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¿Por qué Cambiemos no quiere el reclamo por Santiago Maldonado en las escuelas?

¿Por qué Cambiemos no quiere el reclamo por Santiago Maldonado en las escuelas?
septiembre 01
01:16 2017

Por María Paula García*. En el marco del 30 de agosto, Día Internacional del Detenido Desaparecido, la Confederación de Trabajadores de la Educacion (CTERA) lanzó una campaña nacional para que en todas las escuelas del país los y las docentes trabajen sobre la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Las Secretarías de Derechos Humanos de CTERA, UTE y SUTEBA elaboraron una propuesta didáctica que consta de tres cuadernillos para nivel Inicial, Primario y Secundario, denominados “Escuelas por la Vida”, con actividades aúlicas para realizar producciones finales como afiches, murales, noticias periodísticas o volantes. La campaña comenzó teniendo una gran recepción en las escuelas.

No es la primera vez que CTERA propone un debate en las aulas sobre temas que atraviesan la sociedad. Se ha hecho con el asesinato de Carlos Fuentealba, con el NiUnaMenos, y se hace cada 24 de marzo. Sin embargo la iniciativa generó una fuerte reacción de diversos funcionarios del gobierno nacional quienes, rápidamente, comenzaron a acusar a la central en general y a la docencia en particular de “politizar” las clases e intentar adoctrinar al alumnado.

La reacción se trasladó a las redes sociales con el hashtag #ConMisHijosNo para que la gente sume su rechazo a la divulgación de los cuadernillos. También circuló una carta modelo, de origen desconocido, destinada a las familias y con el siguiente contenido: “Prohíbo terminantemente que mi hijo presencia una clase sobre Santiago Maldonado y exijo que se me avise previamente el día que se haga militancia política para retirarlo del establecimiento”. Y como si no fuera suficiente, se comenzó a compartir en las redes el número de la línea telefónica que siendo ministro de Educación porteño Esteban Bullrich habilitó en el 2014 para denunciar casos de “intromisión política” en las escuelas.

“Usan un tema delicado para hacer política en las escuelas”, afirmó el ministro de Educación de la Nación, Alejandro Finocchiaro. Por su parte, su par porteña Soledad Acuña señaló que los cuadernillos “supuestamente pedagógicos” fueron distribuidos por “una confederación de sindicatos que está en pleno proceso eleccionario y en ese contexto toman este tipo de medidas sobrepolitizadas, extremas e irracionales”.

Tampoco permaneció callado el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, quien declaró en su cuenta personal de twitter “Entiendo a los padres que dicen #ConMisHijosNo. Llevar el caso de Santiago Maldonado a las aulas es muy bajo, doloroso y peligroso”.  Y el ataque más duro vino del diputado nacional Eduardo Amadeo, que calificó a los docentes de “monstruos” y llamó “práctica fascista” a la distribución de la guía didáctica.

La batalla en las escuelas

¿Por qué reacciones tan adversas y virulentas contra el abordaje de la desaparición de un joven que fue visto por última vez durante una represión de la Gendarmería en una comunidad mapuche? Las respuestas son muchas.

“Esa campaña tiene el mismo tono y mecánica que la que lanzaron cuando los docentes reclamamos por mejoras salariales. Fue pensada desde el Gobierno y fomentada por las corporaciones, que están furiosas porque en las aulas proponemos una versión de los hechos diferente que Santiago está perdido, que es lo que quieren instalar”, advirtió Roberto Baradel, titular de SUTEBA. En tanto que el secretario de prensa de CTERA, Alejandro Demichelis, cuestionó a los funcionarios, remarcando que “es alarmante que le teman al debate en las aulas. El mismo énfasis que ponen en difamar la campaña de CTERA deberían haberlo puesto rechazar la presencia de Gendarmería en la escuela de Moreno o en buscar a Santiago”.

Está claro que para el gobierno nacional la posibilidad de que se difunda masivamente la desaparición forzada de Santiago Maldonado y que quede en evidencia su responsabilidad y encubrimiento es un verdadero problema. Buscan de todas formas que no se debata con los chicos y chicas y mucho menos se extienda a sus familias: deben enterarse sobre Santiago Maldonado por lo que informan las grandes corporaciones y medios hegemónicos, es decir la versión de la situación que quiere instalar el Gobierno.

Para Cambiemos no hubo “bajada de línea” o “adoctrinamiento” cuando Mauricio Macri les hizo cantar “¡Sí se puede!” a niños y niñas que se disponían a prometer lealtad a la bandera nacional; mucho menos cuando Esteban Bullrich como candidato a senador recorrió una escuela junto al intendente  de Berisso y realizó un acto político que está prohibido por una resolución firmada por él mismo cuando era ministro de Educación.

Podríamos extendernos largamente en el debate sobre el carácter político de la educación y la no neutralidad de las currículas en todos los niveles. Este es otro elemento que el gobierno no desconoce y está en el centro de la pelea: la disputa por el carácter y los fines de la educación y la pelea contra los sindicatos docentes.

Este año el centro del conflicto ha sido el incumplimiento de la Paritaria Docente nacional, pero la cosa va más allá. Cambiemos está preparando reformas educativas que apuntan a modificar elementos estructurales del sistema educativo argentino para adecuarlo al modelo productivo que vienen implementando poco a poco. En ese sentido van el Plan Maestro, la Escuela Secundaria del Futuro, el Instituto Evaluador, las pruebas estandarizadas y la Escuela 2030, entre otras. Todas destinadas a poner la educación al servicio del mercado, a profundizar las tendencias privatizadoras, introducir lógicas empresariales y quitarle peso a los sindicatos en la formulación de políticas educativas.

La docencia organizada sindicalmente es el blanco de ataque del gobierno porque es el principal obstáculo para avanzar. Cambiemos quiere sindicatos que, en el mejor de los casos, discutan salario. Ni política ni financiamiento ni el avance de la precarización docente. Muy por el contrario, la docencia argentina con su larga historia de luchas y conquistas, se pone de pie para afirmarse como trabajadores y trabajadoras de la educación, como artífices de proyectos políticos pedagógicos y no meros ejecutores de programas y proyectos construidos por gerencias operativas, ONGs y organismos internacionales.

Plantarse como trabajadores y trabajadoras de la educación es un compromiso por la defensa de la escuela pública. Una escuela pública que resiste la erosión del derecho a la educación, que cuestiona la supuesta neutralidad de las políticas educativas y que se hace cargo de la responsabilidad ineludible en la formación de ciudadanas y ciudadanos críticos, respetuosos de los derechos humanos y defensores de una democracia que tanto costó como pueblo.

En las antípodas de la cultura del emprededorismo, la meritocracia y el buchoneo, la docencia promueve una pedagogía de la identidad nacional, el esfuerzo colectivo, la memoria, la verdad y la justicia. Y ello les resulta insoportable. “Educar en derechos humanos no es adoctrinar y no es partidario” se pudo ver en algunos carteles levantados por docentes. A pesar de las descalificaciones, en las escuelas de todo el país la comunidad educativa sigue preguntando y escribe en los pizarrones: ¿dónde está Santiago Maldonado?

@MariaPaula_71

*Delegada de UTE – CTERA

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