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“La política de medios la resuelven Clarín, La Nación y quizás Cristóbal López”

“La política de medios la resuelven Clarín, La Nación y quizás Cristóbal López”
julio 12
01:14 2017

Martín Becerra, docente e investigador del Conicet, especialista en políticas de comunicación analizó en “Con el pie izquierdo” (Radio Sur 88.3) la decisión de que el actual ministro de Comunicaciones, Oscar Aguad pase a Defensa y que la cartera a cargo de gestionar las telecomunicaciones se disuelva bajo la órbita de Modernización.

- ¿Cómo ves esta noticia sobre la posibilidad de desarticular el Ministerio de Comunicaciones y bajarle el rango a sus funciones?

– Ni muy muy, ni tan tan. Es un cambio de encuadre institucional dentro de un gobierno que tiene políticas nítidamente orientadas por los principales actores concentrados de la industria de las comunicaciones.

Que el encuadre institucional sea el Ministerio de Comunicaciones, de Modernización o de la nada misma en sustancia no altera el eje de la política de telecomunicaciones del gobierno.

Pensando sobre todo en el sector comunitario, algunos funcionarios de línea, no políticos, van a perder capacidad de intervención y especificidad, sobre todo en el sector audiovisual. Porque para el Ministerio de Comunicaciones y en general para la escasa comprensión que tiene este gobierno sobre estas cuestiones, las comunicaciones vienen a ser algo así como la conectividad y el transporte de contenido. Pero la producción de contenidos no es algo que a ellos les genere siquiera un mínimo interés. Básicamente porque para ellos eso es un tema de los grandes actores industriales. No es objeto de generación de política.

En ese sentido puede no ser una buena noticia. Pero de ninguna manera lo veo como algo tremendo porque ya de por sí la orientación de las políticas es muy clara. No tengo esperanzas de que esta política beneficie al interés público. No lo han hecho en un año y medio, cuando la creación del Ministerio de Comunicaciones prometía inversiones, competencia, defensa del interés público, libertad de expresión y son todas promesas que no se dieron con el Ministerio, con lo que no veo por qué habría que velar con un duelo muy sentido su eventual desarticulación.

- Es decir, ¿sería una medida más de ajuste que de viraje en la política comunicacional?

– Sí, yo lo veo así. Pero ni siquiera de ajuste, porque este es un gobierno que ajusta en otras variables, pero en lo que hace al gasto del Poder Ejecutivo en cuestiones de burocracia estatal no ha precisamente ajustado. Al revés, creó más ministerios. Para mí es una especie de maquillaje.

Insisto en que el trámite cotidiano para algunos sectores más sensibles, que no son los actores concentrados ni tienen poder de lobby, puede no ser una buena noticia. No porque hasta ahora con el Ministerio de Comunicaciones hayan tenido mucha llegada, pero por lo menos hay algunos funcionarios que comprenden la especificidad del tema. En Modernización no hay nadie que comprenda este tema.

Para graficarlo con un ejemplo, para Modernización el problema es “la nube” y si Facebook at Work funciona o no en la administración pública. Es un nivel de separación respecto de lo que consideramos nosotros tradicionalmente políticas de medios y comunicaciones más grande que el que existe ya hoy. Para ellos el tema medios lo resuelven Clarín, La Nación y eventualmente Cristóbal López. Los grandes actores industriales, nadie más.

- Oscar Aguad pasará al Ministerio de Defensa, ¿podés hacer un balance de su gestión en Comunicaciones?

– Cuando evalúo a los funcionarios, sea Oscar Aguad o los que estuvieron antes que él en la política de medios, trato siempre de no personalizar. Con Aguad eso me resulta fácil. Porque sería muy fácil y demagógico empezar a puntear todas las contradicciones conceptuales, la falta de comprensión elemental, la falta de preparación y competencia, etc.

Yo creo que lo más importante no es Oscar Aguad sino que política ejecutó. Y es una política que desguazó de manera muy detallada todos los artículos que habían sido objeto de litigio de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) y que la Corte Suprema de Justicia en 2013 había validado plenamente como constitucionales en un fallo de seis jueces contra uno. Esos artículos son los que el ministro y la Presidencia de Macri han desguazado. Y lo hizo con la promesa de enviar al Congreso un proyecto de ley porque nuestra Constitución dice que estos temas son de tratamiento en el Congreso (y no por decreto). Y no lo hicieron. No hubo ningún proyecto de Ley de Comunicaciones Convergentes que enviara el oficialismo.

Con lo cual, el resultado de esta gestión que terminaría con la desarticulación del Ministerio de Comunicaciones es una especie de cambalache regulatorio, contradictorio en sí mismo. Que autoriza medidas que los propios decretos de Macri prohíben. Por ejemplo, según esos decretos David Martínez, dueño de Telecom, no podría ser socio de Cablevisión. DirecTV no podría dar conectividad a internet, por ejemplo. Hay un montón de resoluciones, normas de jerarquía inferior que contradicen en este gobierno -no estoy hablando de normas previas- los decretos del propio Macri.

Ese es el resultado de esta gestión: promesas incumplidas, altísima venia para que se concentre aún más de lo que ya estaba, que no es poco, el mercado de las comunicaciones, con un beneficio muy contundente y particular para el Grupo Clarín, en detrimento del resto de los actores. Hablaban de competencia y tenemos un mercado hiperconcentrado a niveles que en ningún otro país de América Latina se ha llegado todavía.

Eso es el resultado de una política, más allá de las metidas de pata de Aguad que en estos temas es muy incompetente, como también, desde mi punto de vista, lo fueron otros predecesores suyos de otros gobiernos. Lo que importa no son las personas sino las políticas.

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