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La Rusia de Putin: el retorno de los vencidos (2)

La Rusia de Putin: el retorno de los vencidos (2)
junio 05
20:25 2017

Por Santiago Mayor. Sin duda las intervenciones rusas en Chechenia, Osetia y Ucrania dieron cuenta de un cambio en la política de Moscú ante el avance occidental sobre sus fronteras y zonas históricas de influencia. Sin embargo fue su involucramiento en la guerra siria lo que marcó un quiebre.

De primaveras árabes, terroristas e intervenciones “democráticas”

La llamada primavera árabe -iniciada en 2011- barrió con algunos gobiernos autoritarios afines a EE.UU. (Egipto y Túnez). También fue violentamente sofocada en países como Bahrein, con apoyo de Arabia Saudita, y desató guerras civiles en Libia, Yemen y Siria.

En el caso de Yemen, cayó un gobierno pro-occidental y los rebeldes hutíes -cercanos al gobierno iraní- combaten al día de hoy contra una fuerza multinacional encabezada por los saudíes. En Libia el desenlace es conocido: la OTAN bombardeó el país hasta dejarlo hecho trizas con el objetivo de asesinar a Muamar Muhamad Abu-minyar el Gadafi. Este bombardeo fue realizado a pesar de los planteos de China y Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Finalmente, Siria fue distinto. El financiamiento de Occidente y las monarquías del Golfo a lo que llaman “rebeldes moderados”, junto al surgimiento de Estado Islámico, generó un conflicto multinacional camuflado de Guerra Civil. El avance de los terroristas sobre territorios del gobierno de Bashar Al-Assad parecía irrefrenable hasta que Moscú decidió intervenir abiertamente a pedido de las propias autoridades de Damasco.

En septiembre de 2015 la entrada de tropas rusas comenzó a revertir el curso de la guerra o, al menos, a equilibrarlo. Hasta entonces la coalición comandada por EE.UU. había estado actuando en el territorio sin ningún logro significativo. Denuncias posteriores, como la de la misionera argentina Guadalupe Rodrigo que vivió cuatro años en Siria, dieron cuenta de la connivencia estadounidense con los terroristas.

El éxito más importante de Rusia en el ámbito militar fue la recuperación el este de la ciudad de Alepo, que estuvo bajo dominio de grupos terroristas prácticamente desde el comienzo. A esto hay que sumar la reciente cumbre de paz de Astaná, Kazajistán, motorizada por el Kremlin junto a Irán y Turquía donde se firmó un memorándum para la creación de cuatro zonas de seguridad y “desescalada” del conflicto en Siria.

Gracias a la intervención rusa, lo que parecía ser una nueva Libia (hoy desmembrada en varios micro-Estados de facto) debido a las deliberadas intenciones de la OTAN de hacerse con los oleoductos y gasoductos sirios que van de Irak al Mar Mediterráneo, pasó a ser un conflicto estabilizado con un gobierno mucho mejor parado.

Con China en la búsqueda de un nuevo orden mundial

Si bien el término fue acuñado a principios de siglo, el BRICS (acrónimo de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) no comenzó a nacer formalmente sino hasta 2006 y tuvo su primera cumbre oficial el 16 de junio de 2009 en Yekaterimburgo (Rusia). Este agrupamiento de poderosas “economías emergentes” se estableció como un claro contrapeso a la hegemonía estadounidense y sus aliados europeos.

Con alrededor del 30% del PBI mundial y más del 40% de la población, representa un mercado con un claro potencial. Además China, Rusia e India poseen tres de los cinco ejércitos más poderosos del mundo.

La Rusia de Putin fue una de las impulsoras de este espacio y, hasta el momento, ha buscado una mayor articulación sobre todo con China, llamada a ser la primera potencia económica mundial en pocos años. “Estoy seguro de que el crecimiento de la economía china no es ninguna amenaza, sino un desafío que contiene un colosal potencial de colaboración de negocios, una posibilidad de atrapar ‘el viento chino’ en las ‘velas’ de nuestra economía”, escribió Putin en una carta pública antes de su reelección en 2012.

En ese mismo texto el mandatario ruso aclara que se han solucionado históricos problemas entre ambos países, entre ellos el fronterizo. Por eso “el modelo de las relaciones ruso-chinas que se ha creado genera mucha perspectiva”.

Ambas potencias han tenido posicionamientos conjuntos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, principalmente en torno al conflicto sirio y Moscú ha dado un fuerte espaldarazo a la “nueva ruta de la Seda” que Beijing impulsa para reorganizar el mercado mundial.

No obstante no se puede descartar que en algunos años el desarrollo chino choque con las aspiraciones rusas. Por el momento han logrado complementarse y expandir su influencia de manera conjunta.

Geopolítica a escala regional

Además de sus intervenciones en Ucrania y Siria, que han tenido una gran relevancia a nivel mundial, Moscú juega un papel importante en otros conflictos y zonas del planeta.

En el Cáucaso hace más de dos décadas que Armenia y Azerbaiyán se enfrentan en una guerra que parece no tener fin. El objetivo: el control de la región de Nagorno Karabaj, de mayoría armenia pero formalmente integrada a territorio azerí y autodeclarada independiente desde 1991. Históricamente Rusia ha mediado en este conflicto y en abril del año pasado se firmó en Moscú un alto el fuego entre ambas partes.

Unión Económica Euroasiática

Unión Económica Euroasiática

Otro ejemplo de la vuelta de Rusia al escenario regional fue su re-acercamiento a los países de Asia Central, los “istán” (Kazajistán, Uzbequistán, Tayikistán, Kirguistán y Turkmenistán). Todas estas ex repúblicas soviéticas habían sido olvidadas por Moscú tras la disolución de la URSS. Sin embargo, con la llegada de Putin al gobierno ha habido un intento por recuperar la iniciativa en una región disputada tanto con China (económicamente) como con EE.UU. (militarmente).

Actualmente más de un tercio (35%) de las importaciones de Kazajistán y Kirguistán provienen de Rusia. El número se ubica en un 25% para los uzbekos y un 32% para los tayikos. Kirguistán queda más lejos con un 16%. Asimismo las remesas provenientes de territorio ruso suponen el 30% del PBI kirguizo y el 15% en Tayikistán.

Este escenario se vio reforzado por la conformación de la Unión Económica Euroasiática nacida en 2015. La misma, que habilita el libre movimiento de capitales, mercancías, servicios y personas, está integrada por Rusia, Kasajistán, Bielorrusia, Armenia y Kirguistán. Además existen negociaciones para la incorporación de los demás “istán” y algunas repúblicas o regiones autónomas de facto -aunque no reconocidas por la comunidad internacional- como Abjasia y Osetia del Sur en Georgia, Lugansk y Donetsk en Ucrania y Transnistria en Moldavia.

***

El resurgir de Rusia como potencia mundial ya es un hecho consumado. Sin dudas no hubiera sido posible sin la estructura económica y militar heredada de la Unión Soviética, pero tampoco se podría haber logrado sin la decisión política de Vladimir Putin.

No obstante, no se debe confundir el rol progresivo que puede desempeñar Moscú en determinados conflictos (Siria, Ucrania) con un revival de la Guerra Fría. Hoy los choques entre las potencias no están atravesados por ideologías contrapuestas, sino por influencia geopolítica e intereses económicos.

Asimismo habrá que ver hasta dónde puede Rusia sostener su presencia política y militar en varios frentes a la vez. De todas formas no parece ser la intención de Putin lanzarse a un despliegue mundial y competencia de igual a igual con Washington o Beijing. Pero sí ha dejado clara su decisión de reubicar al país más grande del mundo como un actor a tener en cuenta.

Aquel que había sido derrotado y humillado en 1991 ha vuelto y tiene previsto quedarse un buen rato.

@SantiMayor

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