América Latina

6 junio, 2017

Intelectuales, artistas y periodistas de América Latina respaldan a Venezuela

Como respuesta a una carta firmada por algunos intelectuales criticando al gobierno de Venezuela publicada en el mes de mayo surgieron dos textos que recogieron decenas de firmas a nivel continental en respaldo a la Revolución Bolivariana y denunciando la violencia de la derecha, responsable de las muertes en el país.

Como respuesta a una carta firmada por algunos intelectuales criticando al gobierno de Venezuela publicada en el mes de mayo surgieron dos textos que recogieron decenas de firmas a nivel continental en respaldo a la Revolución Bolivariana y denunciando la violencia de la derecha, responsable de las muertes en el país.

Una estuvo a cargo de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad y fue titulada “¡Con la Revolución Bolivariana por siempre!”. La misma recoge las firmas de Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, Gisela López, ministra de Comunicación de Bolivia, Frei Betto (escritor), Emir Sader (sociólogo y politólogo), Joao Pedro Stedile (dirigente del Movimiento de los Sin Tierra) y Theotonio dos Santos (sociólogo, politólogo, economista y escritor).

También respaldaron la declaración Michael A. Lebowitz, profesor emérito de economía de Simon Fraser University, de Canadá; los chilenos Marta Harnecker (escritora) y Manuel Cabieses (periodista y editor); la ex senadora colombiana Piedad Córdoba y los cubanos Roberto Fernández Retamar (escritor y presidente de Casa de las Américas) y Silvio Rodríguez (trovador).

El otro texto, titulado simplemente “Declaración por Venezuela”, incluye principalmente firmas provenientes de Argentina e incorpora también la adhesión de organizaciones. Atilio Borón, Pablo Llonto, Mabel Thwaites Rey, Claudio Katz, Natalia Vinelli, Leandro Morgenfeld y Jorge Cardelli, se destacan entre quienes adhieren.

“Los errores no se superan haciendo frente común con la derecha”

La “Declaración por Venezuela” comienza señalando su respaldo al proceso bolivariano en Venezuela “a partir del Caracazo de 1989 y de la rebelión cívica y militar conducida por Hugo Chávez en 1992”.

Asimismo recupera los hechos recientes en los cuales el gobierno venezolano ha intentado abrir canales de diálogo e incluso ha planteado una salida electoral con la convocatoria a elecciones regionales y a la Asamblea Nacional Constituyente.

Si bien reconoce errores aseguran que “el descontento es organizado y planificado por la oposición para producir el ‘derrumbamiento catastrófico’ del gobierno del presidente Nicolás Maduro, sin planteos de resolución reivindicativa de las necesidades populares”. “La operatoria de la derecha reaccionaria a nivel continental busca alguna forma de intervención extranjera”, sostiene.

Desde ese lugar se plantea que “los errores no se superan haciendo frente común con la derecha reacciona venezolana e internacional, como se desprende en los hechos de la declaración que realizan una supuesta intelectualidad ‘de izquierda’ que parece desconocer la realidad sobre la que opina”.

Por eso subraya: “Quienes acompañamos esta declaración sostenemos que el camino iniciado hace más de dos décadas en Venezuela debe ser defendido, contra los errores y enemigos internos y, sobre todo, contra los enemigos externos” y esto “no admite dudas ni vacilaciones”.

Historizar la democracia

“Bajo la implícita formula del ‘yo acuso’ y unas horas antes de la reunión de la OEA en la que se discutiría nuevamente la intervención en Venezuela, más de una centena de intelectuales y académicos latinoamericanos, europeos y norteamericanos, firmaron recientemente una solicitada titulada ‘Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela'”, comienza el escrito redactado por el sociólogo argentino Lautaro Rivara y al que adhirió la Red de Intelectuales.

Allí se sostiene que cada que “los acusadores pueden y deben ser acusados” ya que “también los intelectuales” deberán “dar cuenta de sus aciertos y sus errores en este dramático impasse continental, que bien podrá significar la clausura conservadora de un ciclo político ascendente”.

El extenso material desarrolla el concepto de “guerra de cuarta generación” al cual define como “toda una estrategia insurreccional del imperialismo norteamericano” contra el gobierno de Nicolás Maduro. Es que “sólo Venezuela, partera de este nuevo ciclo histórico, puede, con su caída, sellar su clausura irremediable. Así lo ha entendido Estados Unidos, más no así, pareciera, algunos de nuestros más prestigiados académicos”.

Tras definir que atravesamos un “momento político-militar en ciernes”, enumera “las guarimbas de la oposición, el asesinato de referentes chavistas en el campo y en la ciudad, la infiltración incesante de paramilitares colombianos, la formación de milicias bolivarianas, el fortalecimiento de la unión cívico-militar y el patrullaje militar de las costas venezolanas por las potencias emergentes” como “síntomas de toda una etapa” que dan cuenta de “la radicalización militarista del imperialismo norteamericano en su largo pero irrefrenable declive global”.

“Ignorar la dimensión de este proceso lleva a análisis superficiales que intuyen derivas autoritarias, presuntos autogolpes, o militarizaciones ociosas de la clase política de los gobiernos latinoamericanos”, apunta la Red de Intelectuales contra los firmantes de la solicitada. Y califica a dichos intelectuales como “propensos a describir ‘déficit’ de democracia por estas latitudes, siempre con la vara de concepciones eurocéntricas y pretendidamente universales sobre lo que ha de ser lo democrático”.

Esto “no significa apoyar enceguecidamente” el proceso o “a su conducción eventual”, sino de “elegir el campo desde el que se enuncian las críticas y desde el que se cumplen las tareas específicas de la praxis intelectual”.

“Ni clases sociales, ni dependencia estructural, ni tampoco el imperialismo, aparecen siquiera mencionados en la solicitada, mientras éstas son herramientas que cualquier comunero o comunera venezolana hace tiempo que ha incorporado a su vocabulario político, en lo que constituye otra faceta de un proceso de democratización (y de socialización del poder) bien radical”, cuestiona el escrito con contundencia.

Finalmente llama a “volver a historizar a la democracia, escindir el ideal de sus imperfectas realizaciones institucionales, desfetichizar sus elementos formales y comprender sus nuevas modalidades emergentes”. Lo cual “resulta imprescindible para no caer presa de una valoración liberal-republicana y en suma, colonial, sobre qué es lo democrático”.

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