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A fuerza de indefinición, Randazzo y Cristina acaparan la atención electoral

A fuerza de indefinición, Randazzo y Cristina acaparan la atención electoral
mayo 09
19:00 2017

Por Federico Dalponte. Florencio Randazzo volvió al centro de la escena sin volver del todo todavía. Desde su desilusión presidencial en 2015, lo invadió el ostracismo y el silencio. Despidos, procesamientos, devaluación, divisiones, macrismo puro y la sangre llegando al río.

Y Randazzo sin florecer. Ahora parece gravitar de nuevo, como antes de aquel turbulento junio cuando Cristina Fernández de Kirchner bendijo a la fórmula Scioli-Zannini. Ya cicatrizado, hoy el ex ministro simboliza la esperanza para una buena parte del peronismo.

Por caso, Alberto Fernández ya se subió a ese tren. Como hace cuatro años, cuando creyó que Sergio Massa expresaba lo mejor del originario Frente para la Victoria.

Y nada está dicho en rigor. La aparición de la ex presidenta Cristina Fernández siempre supone una amenaza para quienes apuestan fuerte a su jubilación. Pero aquel “me excluyo” lanzado la semana pasada reavivó la lucha hacia el interior del peronismo.

Después fueron varios los que intentaron matizar la frase. Si la ex presidenta anuncia hoy, en pleno mayo, que no será candidata, es posible que le busquen reemplazante. Su capacidad de dirigir al remanente kirchnerista que continúa en cancha se define por ese 30% del padrón que aún hoy la votaría.

Sin ella, cualquiera podrá creerse con derecho a representar su ideología, su trayectoria. Y la de su marido. Pero con la presencia latente, tal vez pueda todavía incidir en ciertas candidaturas, resolver ciertos conflictos internos. Por eso ese vaivén, que se mantiene como carta de negociación.

Tanto si se postula como si no, parece evidente que tendrá que sortear dos obstáculos seguros. El primero es el propio Partido Justicialista, espacio en el universo donde nadie se inmola. Si sus dirigentes creen que atar su suerte a la ex mandataria es un suicidio, sabrán cómo entorpecer sus planes. Empezarán por alentar candidaturas alternativas y seguirán por fomentar la fragmentación.

Y el otro inconveniente lo conforman, claro, aquellos dirigentes dispuestos a enfrentarla. La lista empieza por Florencio Randazzo y Alberto Fernández, pero continúa por Oscar Romero, Julián Domínguez y compañía. Las primarias son la gran opción para dirimir estas cuestiones, y el morbo de ver al ex ministro y a la ex presidenta enfrentados tal vez podría atraer más votos. Nunca se sabe.

La otra alternativa, sin embargo, es la consagración de espacios independientes, al estilo Sergio Massa. Lo que decantaría en un peronismo divido en tres: los kirchnersitas, los randazzistas y los massistas. Difícil imaginar la unificación total, pero tampoco tamaña atomización.

En cualquier caso, la fecha límite es el 14 de junio. Hasta ese día podrán dirimir cuán juntos o cuán separados han de marchar: en el mismo frente pero con precandidaturas diferentes; en el mismo frente y en la misma lista; o en frentes independientes.

El otro que continúa expectante es Daniel Scioli. De comunicación frecuente con Cristina Kirchner, sólo ellos saben hasta dónde serviría una apuesta similar a la de 2015. Si el ex motonauta aceptara por encargo encabezar la nónima cristinista, esta vez tendrá adversario seguro. Y si ganara las primarias con el apoyo de la ex presidenta, bienvenido. Pero si pierde contra Randazzo, pasaría a retiro sin escala.

En definitiva, es evidente que el factor Kirchner será determinante hasta último momento. Como en 2011, cuando las dudas sobre su candidatura se dilataron hasta lo absurdo.

Pero a diferencia de aquella campaña, hoy el peronismo y sus variantes no tienen nada que perder. Sí sus dirigentes, claro está, pero no su difuso espacio electoral. Dicho de otro modo: ante la imposibilidad de ganar notoriedad a través de la gestión cotidiana, la telenovelezca definición de sus candidaturas genera, entre otras cosas, que se hable más de ellos que de Facundo Manes o Esteban Bullrich, las caras más pulidas de Cambiemos.

@fdalponte

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