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El Constructivismo, nuevas formas para un mundo nuevo (II)

El Constructivismo, nuevas formas para un mundo nuevo (II)
julio 10
01:29 2017

Luego de la Revolución de Octubre el acceso a la cultura se abrió para un gran número de trabajadores urbanos, surgieron clubes y sociedades culturales en las fábricas, sindicatos, cooperativas y sóviets de trabajadores y soldados. Los estudiantes de arte, dirigidos por artistas constructivistas y suprematistas, pintaron los trenes militares de la guerra civil con propaganda revolucionaria, realizaron decoraciones callejeras e intervenciones en las principales ciudades que celebraban los primeros aniversarios de la revolución. En un breve tiempo más de doscientas organizaciones de artistas se formaron impulsadas por la revolución, generando un fenómeno inédito e irrepetible.

Los artistas de la vanguardia se encontraron repentinamente en posiciones de poder e influencia como directores de colegios y museos de arte: en tres años lanzaron 36 nuevos museos y decenas de publicaciones.

La mayoría eran miembros del Instituto de la Cultura Artística Khudozhestvennoi Kulturi (INKHUK), cuyo jefe fue Wassily Kandinsky. Allí un grupo que incluía a los hermanos Naum y Antoine Pevsner, prefirió adherirse al arte puro y abstracto, mientras otro grupo, entre los que se encontraban Tatlin, Rodchenko, su esposa Varvara Stepanova, Lyubov Popova, El Lissitzky y Alexei Gan optó por el trabajo utilitarista y propagandístico.

Pero es sobre todo en Vjutemás, Talleres de Enseñanza Superior del Arte y de la Técnica de Moscú, creados en 1920 por decreto del gobierno soviético, donde confluyen los protagonistas de la vanguardia rusa. En sus talleres se produce una vital praxis donde docentes y estudiantes ensayaban y aprendían en común, proponiendo originales formas pedagógicas, que todavía un siglo después se presentan como radicalmente innovadoras frente a los anquilosados métodos formativos que se practican en nuestros colegios y universidades.

VjutemásVjutemás cultivó maestros multi-especialistas. Pintores y escultores se trasladaban entre los distintos talleres y solían realizar proyectos relacionados con la arquitectura. Ródchenko iba desde el de pintura al de metalurgia; Gustav Klutsis, quien enseñaba sobre teoría de color, también se trasladó desde el de pintura y la obra escultórica al de stands de exposiciones y quioscos. El Lissitzky, formado como arquitecto, trabajó en una amplia sección transversal de medios tales como gráfica, impresión y diseño de exposiciones.

La formación arquitectónica del Vjutemás se dividió en dos campos: el de la escuela neoclásica de Iván Zholtovsky, y el de los Talleres Unidos de la Izquierda u Obmas encabezada por Nikolái Ladovski. Luego se creó un tercer departamento independiente, llamado Arquitectura Experimental, encabezado por los constructivistas Konstantín Mélnikov e Ilyá Gólosov.

Ladovski, conocido por sus métodos de enseñanza renovadores, fue quien expuso la idea “el material básico de la arquitectura es el espacio”, concepto considerado liminar para la teoría arquitectónica moderna. Para que no quedaran dudas sobre el giro copernicano que significo esta concepción El Lissitzki escribió: “Las tatarabuelas creían que la tierra era el centro del universo y que el hombre era la medida de todas las cosas, el hombre está hecho a la medida de la nueva arquitectura, se ajusta en sus necesidades, disminuye a medida que disminuye su espacio y crece cuando este se amplia”.

mausoleo-leninLos docentes participaron junto a sus alumnos en los proyectos y en la realización de las obras. Entre las más destacadas se hallan las de Ilya Alexandrovich Golosov, autor del Club Obrero Zuev, las de Konstantin Melinkov, proyectista del Pabellón Soviético para la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industrias Modernas en París, del Club obrero Rusakov y el Centro obrero de la fábrica Kauchuk, y las de Alekséi Shchúsev, diseñador del edificio del Ministerio de Agricultura o Narkomzem y autor de la más visitada y universalmente conocida obra del constructivismo, el Mausoleo de Lenin en la Plaza Roja.

Lydia Komarova imaginó un cuartel general del Comintern revestido de vidrio, con estructura cilíndrica que prefiguró el trabajo high-tech de medio siglo después y Sokolov diseñó hoteles para el campo como vainas de vidrio, que se convirtieron en un prototipo para lo que llamo la corriente del des-urbanismo soviético.

El propio Le Corbusier, entusiasta admirador de la Vjutemás, proyectó en 1928 el Centrosoyuz de Moscú, sede de las Cooperativas Soviéticas, un gran edificio que aún sigue en pie, donde rompe con la tradición del bloque unitario, generando volúmenes diferenciados combinando hormigón, piedra y vidrio.

Vjutemás, algo más que la Bauhaus rusa

La Vjutemás tuvo en su intención, organización y alcance muchas similitudes con la Bauhaus alemana creada por Walter Gropius en 1919. Las dos escuelas fueron las primeras en formar a diseñadores-artistas para producir edificios y objetos con un carácter moderno, casi como lo conocemos hoy en día. Ambas escuelas fueron patrocinadas por el Estado y desarrolladas para fusionar la tradición artesanal con la tecnología y compartían también cursos de principios estéticos, teoría del color, diseño industrial y arquitectura.

Entre la Vjutemás y la Bauhaus hubo varios intercambios. Hannes Meyer, el segundo director de la escuela alemana, arquitecto marxista autor de El Arquitecto y la lucha de clases, fue quien más propició esta relación entre las dos escuelas. El Lissitzky visitó varias veces la Bauhaus, donde publicó el libro en alemán Rusia, una Arquitectura para la Revolución Mundial. Por su parte, Kazimir Malévich llego a la Bauhaus en 1927, donde expuso sus cuadros y publicó Die GegenstandsloseWelt (El mundo sin objetos), una recopilación de sus ensayos.

Aunque la Vjutemás fue una escuela más grande que la Bauhaus, tuvo mucha menos publicidad y reconocimiento mundial. Tenía 100 miembros en la planta docente y una matrícula de 2.500 estudiantes en su primer año, mientras que la de Weimar tenía 150 alumnos. Los miembros de Vjutemas por sobre sus diferencias, en contraste con los representantes de vanguardia de las metrópolis capitalistas, tenían algo en común, querían una formación artística no sólo para expresar estilos y tendencias, sino principalmente para transmitir colectivamente los conocimientos, los métodos y los medios necesarios para el establecimiento de una nuevo tipo de sociedad.

Las dos escuelas desarrollaron su actividad en la misma década, la Bauhaus entre 1919-1933 y la Vjutemás durante 1920-1930, aunque fueron cerradas casi al mismo tiempo -con argumentos diferentes- por los nuevos gobiernos que se instalaron en ambos países a partir de los años 30. El movimiento modernista que la Vjutemás había ayudado a generar fue reemplazado por el realismo socialista y el estilo Imperio de la arquitectura estaliniana. Junto con el fin de la Vjutemás también se desvanece la vanguardia rusa en el campo de las artes plásticas y la arquitectura.

En el arte, la vanguardia sobrevive auto-negándose, pues se concibe como producto de un tiempo y un lugar determinado que debe dar paso a otras nuevas formas. Si hoy es incuestionable la enorme influencia de los constructivistas rusos, no se puede soslayar como excepcional y propio de su esencia lo apasionada y sinceramente con que creyeron en el proyecto socialista, con un optimismo que contrastaba con el espíritu nihilista que invadía a otros intelectuales y artistas europeos producto del horror de la guerra y demás lacras del capitalismo.

La fascinación que ejercen sus actos y las obras que iluminaron la década de 1920 se debe, junto a su enorme audacia y creatividad, a la convicción con que abrazaron la promesa de otro comunismo, muy diferente por cierto de aquel que implotó en 1989.

Silvio Schachter

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