Notas

El gobierno agita el mapa sindical y pone un ojo en futuras reformas

El gobierno agita el mapa sindical y pone un ojo en futuras reformas
agosto 24
18:00 2017

Por Federico Dalponte. Lo más frecuente es desoír. Todo gobierno le teme a la debilidad en la Argentina. Por eso ven un paro por televisión y luego lo menosprecian -aunque tomen nota por lo bajo-.

Lejos de eso, muy PRO, el presidente eligió esta semana otro camino. Ni la condescendencia ni la apatía, sino el rencor. Cambiemos reaccionó castigando a los quejosos, enrostrándoles sin vueltas la lección más dura: protestar no es gratis para nadie.

El desplazamiento de dos funcionarios ligados a la cúpula de la Confederación General del Trabajo (CGT) causó sorpresa en el mundo político. Básicamente porque nadie esperaba que se animaran a tanto. Pero ahora, con la espuma baja, vale pararse también en la otra esquina y pensar qué clase de sindicalismo es ese.

El apoyo decidido y militante se limita a las 62 Organizaciones, pata peronista de nombre histórico y presente infausto. Sin peso gravitante, los deudos de Gerónimo Venegas por ahora se contentan con la foto y alguna caricia tangencial.

Pero existe otro coqueteo, un tanto más vedado. El gobierno logró desde un inicio conquistar la simpatía de algunos líderes sindicales con trayectoria: Andrés Rodríguez, José Luis Lingeri, Luis Barrionuevo. Y la complicidad silenciosa de otros, de capacidad decisoria, con quienes negoció hasta ahora las reformas del impuesto a las ganancias y del sistema de riesgos de trabajo.

Esa cercanía estaba materializada en Ezequiel Sabor y Luis Cerviño, los dos funcionarios eyectados. Fue casi la ruptura de una alianza tácita de gobierno. Lo que sirve también para reconocer ciertos pecados: ni al presidente le molestaba tanto la burocracia sindical como hasta esta semana, ni aquellos dirigentes gremiales se sentían tan lejos de la gestión de Cambiemos.

El macrismo y las mafias

Esta semana volvió a sonar fuerte el nombre de Antonio Mucci. El ex ministro de Trabajo de Raúl Alfonsín dejó como legado un afamado proyecto de democratización sindical.

Sepultado para siempre en el Senado, la idea era polémica pero tenía un sustento poderoso: el rol de una parte del sindicalismo peronista durante la última dictadura hacía deseable cierta renovación.

El sesgo era claramente intervencionista, sin dudas. Pero mantenía una correspondencia entre el discurso de campaña del candidato radical y su propuesta de ley: el recordado pacto militar-sindical.

En contraste, la idea de que el macrismo pretende pelear contra el poder concentrado de la burocracia sindical resulta inverosímil y risible. El jueves 6 de abril, mientras comenzaba el último paro general, el ministerio conducido por Jorge Triaca publicaba sus recomendaciones para asegurar el “pluralismo” en las elecciones internas de los sindicatos. En tanto que la bancada radical en Diputados, al mismo tiempo, impulsaba el tratamiento de una ley de “democratización”, en una suerte de reivindicación póstuma de Mucci.

Todo orquestado en sintonía con el sermón presidencial de aquella semana: “Voy a dar la batalla contra las mafias que están en los sindicatos”. Hacia el interior, sin embargo, lo que se observa es un sistema de premios y castigos. Los fieles reciben en Casa Rosada lo negado a los quejosos.

Cambio de estrategia

La ley Mucci murió en 1984. Al entierro asistieron Raúl Alfonsín y Saúl Ubaldini. El primero afrontó trece paros generales y en 1988 promulgó la ley que sostiene el cuestionado modelo sindical actual. El segundo falleció hace más de una década, pero su hijo, como el de Alfonsín, es hoy dirigente de Cambiemos.

El oficialismo sabe elegir sus peleas, sobre todo cuando está en campaña. Podría capitalizar bien, con aplauso de sus votantes incluido, una eventual  disputa contra los principales exponentes sindicales.

No se decide. Los gobiernos no peronistas jamás supieron lidiar con las organizaciones peronistas. La estrategia original del macrismo pareció ser la seducción a base de cargos, caja y tolerancia. Eso explica en parte la tibieza cegetista y la rebelión de las bases, tal vez los primeros que se beneficiarían de una renovación dirigencial forzada por ley.

Pero lo obvio: la injerencia estatal es un precio muy alto y nadie está dispuesto a tolerarlo. La media decena de sindicatos intervenidos en la era Macri no son un buen presagio.

Difícil imaginar qué piensa hacer este gobierno. Aunque sin dudas se avecina un cambio de estrategia. Una nueva ley sindical parece mucho. Contentarse con echar a dos funcionarios de segunda línea parece poco. En el medio todo es contexto: no hay que olvidar que la reforma laboral en ciernes requiere de un movimiento obrero domesticado.

@fdalponte

Foto: Juano Tesone / Clarín

Notas relacionadas

0 comentarios

No hay comentarios aún

No hay comentarios por el momento, querés agregar uno?

Escribe un comentario

Escribe un comentario

Tu mail no será publicado. Los campos obligatorios están marcados *

Análisis

  • Ccs¿Contra quién pelea la revolución venezolana?

    Por Marco Teruggi, desde Caracas. Trump insiste en las amenazas bélicas y en promover el aislamiento de Venezuela mientras el adversario político nacional del chavismo está en quiebra. La revolución enfrenta desafíos -principalmente económicos y vinculados a la corrupción- que debe superar mientras pelea contra el ataque imperialista.

  • cgt-triunvirato-paro-confeLa dirigencia gremial llama al voto opositor

    Por Federico Dalponte. Sin mayores coincidencias sobre cómo afrontar la reforma laboral, los principales dirigentes respaldan a distintos candidatos de la oposición. Coinciden, eso sí, en que un mayor peso de Cambiemos en el Congreso debilitaría sus posiciones para negociar.

  • Cristina-NovaresioCFK: a la caza del voto opositor con nueva estrategia

    Por Federico Dalponte. Como si se hubiera convencido de que no alcanza con el resultado de agosto, la ex presidenta definió algo más que los ejes de su campaña. Ensayó un modo más robusto para pararse frente al macrismo. El autoritarismo, las formas, el tono y un poco de autocrítica.

  • SMaldonado1Reclamar por el desaparecido: un acto de definición política

    Por Federico Dalponte. La calle se tuvo que llenar dos veces para que su nombre llegara a los grandes medios. La muy demorada respuesta del gobierno huele a sobreactuación. La desaparición de Santiago Maldonado es, sin lugar a dudas, el tema prioritario de la agenda pública.

  • acuña-larretaEscuela Secundaria del Futuro: 10 implicancias de la reforma educativa de la Ciudad

    Por Leticia Garziglia. La semana pasada publicamos una nota explicando los puntos principales de la reforma que pretende aplicar el Gobierno de la Ciudad en las escuelas secundarias. Ahora nos adentramos un poco más y analizamos sus posibles implicancias.

  • lanata-huala¿De quién es la tierra?

    Por Florencia Trentini. Este fue el hashtag del programa de Lanata el último domingo, y bajo ese paraguas enmarcó dos notas. Por un lado una entrevista a Facundo Jones Huala desde la cárcel, y por otro, un informe sobre “comunidades e indígenas truchos” a lo largo y ancho de nuestro país.