Batalla de Ideas

6 agosto, 2017

PASO: la distancia entre Bullrich y CFK marcará el camino de cara a octubre

Por Federico Dalponte. Falta una semana para las primarias y el gobierno ya piensa en las generales. Este domingo se definirá apenas el punto de partida. Unidad Ciudadana está cerca del triunfo y el oficialismo imagina revertir el resultado al igual que en 2015.

Por Federico Dalponte. Falta una semana para las primarias y Cambiemos celebra el ensayo. Es esperable que a nivel nacional sus guarismos se parezcan a los de octubre de 2015, en torno al 35%. Aunque sabe que todo se define en territorio bonaerense.

Por eso esta suerte de elección en cuotas le sienta bien. Si la diferencia entre Cristina Kirchner y Esteban Bullrich se reduce a unos pocos puntos, apelarán al sentimiento antikirchnerista para atraer a nuevos electores.

La estrategia de robarle votantes al massismo mostró sus límites hace dos años. En aquel entonces, entre las primarias de agosto y las generales de octubre, Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa crecieron en cantidad de votos. No todos por igual, pero sí todos. No hubo fuga desde el Frente Renovador hacia Cambiemos.

La diferencia fue que en esos dos meses el macrismo creció más que ninguno y acortó así la distancia con el Frente para la Victoria. La explicación: se sumaron tres millones de votantes que no habían sufragado en las primarias y que en su mayoría eligieron a Cambiemos. Por cada nuevo elector conseguido por Daniel Scioli, fueron cuatro los cosechados por Mauricio Macri.

En provincia de Buenos Aires la experiencia muestra algo similar. De primarias a generales, creció un 12% la cantidad de votos positivos. María Eugenia Vidal sumó más de un millón de nuevos votantes, aunque no provenientes del massismo, que creció en algo más de 150 mil electores. El kirchnerismo, mientras tanto, perdió 73 mil votos en dos meses.

Ese 12% es la madre de todas las razones. Vidal y Macri ganaron, en parte, gracias a aquellos que se habían quedado en sus casas en agosto. No hubo, de hecho, desplazamiento desde el massismo hacia Cambiemos en octubre.

Y eso explica en buena medida las altas chances que todavía tiene el oficialismo de cara a las elecciones generales. Está claro que las primarias son importantes, pero no por su carácter decisivo, sino porque le sirven al gobierno para reordenar su estrategia de campaña. El discurso antikirchnerista será el gran protagonista de los próximos dos meses.

Y ello sin importar el orden de prelación. Termine primera Fernández o primero Bullrich, la diferencia no será suficiente como para dar por cerrado el debate. En todo caso, valdrá prestar atención al porcentaje final de participación: si queda más cerca del 75% que del 80%, podría especularse con grandes variaciones de cara a las generales.

Por lo demás, si se hace difícil pensar en la volatilidad del voto massista –en principio más cercano al gobierno que al kirchnerismo–, lo mismo sucederá con la cosecha de Florencio Randazzo, el cuarto actor importante en escena.

Si existiera un empate técnico entre Cambiemos y Unidad Ciudadana, ¿se inclinarán los votantes randazzistas en favor de Cristina Kirchner en octubre? Imposible saberlo hoy, pero ese 6% que acapara el ex ministro tal vez sea menos fiel que el electorado massista.

El piso de Unidad Ciudadana

Hay más datos llamativos de aquel 2015. En provincia de Buenos Aires, el electorado cortó boleta en octubre para beneficiar a Vidal e impedir que Aníbal Fernández llegara a la gobernación. Hubo medio millón de personas que usaron la tijera: sí a Vidal, pero no a Macri.

Eso explica que Daniel Scioli haya ganado en su distrito en los tres tramos: primarias, generales y ballotage. La gran duda, claro, es el origen de ese electorado. Porque suponiendo que su composición no hubiera cambiado en estos dos años, Cristina Kirchner no podría sacar nunca menos de un 37% de los votos.

Un número, en definitiva, bastante parecido a lo que reflejan hoy varias encuestas. Aunque con una salvedad: todavía queda un número de indecisos significativo. Y eso puede implicar cualquier cosa: que dada una cantidad determinada de concurrencia, el guarismo del kirchnerismo se reduzca, o bien que esos votos se proyecten en más.

Los cálculos son difíciles. En 2015, una semana antes de las elecciones generales, varias encuestas hablaban de una distancia mayor a diez puntos entre el primero y el segundo. Finalmente fueron apenas tres.

Ganarle a nadie

De lo que queda, lo importante es la imagen nacional. Si Bullrich gana la primaria bonaerense, el gobierno celebrará durante días. Y si pierde, hará foco en el resultado a nivel país.

Curiosidades de la Argentina: el único frente con presencia nacional dirá que ganó aunque no compite contra nadie. Las viejas batallas de la UCR contra el PJ permitían lecturas nacionales en las elecciones de medio término. Pero eso se diluyó en 2003 y hoy gana siempre el que controla la Casa Rosada, el único con capacidad de unificar estrategia a lo largo y ancho del país.

Lo cierto, sin embargo, es que las primarias definirán apenas el punto de partida en el largo camino hacia las generales. Allí, en octubre, paradójicamente todas las miradas apuntarán a Jorge Taiana, el segundo candidato a senador de Unidad Ciudadana. Si él se asegura un lugar en el Congreso, significará que el mapa político cambió por completo.

@fdalponte

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