Batalla de Ideas

14 agosto, 2017

Cambiemos afianza su armado nacional y sorprende en distritos claves

Por Federico Dalponte. Lejos de todas las previsiones, el oficialismo no sólo ratificó su lugar como primera fuerza, sino que extendió su fortaleza en provincias donde no hacía pie. Si repite en octubre, seguirá sin quórum en el Congreso, pero capitalizará sin dudas el espaldarazo político.

Por Federico Dalponte. Lejos de todas las previsiones, el oficialismo no sólo ratificó su lugar como primera fuerza, sino que extendió su fortaleza en provincias donde no hacía pie. Si repite en octubre, seguirá sin quórum en el Congreso, pero capitalizará sin dudas el espaldarazo político.

En el búnker oficialista primó el festejo y la lectura nacional. Los cuarenta puntos obtenidos ratifican la fortaleza política del gobierno, logrando incluso expandir su base electoral primaria.

La tranquilidad de ser el único frente político con estrategia unificada hacía previsible su discurso triunfalista: Cambiemos cosechó más votos que ningún otro. Así lo celebró el macrismo en Costa Salguero.

Pero mediaron también las lecturas secundarias, los análisis locales, de importancia medular. En una sola jornada, el gobierno frustró a varios aspirantes potenciales a la presidencia en 2019 y recibió un apoyo impensable hace una semana atrás.

Sin dudas, el empate técnico en provincia de Buenos Aires ocupa un espacio central en cualquier análisis. Pero ese sabor a poco que dejó la distancia ínfima entre ambos contendientes no facilita las lecturas concluyentes.

Por lo pronto, el oficialismo se aferra a lo seguro, a lo palpable. Su base electoral se extendió y el presidente ya puede dar muestras de mayor seguridad. Como si fuera poco, logró barrer con algunos adversarios potenciales. La resonante derrota de Juan Schiaretti en Córdoba, por ejemplo, lo despoja de sus pretensiones de liderazgo en el corto plazo.

A ello debe sumarse, aunque con menor peso estadístico, el posible pase a retiro de los hermanos Rodríguez Saá. Hace tiempo que San Luis avanza hacia una renovación dirigencial, pero hasta este domingo no podía asegurarse allí la influencia del macrismo. Ahora sí.

Lo mismo que en Santa Fe. Los radicales rompieron con los socialistas y demolieron así las posibilidades de subsistencia del Frente Progresista gobernante. Los herederos políticos de Hermes Binner quedaron más cerca que nunca de perder la gobernación dentro de dos años.

Las amenazas para el gobierno se disipan. Los ex líderes kirchneristas que lograron hacerse fuertes en sus provincias no parecen por ahora capaces de encarnar una alternativa seria. Tanto José Luis Gioja en San Juan, como Gildo Insfrán en Formosa o Gerardo Zamora en Santiago del Estero, aunque victoriosos, no inquietan fronteras afuera. Mientras que Juan Manuel Urtubey, de espalda y visibilidad creciente, todavía no decide con qué camiseta salir a jugar.

Similar análisis merecen los resultados de aquellos otros distritos, lejos de la zona metropolitana, donde hoy gobierna Cambiemos. Casi como si debiera aceptarse que, de alguna forma, perceptible o no, éstos gestionan bien a los ojos de la mayoría. En Jujuy, Corrientes y Mendoza los triunfos del oficialismo no dejaron lugar a dudas.

Octubre podría ser apenas un trámite. El porcentaje de participación fue similar al de las primarias de 2015: en torno al 75%. En aquella oportunidad la diferencia en favor de Mauricio Macri la dieron los nuevos votantes que se incorporaron en las elecciones generales.

En total, casi un 5% del padrón nacional concurrió en octubre para votar, en su mayoría, a la oferta de Cambiemos. Dicho de otra manera: según el modelo 2015, a mayor participación, más votos para Cambiemos. A menos que suceda una catástrofe, al gobierno sólo le queda crecer; difícil que pierda algo de lo ya ganado.

Por lo demás, apenas una consideración final. A la par de la inapelable imagen de triunfo, resulta llamativo que Cambiemos haya quedado tan cerca de los guarismos conseguidos por otros oficialismos, en otros tiempos, en su primer desafío electoral. Cerca del 42% del alfonsinismo en 1985, del 40% del menemismo en 1991 y del 42% del kirchnerismo en 2005.

Cerca, bastante cerca; lo que invita a concluir que el macrismo es un oficialismo de fortaleza asimilable a los últimos procesos políticos exitosos.

Y ello obliga a ciertos replanteos. A diferencia del alfonsinismo y el menemismo, tal vez su mayor fortaleza no provenga de su capacidad política –que la tiene–, sino de la oportuna desarticulación opositora. Algo difícil de imaginar con un peronismo con estructura y mayoría parlamentaria. No alcanza con decir que el 60% de los argentinos le dio la espalda al gobierno en esta elección.

La gran victoria nacional de Cambiemos, en definitiva, se refleja también en la inexistencia de una alternativa política visible, real y organizada. Si todo depende de lo que haga Cristina Kirchner en octubre, la oposición se habrá llevado de este domingo más preocupaciones que el propio gobierno. El oficialismo logró lo que pretendía: enterrar el resultado bonaerense en un segundo plano y encarar las elecciones generales con ánimo optimista.

@fdalponte

Foto: Maximiliano Failla

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