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La terquedad de las cucarachas: el teatro como manifiesto

La terquedad de las cucarachas: el teatro como manifiesto
mayo 10
00:36 2017

La obra se presenta en un espacio que parece no haber sido concebido para ser un teatro. El espectador está ya, desde el principio y sin saberlo, viviendo en carne propia algo de lo que hablará la obra después: la realidad de muchos de los teatros del off porteño. La sala teatral de El Fino Espacio Escénico se alza en una habitación de una casa antigua transformada en espacio artístico.

Quien asiste a La terquedad de las cucarachas se encuentra, desde la misma llegada al teatro, con reminiscencias de la Metamorfosis kafkiana. Y la terquedad ya se respira aquí: contra todos los pronósticos comerciales, el teatro off sigue resistiendo y generando espectáculos aún cuando se pierde dinero, se lucha contra la burocracia para poder seguir conservando las salas y contra los gobernantes que insisten a toda costa en clausurar los espacios que, paradójicamente, permiten enorgullecernos de que Buenos Aires sea la ciudad con más estrenos teatrales del mundo. El teatro independiente resiste, como las cucarachas, los embates de cualquier amenaza, se transforma, muta y persiste creando sentido, multiplicando el sentido.

La terquedad de las cucarachas habla de eso, del teatro (y podría pensarse que de la cultura en general) como uno de los ámbitos en que, por momentos, uno puede escaparse de la lógica capitalista y permitirse abolir el tiempo productivo para asistir a un ritual profano en el que todos -oprimidos y opresores- somos iguales y conectamos con el disfrute de la percepción estética.

La obra se inicia con una discusión entre un patrón y un obrero de una empresa metalúrgica. Una puesta despojada en un espacio reducido. El espectador cree que entiende que está en presencia de una pieza que hablará sobre EL capitalismo, con personajes estereotipados, que seguramente termine en alguna especie de moraleja utópica como que los obreros unidos cambiarán el mundo o que los patrones en el fondo son seres sensibles.

Sin embargo la obra no se trata de eso, o al menos  no sólo de eso.

La obra se despliega en múltiples niveles de la misma relación dialéctica amo-esclavo: el patrón y el obrero, el director y el elenco, el artista y el sistema de producción teatral.

La terquedad de las cucarachas funciona como un caleidoscopio en el que se van mezclando los diversos hilos narrativos, los roles de los personajes y de los intérpretes, la realidad y la ficción, los tonos de actuación clásicos con los modernos, los artistas y el público. Toda la maquinaria de la obra se pone al servicio de pensar en la dialéctica entre opresor y oprimido invitando al espectador a preguntarse de qué lado se encuentra. Y por sobre todo, qué es o qué debería ser el teatro dentro de este esquema.

A través de un tono de comedia se logra acercar al espectador al detrás de escena de la actividad teatral: los subsidios, los egos de los artistas, el trabajo cooperativo, el escaso capital. Tal vez el espectador no comprenda acabadamente los detalles de esta maquinaria de producción pero seguramente le resuene algo de lo común con cualquier ejemplo de producción capitalista. Es interesante pensar cómo el teatro tiene algo en común con este modelo pero también algo supremamente diferente que lo separa, lo diferencia de la producción de cualquier mercancía.

El teatro puede ser un producto meramente comercial pero también puede ser un acto de resistencia. Como las cucarachas que sobreviven a las bombas atómicas, el teatro ha logrado mantenerse vivo desde las épocas de la antigua Grecia hasta el día de hoy. Ha logrado, no sin esfuerzo, hacer frente a los embates del cine, de la tele, de las redes sociales. El teatro muta y resiste a la obsolescencia programada imperante en la actualidad. Lo mismo sucede con la obra y sus personajes. Un patrón que se convierte en empleado de limpieza, un obrero que deviene guardia de seguridad, modelos femeninas que cantan y bailan, temáticas banales y profundas, actores y actrices contemporáneos que recitan textos de Lorca con solemnidad.

El teatro dentro del teatro que se piensa a sí mismo. La terquedad de las cucarachas puede pensarse, a su vez, como un manifiesto teatral, como un grito, un llamado de atención acerca de la importancia del arte especialmente en estos tiempos en que reina la clausura de los espacios, el recorte de los presupuestos para cultura, la confusión entre representantes culturales y productos comerciales.

Los actores y actrices se entregan a este juego de cajas chinas en donde deben entrar y salir de la realidad y la ficción constantemente, cambiar de registros actorales, construir y romper una y otra vez la cuarta pared.

Rubén Mosquera crea una pieza teatral para hablar de todo esto, decide compartir su manifiesto sobre el teatro en forma de obra teatral.

Luz Lassizuk

 

Ficha técnica:
Dramaturgia: Rubén Mosquera
Actúan: Mario Campodónico, Stefanía Domínguez, Rubén Franchini, Irina Juarez Sibello, Antonella Kruger, Justina Ovejero, Ariel Trapani
Maquillaje: Analía Arcas
Diseño de vestuario: Vanesa Yael Abramovich
Diseño de escenografía: Vanesa Yael Abramovich
Diseño de luces: Daniel Zappietro
Sonido: Ricardo Roldán
Fotografía: Cecilia Dornell
Diseño gráfico: Martín Etchebehere
Asesoramiento coreográfico: Mónica Soruco
Asesoramiento Vocal: Marisa Pereyra
Asistencia de vestuario: Federica Ansede
Prensa: Circe Cultural
Producción ejecutiva: Rubén Mosquera
Dirección: Rubén Mosquera

El Fino Espacio Escénico – Paraná 673
Reservas: 4372-2428
Funciones: Viernes, Sábados y Domingos 21 hs.

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