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Víctor Penchaszadeh: “La dificultad para encontrar Nietos es política, no científica”

Víctor Penchaszadeh: “La dificultad para encontrar Nietos es política, no científica”
junio 07
21:39 2017

El Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) se creó en 1987 por una solicitud de Abuelas de Plaza de Mayo al ex presidente Raúl Alfonsín, cuando la genética ya estaba en condiciones de responder con ciencia a su búsqueda de años.

Pero siete años antes, en 1980, cuando pudieron localizar a las hermanitas Tatiana y Malena Britos, ellas debieron enfrentarse al problema de su identificación. El juez les pedía una prueba irrefutable de su origen.

Las Abuelas y la Genética una invalorable obra historiográfica con el relato en primera persona de la búsqueda de Abuelas de Plaza de Mayo, registra ese momento con una eficacia literaria descomunal: “Si querían hallar a sus nietos, las Abuelas debían encontrar un parámetro que les ofreciera certeza. ¿Serviría la sangre de las abuelas?”.

Tras leer una nota en el Diario El Día, de La Plata, Estela de Carlotto supo de la existencia de las pruebas de paternidad. Con el recorte periodístico en mano, un grupo se lanzó a una gira por los principales centros de genética de 12 países del mundo, sin resultados.

Hasta que, en 1982, en Nueva York, dieron con Víctor Penchaszadeh, el genetista argentino que tuvo un rol fundamental en conformación de lo que, a posteriori, sería conocido en el mundo como “índice de abuelidad”, que hasta hoy permitió la restitución de la identidad a 122 nietos.

En la actualidad son entre 100 y 120 las personas que, mensualmente, se acercan al BNDG con la sospecha de ser hijos de desaparecidos.

¿Servirá la sangre de las abuelas?

En el libro, Penchaszadeh cuenta que al conocerlas fue consciente que la sociedad le estaba haciendo un reclamo a la ciencia genética, y que esa realidad social debía generar una respuesta científica.

“Cuando las conocí a Estela (Carlotto) y Chicha (Mariani), en el ’82, no estaban buscando explicaciones científicas. Ellas estaban buscando una respuesta. Si iban a poder identificar a sus nietos robados una vez terminada la dictadura”, cuenta Penchaszadeh a Notas. “Yo las pude tranquilizar porque estaba convencido que había una respuesta desde la ciencia, si bien yo no tenía una idea clara, en ese momento, de cuál iba a ser esa respuesta, ni cómo iba a gestarse”, añade.

- ¿Cómo fue esa respuesta?

– La explicación científica resultó muy sencilla en la teoría y compleja en la práctica. La teoría genética es que todos los seres humanos recibimos la mitad de los genomas de parte de Padre y la mitad de parte de Madre, lo que quiere decir que recibimos una cuarta parte de cada abuelo. Es decir que todo lo que está presente en una persona tiene que estar, necesariamente, presente en sus cuatro abuelos.

La parte compleja, sin embargo, no es la de laboratorio, sino la probabilística-estadística, esto es ¿cómo estar seguros de que cuando hay coincidencia, lo que afirma parentesco entre individuos, no sea producto del azar? Eso es una respuesta muy compleja científicamente, pero que permite que los resultados den la certeza que necesitan las Abuelas.

- ¿Imaginó alguna vez que su carrera iba a tener tanto impacto en Derechos Humanos?

– Cuando elegí la genética fue porque me interesaba la genética médica, aun cuando cómo médico siempre tuve una concepción social de la medicina, que es garantizar, defender y pelear por el Derecho a la Salud, que, incluso hoy, no lo tenemos garantizado.

Desde la genética me preocupé porque las personas con enfermedades genéticas, sus problemas, puedan resolverse y atenderse en el sistema de salud. Y, de hecho, desde ese momento que conocí a las Abuelas, y que me convertí en un defensor de su lucha, lo hice desde la genética, en parte, pero principalmente desde la ética y la política. Y yo siempre les he dicho a las Abuelas que la dificultad mayor que iban a tener en encontrar a los nietos, no es técnica, no es científica, sino ética y política.

- ¿Cuáles son sus sensaciones personales sobre este encuentro que celebra los 30 años del Banco?

– Para mí esto fue un parteaguas, porque le dio legitimidad a la genética, que estuvo asociada a cosas muy oprobiosas en el pasado. Las Abuelas le dieron a la genética la oportunidad de hacer redimir a una ciencia que había estado asociada a la esclavitud, racismo y genocidio.

- ¿Cómo piensa el futuro del Banco Nacional de Datos Genéticos?

– El Banco, a lo largo de su historia, ha conseguido mantenerse actualizado en tecnología, tanto de laboratorio como informática, tanto que no tiene nada que envidiarle a los laboratorios de primer nivel del exterior. Y no me cabe duda que va a seguir siendo actualizado.

Acá, sin embargo, hay un problema y es que, lamentablemente, la base de datos del banco no está completa. Y, en muchos casos, los análisis no dan porque falta gente. Ahora la tecnología, la ciencia de la genética forense, permite nuevos desarrollos, nuevos descubrimientos en la genética, que son aplicables a la genética forense, es decir, a la ciencia de la identificación genética de las personas. Esto va a seguir, seguramente van a aparecer nietos y bisnietos a lo largo del tiempo, y cada vez con una tecnología más certera y precisa.

Ahora, lo que aspiro yo, es que esta dependencia, tan importante y feliz, con respecto al ADN, no nos haga olvidar todas las otras influencias que determinan la identidad, que son la cultura, la crianza, la educación, la política, las condiciones de vida. Y creo que las Abuelas han sido muy sabias en orientar el trabajo, por un lado, de los genetistas, que son los encargados de determinar la identidad genética, pero también, por otro lado, abogar por una concepción holística de la persona, porque la identidad personal no puede reducirse a lo genético. La Identidad es más que el ADN.

- ¿Cómo evalúa el marco político actual?

– Es difícil. Ya vimos que el ministro de Derechos Humanos (Claudio Avruj) apoya esta causa, como no podía ser de otra manera. Pero “Abuelas” es una causa muy fácil para el gobierno, porque nadie la discute. Es de una ética y una humanidad tan increíbles que saben que con ellas no se pueden meter.

El problema es el 2×1, la desarticulación de muchos programas que tienen que ver con los derechos humanos, las penas cada vez más reducidas y benéficas para los represores. Es un gobierno que piensa que puede avanzar sobre todas las cosas, total si el costo político es muy grande, retroceden. Creen que la gente no tiene memoria.

Eduardo Porto – @PortoEdu

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