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Alias JJ y la teoría de los tres demonios

Alias JJ y la teoría de los tres demonios
agosto 31
19:10 2017

Basada en el libro Sobreviviendo a Escobar de Jhon Jairo Velázquez (alias Popeye, alias JJ), uno de los sicarios de Pablo Escobar, la novela producida por Caracol Televisión y Netflix, aborda el mundo del narco colombiano en la era “post patrón”. Transcurre principalmente en la Cárcel Capital y aborda, además de las fechorías de JJ, los vínculos y tensiones entre narcos, paramilitares y la guerrilla.

Desde principios de agosto se encuentra en Netflix una polémica serie inspirada en el libro que el propio protagonista del relato escribió. Eso ya debería ser un indicador de la mirada que se propone. En la cárcel, tres patios: uno por cada uno de los demonios. Narcos, paramilitares y guerrilla, todos sanguinarios y ambiciosos por igual. Los primeros median entre los otros dos y gobiernan, con la complicidad de los guardias, todo lo que ocurre tras las rejas y mantienen el terror en la población.

Una cosa queda clara: la muerte de Escobar no terminó con la violencia en Colombia. Ni con el tráfico de drogas. Alias JJ y sus competidores del cartel del Valle del Cauca pelean por ser sucesores del narcotraficante más famoso del mundo. Desde la cárcel.

El ritmo de la novela es más parecido al de El Patrón del Mal que al de Narcos, aunque la inclusión de Netflix en la producción sin duda le da un toque más dinámico. Pero los elementos del género están sin duda presentes: mejor desarrollo de personajes secundarios, las mujeres con un protagonismo interesantes.

Alias JJ intenta matizar su relato de “qué pillos son los narcos” con la mirada de una periodista, hija de un juez “sin rostro” asesinado durante la época de Escobar, que al principio aparece como una narradora externa y luego va cobrando protagonismo en su búsqueda de justicia. A ello se suma el rol de los abogados y abogadas que, con acceso privilegiado a los capos de la cárcel, juegan un importante papel en el rearmado de las estructuras criminales mientras intentan evitar a toda costa el cuco más temido: la extradición.

La agencia norteamericana antinarcóticos (DEA) y la fiscalía y fuerzas de seguridad colombianas son los buenos pero torpes y sólo por excepción corrompidos actores que completan la historia.

El sanguinario Popeye se mueve entre negocios y acuerdos con la fiscalía con un único fin: sobrevivir y evitar la extradición lo máximo que se pueda. No tiene problemas en colaborar con la Justicia si eso reduce su condena, pero tampoco en generar una red de producción y tráfico de estupefacientes desde la misma Cárcel Capital, más parecida a la de El Marginal que a la de Orange is the new black. Es decir, más latinoamericana y realista.

Juan Pablo Urrego hace un respetable papel de John Jairo, calculador, meticuloso y manipulador. El resto del elenco lo acompaña con dignidad. La producción es buena, aunque la música situacional -bien novelesca- llega a agotar. Si gustan las historias de narcos, los 60 capítulos de 45 minutos cada uno son una buena opción, aunque como siempre, la advertencia ideológica no está de más. Todos transan con todos, menos las instituciones democráticas que quizás tienen elementos malignos pero sus intenciones son buenas.

En la vida real Popeye cometió al menos 300 asesinatos y participó indirectamente en 3 mil más. Luego de 23 años tras las rejas, salió en libertad en 2014 y se sumergió en la construcción de su propio personaje. Abrió una cuenta de Twitter que tiene más de 30 mil seguidores y un canal de Youtube que tiene más de 450 mil suscriptores. Desde allí se dedica a propagandizarse, contar sus “hazañas” y atacar a las izquierdas. Pero, sobre todo, a seguir construyendo el mito de Pablo Escobar.

Si la tercera temporada de Narcos -que se estrena este 1 de septiembre- no dura más que un fin de semana, saciar las ansias de sangre y crimen con esta otra novela.

Julia de Titto – @julitadt

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