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Pueblo y democracia: ¿por qué marchar por Santiago Maldonado?

Pueblo y democracia: ¿por qué marchar por Santiago Maldonado?
agosto 31
23:15 2017

Por Juan Manuel Erazo. Este viernes millones de argentinos y argentinas saben que se van a movilizar por la aparición con vida de Santiago Maldonado. Ya lo anunciaron en redes sociales, ya le comentaron a alguna amiga, al vecino, a un familiar. Ya se encargaron de invitar a más personas, de replicar la movilización, de garantizar su efectividad. La cita es por Santiago, para que mañana no seas vos. La cita es con el pueblo en la calle, para defender la democracia. Se sabe que sin Santiago, no hay nosotros, no hay nosotras.

Es que hace un mes se lastimó crudamente a la democracia, y para un pueblo que ha sufrido la larga noche de la dictadura, defender la democracia es como defender el derecho a vivir. No es cualquier contexto, lo sabemos. Las derechas han avanzado en el continente; los fascismos se refuerzan en grandes potencias internacionales; imperan las bajadas de línea xenófobas, revanchistas, machistas; en fin, el odio. La única distribución es la de la pobreza, y ya no se aguanta.

También sabemos que a la derecha le está yendo bien. No hacen pie en la economía, cometen miles de torpezas, pero les sigue yendo bien, aunque sea en las urnas. Entonces avanzan, y saben que si logran hacer de Argentina un “modelo ejemplar”, el logro va a ser muy grande, a escala continental. Disciplinamiento le dicen. Con la racha de las urnas, con el control de la agenda mediática, fueron llevando al movimiento popular al terreno de la disputa cuerpo a cuerpo. La situación del campo popular es defensiva, sí, pero viene resistiendo el asedio con mucha altura.

La verdad es que en Argentina la democracia se llama pueblo. Nunca estará ligada a la derecha, por más que gane en las urnas. Porque la democracia es equivalente de derechos humanos, de poder decidir y, más que nada, democracia en Argentina es Nunca Más. La desaparición forzada de una persona por militar es un puñal en la espalda.

Es por eso que el Gobierno arremete con un discurso casi desesperado y muy cercano a la lógica implementada por la última dictadura militar: “Los mapuches son chilenos”, es decir, no son argentinos y no merecen derechos. “Son grupos terroristas”, por eso se los debe combatir con fuerzas para el cuidado de las fronteras. “A Santiago lo mataron los mapuches”, similar al “los piqueteros se mataron entre ellos” expuesto por Aníbal Fernández inmediatamente después de la Masacre de Avellaneda en junio del 2002. El rol jugado por la ministra Patricia Bullrich es siniestro, ya que es la principal vocera de esta maraña de falsedades y conjeturas mal intencionadas.

La operación del gobierno debe ser casi quirúrgica, separar la lucha popular de las conquistas democráticas. Y les cuesta, mucho. Las muchas represiones realizadas, la intervención a los sindicatos, la irrupción violenta en establecimientos educativos, el ataque a organismos de derechos humanos, la detención inexplicable e insostenible de Milagro Sala. Todo le ha generado al Gobierno una reacción negativa, algunas más pequeñas, otras más significativas, pero siempre negativas. Aun así lo siguen intentando, no van a dejar de ofender la democracia, porque no van a dejar de ofender nuestros derechos conquistados.

Han cruzado una raya, han desaparecido a una persona por su militancia, por estar defendiendo un derecho. Y eso no los detiene. Este jueves, por orden del fiscal Gustavo Dalma, la policía de la provincia de Córdoba llevó a cabo 15 allanamientos en locales de diferentes organizaciones sociales y partidos políticos de la ciudad capital. Al menos cuatro personas fueron detenidas. El operativo está fuertemente vinculado a la movilización que se realizó el pasado lunes convocada por la Coordinadora de Familiares de víctimas del Gatillo Fácil.

El mismo sentido tiene la circulación, a través de las redes sociales, de un número telefónico al cual llamar para denunciar a los docentes que hablen en sus clases de la desaparición de Santiago Maldonado. Es una práctica (y no hay exageraciones) de la última dictadura militar. Es que ese es el manual más cercano, o al que se recurre en casos de no saber qué hacer cuando el marketing mediático ya no funciona y las mentiras quedan al desnudo.

Los que valoran la democracia, porque valoran la vida, porque valoran sus derechos, saben que la cita de este viernes es importante. Porque la incomodidad ahora está en el terreno ajeno, porque son ellos los que tienen que dar explicaciones y muchas, porque con la democracia y la vida no se jode. La reacción ante la desaparición de Santiago demuestra que la sensibilidad está a flor de piel. Y los que durante mucho tiempo buscaron a Luciano Arruga, esos negritos villeros que desaparecen y nadie busca, saben que hay que pedir por Santiago. Y las que siguen buscando a Julio López, o piden el esclarecimiento del crimen de Silvia Suppo, saben que marchar por Santiago es machar por Memoria, Verdad y Justicia.

La democracia argentina no se armó a finales de siglo XIX, esa que impuso el Estado sobre la sangre de indios y gauchos. La democracia argentina no la exportamos de la constitución norteamericana, ni la cedieron los militares. La democracia argentina se construyó en las calles, la conquistó el pueblo con sus derechos, se arrebató de las manos de unos pocos, se ganó copando plazas, tal como se copará este viernes. Democracia y pueblo, un solo espíritu, un solo corazón. Pobre del que no lo entienda.

@JuanchiVasco

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