólo les importa su bolsillo, no les importa la educación”).

Esto es falso. Como hemos mencionado en otras oportunidades, en la paritaria nacional docente se discuten condiciones de enseñanza y aprendizaje, salarios, calendario escolar y carrera docente. Si sólo quisieran discutir salarios, esto podría hacerse simplemente a nivel provincial. Pero el reclamo es a nivel nacional y está orientado a tener una discusión que establezca pisos mínimos en estos cuatro temas para todas las provincias del país y para la ciudad de Buenos Aires.

Mito 2: Los “gremialistas” no son docentes.

Esto también es falso y se ha venido utilizando para deslegitimar la palabra pública de los representantes que hablan en nombre del conjunto de las y los trabajadores de la educación. La lectura que se pretende instalar es: “Si los gremialistas no son docentes, entonces los docentes no están de acuerdo con sus reclamos ni se sienten representados por ellos”.

Como en todos los sindicatos y lugares de trabajo, el conjunto de trabajadores tiene sus representantes. Para esto se eligen delegados. En cada escuela, hay dos o tres delegados o delegadas sindicales que son electos anualmente por sus compañeros y compañeras de trabajo. Estos pueden ser maestros, secretarias, preceptores, directoras, asesoras pedagógicas, psicopedagogos, vicedirectoras, u otro trabajador o trabajadora de la educación que tenga un cargo en una escuela. Quien efectivamente no es un docente es el actual ministro de Educación, Esteban Bullrich, que estudió Licenciatura en Sistemas e hizo un máster en Administración de Empresas. No sólo no tiene título docente sino que nunca estuvo frente a un aula en una escuela pública.

Mito 3: Los docentes trabajan cuatro horas por día y tienen tres meses de vacaciones (¿y encima piden más salario?).

Que un docente trabaja sólo cuatro horas por día es algo que sólo puede animarse a pensar alguien que no tiene la menor idea de qué significa planificar clases, corregir, buscar alternativas didácticas, reunirse con padres o madres y miles de etcéteras. Pero además de eso, hoy en nuestro país ningún docente puede tener un solo cargo (lo que correspondería a estar alrededor de cuatro horas por día frente al aula) y vivir de eso. Quien tiene un sólo cargo cobra aproximadamente 9 mil pesos, un monto que está por debajo de la línea de pobreza.

También es totalmente falso que los docentes tienen tres meses de vacaciones. El calendario escolar comienza cada año entre el 13 y el 15 de febrero y termina el 30 de diciembre, lo que demuestra que las vacaciones de verano de un docente son de un mes y medio. Si a eso se le suman los catorce días de invierno, la cuenta da dos meses.

Mito 4: Los docentes tienen una exagerada cuota de ausentismo.

Este es uno de los mayores “argumentos” que se utilizan para descalificar a los docentes cuando deciden encarar medidas de fuerza como los paros. Aún si esto fuera cierto y en ciertos lugares existiesen “abusos” -como se los suele llamar- de las licencias previstas por el Estatuto Docente, este hecho no invalidaría ningún tipo de discusión con respecto a los salarios y las condiciones laborales del conjunto de la docencia. En todo caso, abriría otros debates diferentes.

La realidad es que el porcentaje de ausentismo docente no es mayor al de otros gremios en nuestro país, o al menos no existen estudios serios que lo comprueben. La gran diferencia es que, mientras en otros lugares de trabajo una ausencia es menos notoria porque un trabajador “cubre” las tareas del otro o bien porque sus tareas se retrasan un día, en una escuela no hay docentes que puedan cubrir a quienes faltan y entonces la situación se hace más visible cuando 30 estudiantes están una hora sin alguien frente al curso.

Mito 5: La lucha de los maestros es política.

Efectivamente, es una lucha política. Discutir las condiciones en las que se enseña y aprende no puede más que ser parte de un proyecto integral de país. Y eso es hacer política. Recortar presupuesto para la educación es igualmente político y responde de la misma manera a otro proyecto de país. Citando nuevamente a Alejandro Grimson, “una lucha simboliza un conjunto muy grande de luchas, simboliza una relación de fuerzas entre un proyecto económico y político y un conjunto de trabajadores de sectores populares del pueblo argentino que intenta confrontar con ese proyecto”. Cada acto de la vida de una persona es político en tanto actúa de manera coherente con sus ideas (ideología, ideales). Así, defender el derecho a enseñar y aprender en condiciones dignas es un acto profundamente político.

Lo que es necesario remarcar es que no es una lucha partidaria. Y esto es lo que se presta a confusión a partir del discurso de los medios hegemónicos. Se pretende instalar la creencia de que los y las docentes que defienden a la escuela pública “son kirchneristas” y que por detrás de esa defensa tienen la intención de desestabilizar al gobierno actual. Las reivindicaciones por las que se lucha exceden por mucho una visión de proyecto de país homogénea y sin fisuras.

Las calles se han visto invadidas por ciudadanos y ciudadanas de los más distintos tintes políticos en los que se ha expresado una gran pluralidad ideológica y cultural: desde la izquierda tradicional hasta el massismo, pasando por el kirchnerismo, el arco progresista, el anarquismo, e incluso referentes de los distintos sectores que no se reconocen como parte de ningún partido político se han manifestado en defensa de los derechos de las y los trabajadores. Está más que claro que una lucha no puede ceñirse pura y simplemente a un interés partidario.

Como expresó el referente de Patria Grande, Martín Ogando, “lo que se expresó en las calles fue una relación de fuerzas parida en la resistencia al neoliberalismo y en las rebeliones populares del nuevo siglo”. Y esto está lejos de corresponderse unilateralmente con un proyecto político-partidario cuyo arraigo se dio a partir de las estructuras de los partidos tradicionales.

@letigarziglia

Foto: Bárbara Leiva

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